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La amenaza del yihadismo de segunda generación

05 / 03 / 2010 0:00 MIGUEL AMORES [email protected]
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Fuerzas de seguridad y expertos reclaman que se adopte una estrategia integral en muchos campos, y no sólo en el policial, para evitar que las segundas generaciones de inmigrantes musulmanes se radicalicen.

29/01/10

España es el país europeo donde con más saña ha golpeado el terrorismo yihadista, en el que ha dejado más víctimas. Desde que en 1985 un atentado contra un restaurante madrileño frecuentado por norteamericanos dejara un saldo de 18 muertos, más de dos centenares de personas han sido asesinadas víctimas del terrorismo yihadista, ya fuera dentro del territorio nacional, como fue el caso del 11-M, o en el extranjero, como ocurrió en el ataque contra la Casa de España en Casablanca (2003). Sin embargo, ninguno de los autores materiales de estos ataques era español; la gran mayoría de los detenidos por integrar redes yihadistas son magrebíes. Y es que en España, al contrario que en otros países de Europa, aún no ha habido que pasar el mal trago de que sea uno de los propios nacionales, un ciudadano español, el que perpetre una matanza indiscriminada de compatriotas movido por el fanatismo yihadista.

Se trata, sin embargo, de una situación que sí ha ocurrido en otros lugares del continente. Concretamente en tres: Francia, Holanda y Reino Unido. En Francia, un joven francés de origen magrebí fue reclutado por el GIA argelino y participó en 1995 en la comisión de varios atentados en París que dejaron un saldo de diez muertos. En Holanda, un joven neerlandés de padres marroquíes asesinó a puñaladas en 2004 al cineasta Theo van Gogh, pues consideraba que éste ofendía al islam con sus películas. Y en el Reino Unido, cuatro jóvenes británicos, tres de ascendencia paquistaní y otro de raíces jamaicanas, cometieron el primer atentado suicida en suelo europeo al inmolarse en 2005 en Londres, matando a 56 personas. Estas cifras de muertos, además, podrían haberse incrementado si otros yihadistas europeos de ascendencia extranjera hubieran tenido éxito en sus ataques (ver cuadro en la página siguiente).

¿Es posible que estas situaciones se den en España? La respuesta a esta pregunta, de momento, parece negativa. Sin embargo, que lo siga siendo dependerá en gran medida de lo que se haga en España durante los próximos años. Para evitar que ocurra aquí lo que está pasando en buena parte de Europa occidental, policía y expertos reclaman la aplicación urgente de una estrategia integral contra la radicalización yihadista similar a las que han emprendido en Reino Unido y Holanda (ver recuadro a la izquierda), cuyo objetivo principal sea la integración social de las comunidades musulmanas.

Parte de la amenaza potencial

“Las estrategias integrales de seguridad se han impuesto en muchos países europeos -afirman fuentes policiales- y así debe ocurrir también en España. La vertiente policial es sólo una más de las que forman parte de la lucha contra el terrorismo islamista. La educación, la integración, los servicios asistenciales, los medios de comunicación... Todos tienen mucho que decir”. Estas mismas fuentes destacan que los fenómenos de radicalización yihadista se suelen producir en contextos sociales de marginalidad, delincuencia y paro, que por el momento constituyen la excepción y no la regla. Dicen que todos los islamistas que han intentado atentar o han atentado en España se caracterizaban por “un escaso grado de asentamiento en nuestra sociedad”.

Hasta ahora, la policía ha detectado a ciudadanos españoles realizando actividades yihadistas centradas mayoritariamente en la logística, en tareas como la de facilitar documentación falsa a militantes extranjeros. También hay constancia de españoles que han contribuido a financiar atentados fuera de España. Aparte de eso, las Fuerzas de Seguridad, que actualmente consideran que las cárceles son el mayor foco de radicalización yihadista del país, también tienen indicios de viajes de ciudadanos españoles a “entornos de riesgo islamista” en países como Pakistán. Además, no dejan de considerar a los musulmanes españoles de segunda generación como “parte de la amenaza potencial” del yihadismo.

Una de las razones por las que las autoridades españolas no han emprendido políticas específicas para evitar la radicalización de los musulmanes es que este grupo, por el momento, parece estar razonablemente bien integrado. Según una encuesta de 2008 encargada por el Gobierno, el 86% de los musulmanes españoles se sentía integrado o muy integrado en el país, y el 90% afirmaba que en ningún caso se tenía que usar la violencia para defender su religión. En esta línea, las fuentes policiales antes citadas confirman la buena integración en este momento de las segundas generaciones de musulmanes españoles. Niegan que, al contrario que en países como Francia o Reino Unido, representen un “peligro inminente” o constituyan “el principal origen de la amenaza yihadista”. Sin embargo, según una encuesta de 2007 encargada por el Gobierno, el 5% de los musulmanes residentes en España apoya el radicalismo islamista.

Miguel Ángel Cano, profesor de Derecho de la Universidad de Granada y autor del libro Generación Yihad: la radicalización islamista de los jóvenes musulmanes en Europa, de próxima publicación, es muy pesimista con respecto a la integración de los musulmanes españoles en el futuro. Opina que la buena integración actual se debe a dos factores que cambiarán pronto. El primero, el hecho de que en España, que empezó a ser destino de inmigrantes hace apenas quince años, las segundas generaciones musulmanas aún están en edad escolar. El segundo, que pese a la creciente concentración de extranjeros en ciertas zonas, aún no se ha producido del todo un proceso de guetización al estilo de las banlieues francesas.

“La integración de los musulmanes en España -afirma Cano- no va por buen camino. Aquí está ocurriendo lo mismo que pasó en Francia o Alemania en los años setenta y ochenta. Allí las cosas iban bien hasta que la segunda generación de inmigrantes salió al mercado laboral y se topó con la discriminación. Estos jóvenes, pese a que en teoría eran ciudadanos de pleno derecho, se dieron cuenta de que en la práctica no podían optar a un trabajo mejor que el de sus padres, ni podían aspirar a vivir fuera de los barrios pobres donde crecieron. Entonces empezó la crisis de identidad, la mala integración social, la violencia y, en último término, la radicalización yihadista por parte de algunos jóvenes de ascendencia musulmana. Si España no pone en marcha una estrategia nacional de integración, yo creo que aquí sucederá lo mismo”.

Mala integración en Europa

En su libro, Cano afirma que la tasa de paro de los ciudadanos musulmanes de segunda y tercera generación es en Europa entre dos y cinco puntos superior a la media. Sus posibilidades de ser pobres son el doble que las de los nativos, mientras que la proporción de los que cursan estudios superiores es entre dos y tres veces inferior. Estos datos tendrían su reflejo en una encuesta realizada el pasado mayo por Gallup, según la cual el porcentaje de los musulmanes que declaran no sentirse integrados era del 29% en Francia, del 35% en Reino Unido y del 38% en Alemania.

No cabe duda de que la integración de los ciudadanos de ascendencia musulmana es clave para la estabilidad política y social de Europa. Esto será más cierto si se mantiene el actual ritmo demográfico, en el que la población europea de raíces musulmanas tiene tres veces más hijos que la autóctona, y que, de continuar así, podría llevar a que en 2050 el 20% de los europeos sea musulmán, según una investigación realizada por el diario inglés The Daily Telegraph. España parece llevar ventaja en este asunto, aunque las actuales buenas cifras de integración, como ya se encargó de aclarar el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, corresponden a la primera generación. “Es a la segunda a la que hay que cuidar”.

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