Juego de tronos en el PP

22 / 04 / 2016 Cristina de la Hoz
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Conspiraciones, luchas de poder, intrigas palaciegas, traiciones... Son los ingredientes de la exitosa serie de televisión Juego de tronos, cuya sexta temporada se estrena esta semana. El Partido Popular, con el futuro incierto de Rajoy como telón de fondo, cada día se le parece más.

 “Hay a quien le cuesta manejar la incertidumbre y la complejidad y van como pollos sin cabeza”. De este modo define un miembro de la dirección del PP el ambiente interno en una formación que en las dos últimas semanas ha estado azotada por el vendaval de la dimisión de José Manuel Soria, la multa fiscal a José María Aznar y la defensa que de su causa ha hecho Rodrigo Rato afirmando que hay una “caza de brujas” de Hacienda contra su persona.

 Una tormenta perfecta que ha apuntado a una supuesta descomposición interna en la medida en que se ha visto “fuego amigo” tras alguno de estos hechos. ¿Quién puso a El Mundo tras la pista de los papeles de Jersey del exministro de Industria? ¿Por qué surge ahora una información fiscal de Aznar del año 2014? ¿Qué se esconde detrás de las informaciones que relacionan a Rodrigo Rato con paraísos fiscales a raíz de los papeles de Panamá?

Todos estos interrogantes surgen en un momento político donde hay más zozobra que certidumbres. El PP se enfrenta a un escenario donde no tiene garantizada su permanencia en el poder, bien porque haya un acuerdo de última hora del PSOE con Podemos en estos minutos basura del partido o porque vayamos a una repetición electoral. Y surge con ello el debate soterrado sobre la sucesión de Mariano Rajoy, un Rajoy que hoy por hoy parece que es el que mejor aguanta la presión y más tranquilo está a decir de personas de su entorno. Las teorías conspiratorias campan a sus anchas por los pasillos populares, aunque hay quien atribuye las mismas “a miembros del partido y del grupo parlamentario políticamente irrelevantes” y no a sus primeros espadas ni a los entornos de los mismos. Sin embargo, son esos primeros espadas los que copan todos los días titulares periodísticos que ponen de manifiesto las discrepancias, las diferencias internas de unos contra otros.

Es inevitable preguntarse a quién pueden beneficiar todas estas informaciones y quién está como epicentro de las mismas. El nombre del titular de Hacienda, Cristóbal Montoro, es recurrente, así como el de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, quien, a fin de cuentas, encabeza uno de los dos sectores en que está dividido el Consejo de Ministros y es, sin duda, una de las bazas sucesorias del PP.

La actuación de ambos el viernes 15, en que se conoció la dimisión de José Manuel Soria, ha cosechado críticas generalizadas. A juicio de una dirigente regional que tiene línea directa con la secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, “parecía que estaban contentos. Como no creo que sean tan torpes, hicieron un flaco favor al partido y a Soria y echaron gasolina sobre el tema. Ya se dice que en España enterramos muy bien a la gente y no fue el caso”. Un antiguo barón regional suscribe esta percepción al señalar en conversación con TIEMPO que “¿alguno se ha alegrado por la dimisión de Soria? Pues sí. ¿Que debieran haberle apoyado? Pues también”. Desde la dirección del grupo parlamentario admiten que “Montoro se excedió” y otro peso pesado genovés apunta sin disimulos lo que viene siendo un secreto a voces: “Que hay distancias dentro del Gobierno es evidente”.

Ahora bien, hay unanimidad entre las fuentes consultadas en que el exministro de Industria se puso él solito la soga al cuello por su gestión de la crisis, cuyo desencadenante no atribuyen a “fuego amigo” sino a los “enemigos poderosos” que hizo en su gestión, por ejemplo, de las renovables. “A Soria le habrán hecho un dosier los de las eléctricas. Ha tocado muchos sectores poderosos, eso cabrea y lo han usado en este momento”, especulan fuentes parlamentarias.

