ETA aplaza sus planes de entregar las armas

22 / 07 / 2016 Fernando Rueda
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La banda terrorista ha cambiado de opinión tras com-probar los resultados de las elecciones del 26-J, porque no tiene esperanzas de poder cumplir sus planes de liquidación con un Gobierno del Partido Popular.

ETA ha cambiado de opinión tras comprobar los resultados de las elecciones generales del 26 de junio. La banda terrorista tenía pensado poner punto final a sus 58 años de historia antes de que en otoño se celebraran las elecciones al Parlamento Vasco, pero han fallado en su cálculo de que el Partido Popular iba a salir del Gobierno, según informan a TIEMPO fuentes de la izquierda aberzale conocedoras del tema.

“ETA no tiene intención de llevar a cabo oficialmente el desarme antes del final de año –explican las fuentes consultadas–, porque no tiene esperanzas de poder cumplir sus planes de liquidación con un Gobierno del PP. ETA quiere que alguien enviado por el Gobierno se siente en una mesa para certificar su final, en caso contrario, toda la historia que han construido se va al carajo”.

La banda terrorista, o los restos que quedan de ella, tiene dos preocupaciones: conseguir un trato especial para sus presos y que algún tipo de representante del Gobierno central se siente con ellos para oficializar su abandono de las armas, lo que daría una cierta dignidad a su defunción. Algo que el Gobierno de Mariano Rajoy no le ha querido dar durante cuatro años y que previsiblemente no le concederá si sigue en el poder.

“Para negociar y obtener contrapartidas –recuerda un especialista en la lucha antiterrorista–, hay que poner sobre la mesa unas capacidades y amenazas que ETA ya no tenía cuando puso fin a la lucha armada y que en estos momentos tristes para ellos dibuja algo evidente: han sido derrotados”.

A ETA le gustaría que el Gobierno le diera un trato similar al recibido de sus Gobiernos por las FARC, en Colombia, o hace años el IRA en Irlanda. La diferencia estriba en que la guerrilla colombiana podría seguir matando durante años si no se llegara a la paz. La misma posibilidad estuvo al alcance de ETA en las diversas ocasiones en las que sus representantes se sentaron a negociar con los del Ejecutivo español. La última vez fue en 2006, cuando las discrepancias entre ambas partes llevaron a los etarras a resolverlas colocando una bomba en la terminal 4 del aeropuerto de Barajas. Según recuerda el especialista antiterrorista, “ya habían conseguido que al salir de la cárcel sus presos hasta tuvieran una pensión no contributiva para poder iniciar sus vidas con algunas garantías. Pero quisieron más y al final se han quedado sin nada, porque ahora carecen de fuerza para obligar a nadie a sentarse a negociar. Además, lo que más duele a los viejos etarras es que después de tantos años de lucha no podrán defender una versión que no sea que al final acabaron derrotados por la Guardia Civil y la Policía”.

“Follón tremendo” en Sortu

Con la salida de Arnaldo Otegi de prisión, la izquierda aberzale había visto la posibilidad de dar un vuelco a la caída permanente en apoyo ciudadano que sufren en los últimos años. Sus planes pasaban por la entrega de las armas por parte de ETA y así comenzar una nueva etapa política alejada del conflicto, algo que ya no sucederá y que pesará como una losa sobre las espaldas de Sortu en las elecciones autonómicas vascas que se avecinan.

El partido aberzale había comenzado una campaña de imagen hablando del “nuevo Sortu”, intentando acercarse a ese electorado que les estaba dando la espalda. Teniendo en cuenta que su antecesor Herri Batasuna llegó a contar con 360.000 votos a finales de los años 80, los poco más de 150.000 conseguidos en las últimas generales hablan de una debacle histórica.

De nada les ha servido el supuesto revulsivo Otegi. En los cuatro meses que lleva en libertad, el histórico dirigente no ha conseguido recuperar antiguos apoyos ni, lo que es peor, movilizar a una juventud vasca que en las últimas elecciones prefirió a Podemos con un mensaje más conservador: no a la independencia, pero sí a un referéndum de autodeterminación.

Además, sobre Otegi pesa la inhabilitación para concurrir a cargos públicos que no está nada claro que pueda saltarse, como pretende Sortu. La sentencia es clara, pero un defecto de forma podría permitirle presentarse, aunque muchos juristas creen que no lo conseguirá.

Fuentes de la izquierda aberzale reconocen que hay “un follón tremendo en el partido, acrecentado por el último descalabro”. Y es que los ciudadanos vascos ven al partido como algo antiguo, vinculado estrechamente a una ETA que ha dejado de ser atractiva para una inmensa mayoría de la sociedad.

No les ayudan temas como la libertad de los presos. Su salida siempre ha sido un tema prioritario para Sortu, que ve cómo el Gobierno vasco les anima una y otra vez a apuntarse a los beneficios penitenciarios para salir, algo que ellos también hacen pero más discretamente.  

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