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Guerra en las ondas

28 / 08 / 2015 Antonio Rodríguez
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El regreso del locutor Carlos Herrera a las mañanas ha agitado la radio española. La SER, Onda Cero y la COPE, sobre todo, se disputan una audiencia de 11 millones de oyentes en un momento de gran efervescencia política

De izquierda a derecha, Pepa Bueno (SER), Carlos Herrera (COPE) y Carlos Alsina (Onda Cero).

Hace cinco meses, Carlos Herrera (Cuevas de Almanzora, Almería, 1957) decía adiós a los oyentes de Onda Cero. Fue el 27 de marzo y lo hizo en directo, con voz firme y sin rastro de melancolía. “Todo lo que empieza normalmente acaba”, sintetizó el locutor andaluz, quien confesó a sus seguidores que desconocía cuál era su futuro en ese momento. “Les doy mi palabra de que no sé lo que voy a hacer”, aunque reconoció que tenía “algunas alternativas dentro y fuera de España”. Pese a sus palabras, todo el mundo dio por hecho que Herrera comenzaría en septiembre en los micrófonos azules de la COPE. Y así ha sido, provocando el mayor terremoto que se recuerda en las ondas desde que el equipo de deportes de la SER –Paco González, Manolo Lama, Pepe Domingo Castaño– desembarcó en la COPE en 2011. El tránsito de Herrera de Onda Cero a la COPE se produce, además, en un momento de gran efervescencia política, ya que en los próximos cuatro meses, de septiembre a diciembre, se juega el destino de Cataluña (con las elecciones del 27 de septiembre) y en España (con las generales aún sin fecha). Más de uno afirma que el fichaje cuenta con todas las bendiciones del Gobierno de Mariano Rajoy, al que le conviene movilizar a su electorado de cara a los citados comicios. Buena pruebo de ello fue la entrevista a Herrera en Los desayunos de la 1, el pasado mes de julio, un gesto que muchos interpretaron como un intento gubernamental de promocionarle. Si hay alguien que puede levantar el ánimo de la derecha española, ese es Herrera, famoso por sus dardos radiofónicos y que admite una serie de “listones” en los que tiene “poca cintura”: la unidad de España, la lucha contra el terrorismo y el combate contra aquellos que “desprecian” las libertades. Un ideario made in PP.

Pérdida de oyentes. Herrera es el último cartucho de la emisora participada por la Conferencia Episcopal para revertir los datos de audiencia de la mañana. Con la salida de Federico Jiménez Losantos en 2009, la cadena perdió casi la mitad de oyentes y en las últimas oleadas del Estudio General de Medios (EGM) no ha conseguido superar la barrera del millón con Ángel Expósito. Los 976.000 oyentes del pasado mes de julio quedan muy lejos de los 3,1 millones de Pepa Bueno (Badajoz, 1964) en Hoy por hoy (SER) o de los dos millones con los que terminó el programa Herrera en la onda de Onda Cero, su más directo competidor.

Para Herrera serán los últimos años en la franja más combativa y dura de la radio. Tiene 58 años y ha firmado un contrato de tres años con la COPE, donde ya estuvo entre 1992 y 1995. Así que en 2018 terminará una prolífica carrera que le ha hecho pasar por todas las emisoras importantes –inclusive la SER, tan alejada ideológicamente de lo que hoy es la COPE– y con más de un susto, como aquel fallido atentado de ETA contra él en forma de caja de puros. “Son mis últimos tres años de carrera”, confiesa a TIEMPO. “Creo que ya está bien. Pasaré a hacer otras cosas, no el levantarme a las cuatro de la mañana y venir aquí a pegar tiros”, dice entre risas.

El locutor se ha traído a la COPE a algunos de sus contertulios que tenía en Onda Cero como Nicolás Redondo, Joaquín Leguina o José María Fidalgo. Entre sus colaboradores estarán José Luis González-Besada para los temas económicos; Ignacio Camacho, Salvador Sostres y Jorge Bustos cuando haya que bajar a la arena política; y el escritor José Antonio Gómez Marín. Seguirá desde Sevilla con sus seis horas de emisión, de seis de la mañana al mediodía, fiel a su estilo propio y del gusto de todos, sea gallego, catalán o andaluz. “Procuro hacer una radio con pocos acentos. No hablo en clave sevillana, aunque sí me gusta mantener cierto aroma en los dichos y expresiones”, subraya. Para quien no lo sepa, Herrera vivió de pequeño en Mataró y habla catalán más allá de la intimidad “con sorprendente soltura para algunos de los que me escuchan”.