En la misma línea, otro cree que es imposible que Hacienda tuviera noticia sobre la sociedad offshore de Jersey, pero como, al tiempo, considera que “es como buscar una aguja en un pajar”, alguna “parte interesada en pasarle factura” por su gestión en el ministerio contribuyó a poner a El Mundo sobre esa pista.

Mano negra

 Que hay una “mano negra” es una teoría conspiratoria que comparte un amplio espectro del partido, aunque no miran tanto hacia dentro como hacia intereses empresariales, financieros, políticos y hasta mediáticos. La sensación que tienen no pocos en el PP “es que ahora mismo hay una campaña feroz que hace que determinadas minas salten a la vez” y apuntan también a las eléctricas, a las empresas del Ibex, “donde Rajoy tiene poderosos enemigos”, y hasta al “descontrol total de la UCO, de la UDEF y de la Fiscalía, nerviosos por si hay un cambio de Gobierno. Hay una confluencia de casos, pero nuestra gente está avisada”. Que de todo ello haya quien se pueda beneficiar es otra cosa, porque “disparar contra personas del mismo partido es una estrategia suicida, estaríamos locos”, argumenta uno de los vicesecretarios populares.

En el PP admiten que este escenario “no es manejable”, de modo que, si detrás hay una estrategia interna predeterminada, se le estaría yendo de las manos a su diseñador. “La situación no es de explosiones controladas”, aducen los mismos medios, aunque al nerviosismo por la incertidumbre se ha unido el generado por la sensación de pérdida de pie, traducido en que hay gente “enredando permanentemente” además de una exposición pública y notoria de discrepancias, hasta ahora inédita entre los populares.

En definitiva, a Soria se le ha llevado por delante “su propia torpeza”, según la versión más benevolente; por “dinamitar” su credibilidad pública y personal, en palabras del portavoz parlamentario, Rafael Hernando, y “porque le han pillado mintiendo”, a decir de un eurodiputado que sabe mucho de cómo se las gasta Montoro a la hora de llevar las cuentas de la Hacienda pública.

Los papeles de Panamá, entendidos como el desencadenante del descenso a los infiernos del ya exministro –aunque no tengan relación con el documento que contribuyó a poner los clavos de su ataúd político– no son un asunto exclusivo de España. Las revelaciones realizadas por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, al que pertenecen El confidencial y La Sexta, han repartido estopa en muchos países, si no, que se lo digan a David Cameron, a Vladimir Putin o al dimisionario primer ministro islandés. Que había algunos en el gabinete ministerial que no iban a correr a socorrerle era fácil de suponer. Ni siquiera se han molestado por mantener las formas con una llamada circunspecta lamentando su suerte.

Lo de Aznar con su “optimización” fiscal mantiene ciertas concomitancias con la filtración que hubo de la declaración de la renta de Esperanza Aguirre durante la campaña de las pasadas elecciones locales y autonómicas. La expresidenta madrileña afirmó hace unos días que, en un país anglosajón de los que ella es tan admiradora, el ministro de Hacienda “hubiera dimitido”. Ya apuntó a él entonces y ahora hace causa con Aznar, a quien la Agencia Tributaria multó en 2014 y le hizo una declaración paralela, según publicó Ok Diario. Este ha anunciado que presentará una denuncia por revelación de datos tributarios.

Cristóbal Montoro aparece de nuevo en el ojo del huracán. No ha ido haciendo amigos a lo largo de estos años. Se ha enfrentado a las comunidades autónomas gobernadas por su partido, con especial virulencia en el caso de Castilla y León y Madrid, a cuenta de la financiación y de los criterios de déficit y los recortes; se ganó el aprecio perfectamente descriptible de sus excompañeros eurodiputados cuando la Agencia Tributaria abrió una investigación sobre si habían defraudado al fisco entre los años 2010 y 2014, estando entre los investigados José Manuel García-Margallo y Miguel Arias Cañete, ambos del G-8, esto es, de los ministros enfrentados al grupo de Montoro; sus discrepancias con Soria en asuntos como las renovables han sido públicas y notorias; todo ello sin contar cómo ha aludido a los colectivos de artistas y de informadores como potenciales defraudadores.

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