Guinea Ecuatorial, paraíso de las pymes españolas
La presencia de Obiang en el funeral de Suárez y en el Instituto Cervantes de Bruselas ha levantado suspicacias sobre los intereses económicos de España en el país africano. Sin embargo, no existen contratos multimillonarios.
Guinea Ecuatorial se ha convertido en los últimos años en la tierra prometida de cientos de pequeñas y medianas empresas que se han asentado en la antigua colonia española o la tienen entre los destinos de sus exportaciones. Por el contrario, el régimen dictatorial que dirige con mano de hierro Teodoro Obiang no cuenta con ninguna gran empresa española, ninguna compañía del Ibex35. “No hay proyectos de más de 50 millones de euros”, constatan fuentes oficiales sobre el terreno. Tampoco Repsol, la petrolera española que se ha quedado fuera del negocio de los hidrocarburos, el verdadero maná del país, dominado por empresas de Estados Unidos. Fuentes de la compañía española aseguran que Repsol no tiene ningún contrato ni piensa tenerlo por el momento. “No hay nada en cartera, ninguna perspectiva”. España es el tercer comprador del petróleo guineano, por detrás de Estados Unidos y China, y la única gran presencia empresarial española a día de hoy es la de Iberia, con una oficina en Malabo para vender billetes de avión.
Con una población de 700.000 habitantes, Guinea Ecuatorial es el principal socio comercial de España, a pesar de que no hay grandes cifras de negocio. España exportó en 2013 bienes y servicios por valor de 340 millones de euros, un 10% más que el importe de las exportaciones a Marruecos, otro de los principales compradores de productos españoles.
A grandes rasgos, este es el estado de las relaciones económicas y comerciales entre España y Guinea Ecuatorial, en el momento en el que Obiang decidió aparecer en Madrid para asistir al funeral de Estado por el expresidente del Gobierno Adolfo Suárez. Aunque había un único precedente –el funeral por Leopoldo Calvo-Sotelo, en 2008–, el de Suárez siguió los cauces habituales para funerales oficiales: de manera general, están invitados todos los dirigentes extranjeros que deseen asistir, que no tienen más que comunicarlo a quien organiza el evento, en este caso Protocolo de Presidencia del Gobierno. Así lo hizo Obiang, que aplazó un acto al que había sido invitado por el Instituto Cervantes de Bruselas para estar en la catedral de La Almudena de Madrid, a pocos metros del presidente del Gobierno y del Rey, cuyos equipos evitaron a toda costa que fueran fotografiados con el líder guineano. Dos días después, Obiang viajaba a Bruselas para participar en un acto sobre la implantación y el desarrollo del español en Guinea Ecuatorial. Allí agradeció al Rey haber “influido” para poder estar presente en el Instituto Cervantes, algo que La Zarzuela desmintió inmediatamente. El Rey “ni ha intervenido ni ha influido” en dicha invitación ni tampoco para que estuviera presente en el funeral de Suárez, indicó la Casa del Rey. El viaje de Obiang a Bruselas se enmarcaba en su participación junto a otros 53 líderes africanos en la IV Cumbre UE-África, donde muchos ojos estuvieron puestos en el trato que le dispensaba Rajoy. A su llegada a la reunión, el presidente español explicó que compartirían mesa en la cena y que hablaría con él “como lo hago con cualquiera, como es mi obligación”. Finalmente, Rajoy no acudió.
Desde que se conoció la asistencia de Obiang al funeral de Suárez hasta el final de la cumbre UE-África, ha sido muy frecuente relacionar una eventual deferencia con el dictador por parte de España con los intereses españoles en la antigua colonia. Un extremo que descartan fuentes diplomáticas.
Torturas y ejecuciones.
El terreno es resbaladizo, con un dirigente que llegó al poder tras un golpe de Estado en 1979. Después se empezaron a celebrar elecciones en las que Obiang ganaba con más del 95% de los votos. Amnistía Internacional denuncia que el régimen guineano sigue aplicando la pena de muerte, no solo en los casos de asesinato que contempla la Constitución, sino también a opositores políticos. El régimen de Obiang también realiza detenciones arbitrarias de los oponentes, los tortura en las cárceles, lleva a cabo desapariciones forzosas y restringe la libertad de prensa, de expresión y de manifestación, según Amnistía Internacional.
Existe diversidad de opiniones sobre si España debería suspender relaciones con Guinea Ecuatorial, pero lo que sí es evidente es que relacionarse con el régimen de Obiang da “mala imagen”. El término aparece en el informe de 2012 de la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Malabo para explicar el posible motivo de que, por ejemplo, los grandes bancos españoles no hayan querido entrar nunca en el país, algo que también puede explicarse por el escaso interés financiero que suscita el África subsahariana en general y una población que no llega al millón de habitantes, en particular. El único intento, indirecto, lo hizo el Santander, a través del banco marroquí Attijariwafa, en el que tiene una participación del 6% y al que “por razones políticas” no se le permitió entrar en el país.
También se han cuidado de evitar la mala imagen los políticos, a pesar de que todos los Gobiernos han tenido trato con Obiang. Al margen de los intensos contactos y de eventuales negocios en el país que se atribuyen a varios exministros socialistas, los contactos oficiales no han cesado. En los años 90 del pasado siglo, el presidente Felipe González encargó a Suárez tareas de mediación entre las autoridades y la oposición en Guinea Ecuatorial.