El programa Herrera en la onda, su marca de identidad en Onda Cero, pasará ahora a llamarse Herrera en COPE, aunque en antena mantendrá el apelativo En la mañana por una cuestión nostálgica. “Fue el nombre con el que empecé yo en la COPE en 1992 en las mañanas”, recuerda. Su llegada a la emisora de la Iglesia ha supuesto, por último, que Expósito pase a encargarse de la tarde. El exdirector de la agencia Europa Press y el diario Abc tiene ahora el desafío de revertir los últimos EGM, con una preocupante caída de oyentes frente a la tendencia alcista de La Ventana (SER) y la estabilidad de Julia en la onda (Onda Cero).

La salida de Herrera de Onda Cero a mitad de temporada provocó que la emisora del grupo Atresmedia moviese ficha rápidamente. Conscientes de que el hueco que dejaba Herrera era muy grande, apostaron, como ya hace la SER desde hace unos años, por dividir la mañana en dos bloques, uno informativo y otro con contenido más social, con el tándem Carlos Alsina-Juan Ramón Lucas. El primero se encarga de las primeras cuatro horas (de seis a diez de la mañana) y el segundo coge el relevo hasta el mediodía. Las emisiones de Más de uno comenzaron después de Semana Santa para que los oyentes se acostumbrasen al cambio y el resultado fue positivo. En el último EGM de julio, la caída de oyentes fue de 140.000 (un 7,8%).

Más información. Alsina (Madrid, 1969), que venía de una larga temporada por las noches con La brújula, se muestra cauto a la par que contento, pues teme que la eventual fuga de oyentes se produzca a partir de septiembre. En todo caso, se mantiene fiel a su estilo, mucho más informativo que ideológico. “Soy partidario de programas cortos en la radio y voy a contracorriente de lo que ha sido la evolución de la programación de las cadenas por las mañana. Es verdad que un presentador puede salvar la mayor parte del día, pero desde mi punto de vista me parece un suplicio. Yo soy muy malo para improvisar horas y horas de radio”, afirma a esta revista. Además, es incapaz de hacer las “coñas y motes” a los que recurre Herrera en antena, pues no es su estilo. “Llevo más de 20 años haciendo programas cuya esencia es la actualidad. Me interesa la información porque me gusta y procuro estar muy documentado de lo que sucede porque entiendo que es mi obligación”, señala.

Todavía no se ha acostumbrado a su nuevo horario: duerme por las tardes y pega una cabezada de madrugada. “Es muy complicado porque el resto del mundo va a otro ritmo”, reconoce sin encontrar todavía una alternativa más saludable. “Muchas veces pienso que el que se conecta a las seis de la mañana está recién despierto, mientras que yo tengo que estar muy despierto y muy enterado de lo que ha pasado. Eso requiere horas de trabajo previo, ir al revés”.

Frente a las seis horas en antena de Herrera, Alsina prefiere ceder el testigo a Lucas a las diez de la mañana. “Soy de los de prepararse las cosas muy bien. Cuantas más horas me den, más problemas me ponen. Hemos llegado a un punto en el que parece que si no haces un programa de siete horas, es que no das la talla, pero vitalmente, cuanto menos dure el programa, mejor vives”, afirma con una sonrisa. Respecto a los colaboradores, mantiene a aquellos que estaban con él por la noche y ha fichado a nuevas incorporaciones como el director de El mundo, David Jiménez. Todo ello para afrontar un otoño político en el que quiere ir día a día, algo en lo que coincide con Herrera y Bueno.

“Me da un poco de miedo, o de pereza, que haya tanta efervescencia política desde el 1 de septiembre hasta final del año, que nos coma el tiempo y al final no podamos hablar de otra cosa. A mí me incomoda hacer programas monotemáticos”, hace hincapié. Entre tanto, ha reducido las vacaciones –empezó el primero, el 24 de agosto–, una decisión tomada muy a su pesar  pues el cambio de horario es “tan acusado como tener  un jet-lag continuo”. Su lugar en La brújula lo ocupó en abril de forma provisional María Hernández, su segunda de a bordo, aunque Onda Cero acaba de fichar para dicha franja horaria a David del Cura, quien los últimos años ha trabajado en el equipo de comunicación de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría.

En medio de este maremágnum radiofónico, la cadena SER parte de una posición de liderazgo en cuanto a audiencia se refiere. La emisora del grupo Prisa vivió en 2005 un momento difícil cuando tuvo que sustituir a Iñaki Gabilondo, pero desde entonces ha apostado por fichar a estrellas de la televisión. Una estrategia que les ha funcionado con Àngels Barceló, Montserrat Domínguez, Carles Francino y, ahora, Pepa Bueno.

Una “canallada”. La radio sigue siendo el proyecto profesional prioritario para esta última, aunque desde febrero lo compagina con las entrevistas televisivas de Viajando con Chester. Las grabaciones en Cuatro las deja para los viernes por la tarde. “Es entonces cuando me subo el tacón y me pinto el ojo”, afirma Bueno, quien entre risas ve su horario en la SER como una “canallada”: las cenas han desaparecido de su agenda y su vida social se reduce a las horas de comer.

CARLOS HERRERA

CARLOS-HERRERA

Su paso a La Cope es el gran atractivo de la nueva temporada. Niega que vaya a ser más ideológico, pero admite que tiene “listones” en los que tiene “poca cintura”. 

HORA DEL DESPERTADOR. Se acuesta a las 21 horas y se levanta a las cuatro de la mañana. Antes de comer va al gimnasio, no se echa siesta y por la tarde busca una hora para montar en bici o andar.

¿A QUIÉN ENTREVISTARÍA? “Al papa Francisco. Aquí tienen mano”.

¿LE TIENTA LA TELEVISIÓN? “No, no tengo tiempo ni sé hacer televisión. Sé ponerme y hacer un ratito, pero crear un programa, tenerlo en la cabeza, luchar por él… me parece terrible”.

¿ALGUNA MANÍA CUANDO HABLA? “Un flexo y un estudio más tirando a pequeño. Si es grande, me despista”.

¿SU PUNTO FUERTE? “La puesta en escena, el saber mantener ritmos, utilizar sintonías, cuáles, cómo, en qué momento cortar. Eso no me ha ido mal”.

¿Cuándo empieza?

El martes, 1 de septiembre. El lunes 31 nos quedará la mirada nostálgica y melancólica a través del cristal del verano.

¿Seis horas por la mañana?

Seis en cadena y media hora que intervengo cada día en una regional diferente. Es la principal novedad.

¿Va a seguir trabajando en Sevilla?

Básicamente. La única diferencia es que la distancia de mi casa a la COPE es 45 segundos más que antes a Onda Cero. Así que está un poquito más retirada.

¿En Onda Cero temen que sea una especie de flautista de Hamelín y se lleve oyentes?

Mi deber es conseguir el mayor número posible de oyentes y clientes para mi empresa. Lo que pasa es que estos trasvases oceánicos, de un lado a otro, no existen. Los oyentes se ganan de golpe en golpe, de oleada en oleada. Aquellos que piensen que en diciembre voy a estar en 2 millones y pico de oyentes, los que tenía en Onda Cero, están en un error. Siempre hay una serie de incondicionales que te siguen, pero los otros lo hacen muy bien. ¿Voy a llegar yo a cambiar el mundo? No, no... los otros no son mudos. La competencia es dura, lo que me excita mucho y me entusiasma.

¿Qué piensa de los primeros datos del EGM sin usted?

Es un estudio malo, mal hecho y además siempre he considerado que malintencionado. Quizás vale como tendencia a la larga. Si en seis EGM sales en caída, ya no es que te tengan manía o te quieran hundir, sino que la tendencia tuya es a la baja. En julio, con la caída de consumo, siempre se enmascaran los resultados. Por una oleada de EGM no tomaría ni excesivas alegrías ni excesivas depresiones.

Con lo cual, la de diciembre tampoco la ve como una radiografía.

Puede haber algo llamativo, pero tampoco gran cosa.

Su salida de Onda Cero, ¿ha sido pacífica o conflictiva?

Absolutamente pacífica. Son grandes amigos. Somos personas mayores, adultos, profesionales, que sabemos diferenciar ámbitos personales y cuestiones técnico-profesionales. Mi salida se ha producido cuando yo he concluido un contrato, por lo que ninguna de las dos partes hemos violentado nada.