Condonación de deuda.
José María Aznar se reunió con Obiang en varias ocasiones y en 2002 le prometió una ayuda de nueve millones de euros anuales y mejorar las relaciones diplomáticas bilaterales y dentro de la UE. De la época de Aznar es también el acuerdo por el que España condonaba los 42,5 millones de euros de deuda externa a cambio de destinar 26 millones a inversión pública. Se dedicaron a la construcción y rehabilitación de institutos por parte de las constructoras Dragados y ACS. Los otros 16 millones irían a un “fondo perdido” para apoyar las exportaciones españolas que, según fuentes diplomáticas, aún no ha financiado ningún proyecto. También hubo reuniones con José Luis Rodríguez Zapatero y Rajoy, por su parte, envió al secretario de Estado de Cooperación Internacional. El actual ministro de Industria –responsable también de Comercio–, José Manuel Soria, también mantuvo estrechas relaciones con Obiang cuando era vicepresidente del Gobierno de Canarias, la comunidad autónoma con más lazos económicos con el país y trampolín de empresas de la península que quieren exportar a Guinea.
Cada vez más, de acuerdo a las estadísticas del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, que reflejan que la mayoría de las 237 empresas que venden sus productos a Guinea Ecuatorial lo hacen desde hace uno, dos o tres años. Se trata de pequeñas y medianas empresas que han encontrado en un país que ha anulado toda producción nacional que no sea petróleo el terreno perfecto para despachar sobre todo productos alimentarios y manufacturas. Se apoyan también en las inversiones públicas en infraestructuras y viviendas para vender materiales de construcción. También bebidas y productos cosméticos, quizá para satisfacer las necesidades de “sectores cada vez más amplios de la sociedad” a los que, según la Oficina Económica y Comercial, beneficia el auge económico generado por el petróleo. Estas empresas españolas han llegado a Guinea a través de las misiones que organizan las Cámaras de Comercio, especialmente la de Tortosa, a la que en 2009 le tocó el país africano en el “reparto del mundo” que hicieron las 89 Cámaras españolas. Desde entonces, han llevado a más de 100 empresas en las dos misiones anuales que realizan al país y para las que siempre hay más empresarios deseosos de ir de los seis u ocho recomendables. Destacan los resultados de una empresa de supermercados y otra de transporte público, que ya ha creado seis rutas urbanas en Malabo. Según explican en la Cámara de Comercio de Tortosa, el objetivo es siempre ir a un país “en crecimiento”, como Guinea, cuya economía crece a un ritmo del 6% pese a la ralentización de los últimos años.
Las pymes españolas llegan a Guinea animadas por la facilidad de tener un idioma común y también dispuestas incluso a pasar por el aro de un sistema muy corrupto. La publicación Doing Business situaba a Guinea entre los peores países para hacer negocios –en el puesto 161 de 187– y explica que exportar un contenedor requiere siete documentos administrativos, tarda 44 días y cuesta 1.600 dólares (1.160 euros). Más directamente, Adolfo Fernández Marugán, que hasta 2012 dirigía la Asociación para la Solidaridad Democrática con Guinea Ecuatorial (Asodegue), asegura que los sobornos están institucionalizados y que cualquier empresa que quiera asentarse allí debe nombrar a alguien del régimen como el socio guineano que, por ley, es necesario tener. En la Cámara de Comercio de Tortosa no quieren hablar de mordidas, aunque admiten que “es complicado trabajar” en un país así, como en “Rusia o China, donde la aduanas son de la mafia”. ¿Algún problema con la situación política en el país? “Sabes que es un país complicado, pero si se hacen las cosas bien...”, añaden.
Frente a la gran presencia de pymes españolas en Guinea Ecuatorial, está la ausencia casi total de compañías patrias en el verdadero motor del país: el petróleo. Precisamente fue la española Hispanoil, hoy propiedad de Repsol, la que en los años 80 encontró los primeros yacimientos. Sin embargo, la presencia española desapareció en un negocio de hidrocarburos que se asienta en las mayores reservas del África subsahariana, 1.700 millones de barriles al año, y grandes expectativas en el sector del gas. El negocio de la extracción está copado por empresas estadounidenses –Marathon Oil Company y Nobel Energy– y el de la comercialización por la francesa Total, que tiene el monopolio desde hace 20 años. También están presentes las japonesas Mitsui y Marubeni, la alemana E.On o la portuguesa Galp, y en todos los contratos tiene una participación –mínima– la empresa estatal GEPetrol. La última vez que Repsol optó a una licitación fue en 2012, cuando le fue concedida la explotación de dos bloques, un proyecto que finalmente fue anulado. Por su parte, Unión Fenosa, que participaba al 5% en un consorcio para capturar reservas de gas, también ha quedado fuera del proyecto por cancelación. Si no las grandes empresas, sí hay pymes que han empezado a vender productos relacionados, como pinturas anticorrosivas y servicios de mantenimiento. A día de hoy, también hay ingenierías españolas intentando hacerse con contratos de las petroleras.
Si no lo consiguen, la presencia comercial española en Guinea seguirá siendo de mero consumo, con la próxima parada en una feria de productos gourmet para todo África central que tendrá lugar en los próximos meses en Malabo, precisamente.