¿De cuánto tiempo era el contrato?

El último, de tres años. Es verdad que se me ofreció renovar. Decliné amablemente, nos dimos un abrazo y me fui. Posiblemente les hubiera gustado que continuase. Así me lo manifestaron, pero tampoco he provocado un cataclismo [en Onda Cero]. Alsina y Lucas son grandes profesionales, están haciendo bien las cosas. No va a ser fácil quitarle oyentes a Onda Cero.

Hay mucha gente que cree que su pase a la COPE está teledirigido por el Gobierno en este momento de gran efervescencia política.

Es algo que he oído. Conozco a algún miembro del Gobierno, pero mis decisiones profesionales no se las confío. Mi esperanza no es convenirle a los Gobiernos, ni en esta ni en ninguna parte. Si alguno piensa que yo le convengo a un Gobierno en un determinado lugar, me inquieta, porque entonces no estoy haciendo muy bien las cosas.
 Los Gobiernos que se dediquen a las labores propias de su sexo y los periodistas, a controlar amablemente, con cordialidad y sin mala educación, las acciones de este.

También ha causado cierto resquemor su entrevista en Los desayunos de la 1.

Cuando iba Luis del Olmo a los programas de televisión de La 1, de La 2 o de La 7… no pasaba nada. Es un resquemor que se ha producido un poquito por parte de un directivo de Atresmedia (el vicepresidente Mauricio Carlotti) y por parte de El país que, como siempre, te perdona la vida. A mí se me invitó, me pareció bien, fui y, de mi nuevo programa (en la COPE), hablé 15 segundos. El resto del tiempo fue para Carmena, las elecciones en Cataluña... En fin, mi mensaje es que nadie se ponga nervioso.

¿Va a ser más ideológico de lo que era en Onda Cero?

No necesariamente. Hay listones en los que tengo poca cintura: la unidad nacional, la lucha contra el terrorismo y los que han asesinado y matado, y la lucha contra aquellos que desprecian las libertades o las carcomen de forma ideológica. Lo demás, todo es negociable. La clave para un programa es que no sea sectario y exclusivo, donde solamente se interprete la vida de una manera. Tengo analistas y participantes de todos los ámbitos. De ellos espero obtener lo mejor. Además, el que más brillante sea, será el que se lleve la razón de todos aquellos que nos escuchen.

¿De modo que no vamos a ver un giro más a la derecha de Carlos Herrera?

No. A mí la derecha española me produce cierto cansancio para intentar acercarme a ella. Mi ideario, tampoco hay que ser un lince para verlo, es que escribo en Abc y voy a trabajar a la COPE. Es altamente improbable que a mí se me sorprenda por la mañana a las ocho pidiendo el aborto libre y la reinstauración de la República... pero nunca se sabe.

Además, ya ha pasado por la SER...

Sí, y lo recuerdo con extraordinario agrado. He trabajado en emisoras, incluso públicas, bajo administraciones del PP y del PSOE. Debo decir que en las dos recibes igual tipo de presiones, pero tienes que tener la suficiente soltura y cintura para manejar la verónica.

¿Cómo afronta este otoño tan informativo en lo político?

Día a día. Partido a partido. Hay un hecho particularmente delicado que son las elecciones del 27-S en Cataluña. Algunos quieren interpretarlo como un desafío con forma de golpe de Estado, que yo creo que ni la sociedad catalana, ni el Estado, ni los partidos políticos razonables deben permitirlo.

PEPA BUENO

PEPA-BUENO

Está obsesionada con sobreponerse al “ruido y la propaganda” de las próximas elecciones. También tranquila, pues mantiene a La Ser al frente de la audiencia.

HORA DEL DESPERTADOR. Se acuesta a las diez de la noche y se levanta a las tres de la mañana. Entra en la radio a las cuatro. Antes de comer hace una hora de pilates o camina. Se echa una siesta de una hora y cena temprano, a las 20.30 h.

¿A QUIÉN ENTREVISTARÍA? “A los candidatos y a los nuevos poderes institucionales”.

¿ALGUNA MANÍA? “No soy muy maniática. Cuando entro en la redacción pongo a todo volumen A perfect day de Lou Reed”.

¿TU PUNTO FUERTE? “Siempre ha sido trabajo, trabajo, trabajo. Y no pensar en lo que opinen de mí”.

Empezó en 2012 con Gemma Nierga la fórmula del tándem por la mañana. ¿Contenta con el resultado?

Mucho. Las dos somos periodistas y tenemos una mirada periodística sobre la actualidad. Además, tenemos dos registros muy diferentes. A mí me gusta la información pura y dura, y Gemma es el cariño, el amor, la empatía con el oyente y esa mirada un poco más lateral sobre las cosas. Luego ha ocurrido que nos hemos entendido muy bien.

¿Cómo afronta el desembarco de Carlos Herrera en la COPE? 

Con expectación. Todos los movimientos en el terreno de la competencia son siempre interesantes. Andas con un ojo en lo que haces y con el otro en lo que hacen los demás, aunque los productos son diferentes y las personalidades pesan mucho en programas de este tipo.

¿Ve una maniobra del Gobierno en la llegada de Herrera a la Cope, justo en este momento tan político?

Una maniobra del Gobierno serían palabras mayores. No tengo ni idea, así que hablamos del terreno de la especulación. Me imagino que la COPE tiene criterios propios para que no sea el Gobierno el que le ponga el conductor de las mañanas.

La entrevista de Herrera en Los desayunos de la 1 generó algo de polémica, ¿cómo lo vivió?

Me sorprendió enormemente y estoy segura de que me van a invitar (risas). Tanto a Carlos Alsina como a mí.

¿Cómo valora el último EGM?

Estamos muy contentos. La audiencia te da mucha libertad y te confirma que tu trabajo le gusta a mucha gente. De 6 a 10 de la mañana hemos crecido una barbaridad, en 200.000 oyentes. Me da una gran responsabilidad el saber que 3,5 millones de personas eligen la información que tú les das.

¿Por qué es inalcanzable la SER?

Es muy difícil ver las razones. Creo en lo que hago y la SER apuesta por la información. Luego siempre hay posiciones editoriales, pero cuando te despiertas, lo que quieres saber es lo que ha pasado en España y en el mundo. Esa apuesta por la fortaleza informativa fue el atractivo fundamental para venirme [en 2012].

 ¿Alguna incorporación nueva o cambio de cara en el nuevo curso?

Hoy por hoy es un producto muy consolidado, una apuesta por la información con un análisis lo menos trinchera posible, sino inteligente, que añada valor a lo que contamos. Alguna sorpresa siempre hay, pero el proyecto sigue siendo el mismo.

¿Cómo afrontará este otoño?

Me obsesiona sobreponernos al ruido, a la propaganda. Tenemos que ser capaces, en medio de lo que vamos a vivir, de poder fijar la mirada informativa en lo que es relevante. Es decir, no dejar de ocuparnos de otros temas además de las elecciones catalanas y generales.

¿Va a seguir con la televisión?

Siempre digo que la radio es mi marido y la tele, mi amante [risas]. Las colaboraciones con la tele siempre estarán ahí.

CARLOS ALSINA

CARLOS-ALSINA

Llegó al prime-time de Onda Cero en Semana Santa tras una década dirigiendo La Brújula. Ahora defiende su trabajo, más informativo que ideológico. 

HORA DEL DESPERTADOR. Duerme por la tarde, desde la comida hasta las 20 horas, y una “siesta” de una a tres de la mañana. Llega a la radio a las 3.30 horas. “Es muy complicado”, admite, “porque el resto del mundo va a otro ritmo”.

¿A QUIÉN ENTREVISTARÍA? “A este Rey, al actual. Hay cosas muy interesantes que preguntarle y eso no se lleva”.

¿LE TIENTA LA TV? “En absoluto. No sé hacer televisión, no disfruto del medio y me da mucho reparo salir en pantalla”.

¿ALGUNA MANÍA? “Necesito un bolígrafo pilot, tener los auriculares muy altos de sonido y que la gente a mi alrededor se lo pase muy bien”.

¿SU PUNTO FUERTE? “El explicarle a la gente que nos escucha lo que pasa y por qué”.

¿Estaba deseando pillar la mañana, el prime-time de la radio?

Deseando no, pero se han dado dos circunstancias. En la radio, el prime time es por la mañana, así que tenemos todos en la cabeza que la promoción profesional, el progreso, conduce a hacer la mañana. Para mí, hacer la noche era muy relevante e importante, igual que hacer los deportes el fin de semana. Y segundo, se ha ido Carlos Herrera. La dirección de la casa entendió que alguien de dentro era el más indicado. No se me pasó por la cabeza el negarme. Primero porque es una promoción, a pesar de los pequeños inconvenientes como el horario de sueño. Y, luego, si la cadena te está diciendo que en este momento te tienes que encargar de ello, pues entendí que no me podía negar.

¿En el contrato había una cláusula en la que se decía que si Herrera se iba, sería la primera opción?

No exactamente. Había una cláusula que no obligaba a nada a ninguna de las partes. Decía que en el caso de que las mañanas cambiaran o quedasen vacantes, las dos partes nos comprometíamos a planteárnoslo sin más.

Y entonces, ¿para qué incluir esa cláusula en el contrato?

Esa un gesto de buena disposición por ambas partes.

¿No era una condición sine qua non?

No. Si la cadena hubiera querido que lo hiciese otro, no hubiera tenido ningún problema. Igual que si yo me hubiese negado, tampoco habría pasado nada.

Me imagino que no se arrepiente de haber rechazado aquella oferta de Punto Radio en 2008, viendo cuál ha sido el devenir de esa cadena.

En realidad, no hubiera sabido lo que hubiese pasado. Soy muy poco de revisar las decisiones que tomamos en su momento. En Onda Cero me han tratado muy bien y la evolución profesional ha sido muy saludable.

¿Cómo valora el último EGM en el que aparece por primera vez?

Es muy bueno y a la vez provisional. Son buenos datos porque es inusual que cuando desaparece el presentador que hace un programa de seis horas, como hacía Carlos Herrera, durante once años, luego en el EGM no se note de forma un poco dramática. La historia nos dice que siempre que pasa eso, además con un tipo con el carisma y la profesionalidad de Carlos, la audiencia da un bajón de verdad. Hemos perdido 140.000 oyentes pero no es nada relevante. A la vez son provisionales porque en septiembre, el escenario es distinto. Lo previsible es que ahí se note más el hecho de que Carlos no esté.

¿Se está haciendo a la idea de que haya una fuga de oyentes?

Yo sí, y tengo la obligación de hacerme a esa idea. Otra cosa es cómo se desarrolle la historia. De entrada, siempre ha sucedido eso y tiene todo el sentido del mundo. Aquí, el día que se fue Luis del Olmo a Punto Radio y se puso a Herrera por la mañana, hubo un descenso de audiencia. Diez años después, Herrera estaba en 2 millones de oyentes. De los que nos escuchan por las mañanas, muchos son muy de Onda Cero y otros muchos que son de Carlos allá donde vaya él.

¿Como un flautista de Hamelín?

Claro. Y parece de lo más razonable. Ahora bien, igual que el EGM de ahora es provisional, porque Carlos aún no está en la COPE, el de diciembre me seguirá pareciendo provisional porque esto empieza ahora.

¿Cree que ha sido bueno empezar el tándem en Semana Santa?

Sí, porque a Juan Ramón [Lucas] y a mí nos ha servido para rodar el producto. Ahora el programa está mucho más cuajado y armado que los primeros días. Y creo que a los oyentes les ha servido para saber lo que hay y cuál es nuestra propuesta por las mañanas.

¿Qué piensa de la entrevista de Carlos Herrera en Los desayunos de la 1?

No pude verla porque estaba haciendo mi programa [risas]. Tengo un poco de reparo a las entrevistas de una hora en las que nos preguntan cómo arreglaríamos lo de Grecia o lo de Cataluña.

¿Así que no le gustan los periodistas que opinan?

Es que no sé cómo se arregla lo de Cataluña o lo de Grecia. Entiendo que se lo pregunte a la gente que lo tiene que arreglar, pero me resultaría raro que me lo preguntasen a mí.

Ha habido gente que ha interpretado este gesto con Herrera por la COPE como una maniobra del Gobierno, ahora que se acercan las generales.

Pues sí, hay gente que lo ha interpretado así. Yo quiero pensar que es el interés periodístico de Carlos.

¿Prefiere no opinar tanto?

Mi opinión no es lo más relevante de mi trabajo.

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