España pierde el paso en la Cuba castrista
La interinidad del Gobierno impide condonar deuda cubana y realizar viajes que ayuden a las inversiones.
Abel Matutes, el exministro de Asuntos Exteriores en el primer mandato de José María Aznar y ahora copropietario de la compañía de cruceros Balearia, lleva casi un año con Cuba metida en la cabeza. Esta naviera se convirtió en julio de 2015 en la primera del mundo en contar con las licencias necesarias de Estados Unidos para enlazar ferris de pasajeros entre este país y la mayor de las antillas caribeñas, adelantándose a otras cuatro empresas estadounidenses como Carnival, que estaban a la espera de conseguir tan preciada autorización.
Tras el visto bueno de Washington, a Balearia solo le quedaba la luz verde del Gobierno cubano. Y así sigue esperando desde entonces. Un requisito que no llega pese a sus promesas de invertir más de 35 millones de euros para la construcción de una terminal de ferris en La Habana. En los últimos meses, Matutes ha puesto todas sus influencias en el Ejecutivo español para que le ayude a doblegar la burocracia del régimen castrista.
El propio ministro de Industria y Turismo, José Manuel Soria, viajó a La Habana en los meses de julio y noviembre del año pasado –en esta última ocasión, en compañía del ministro de Economía, Luis de Guindos– e intercedió a favor de Balearia, sin que por el momento haya fructificado su intermediación.
En regímenes comunistas y autocráticos como el de Cuba, la mejor forma de desencallar una autorización como la que necesita Balearia es con una visita oficial como la que acaba de realizar el presidente estadounidense, Barack Obama, o la del francés, François Hollande, en enero. Pero ni a Felipe VI ni a Mariano Rajoy se les espera a corto plazo con el país en funciones y una interinidad que se puede prolongar hasta el verano o el otoño si se repiten elecciones.
En el caso del monarca sería la primera visita de Estado de un rey de España en toda la historia, ya que su padre, don Juan Carlos, solo fue a La Habana para la cumbre iberoamericana de 1999. Ningún Gobierno español organizó una visita real a Cuba por no cumplir los parámetros democráticos que existen en el resto del continente americano.
Pasos sin efecto
Los esfuerzos del Gobierno del PP por contentar a los cubanos con una serie de gestos no han surtido efecto. Por ejemplo, el ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, ha impulsado un nuevo acuerdo de cooperación de la UE con Cuba tras años en los que los populares criticaron con vehemencia el acercamiento a La Habana que empezó su antecesor, Miguel Ángel Moratinos. España también participó en la negociación del Club de París con Cuba para condonar al país caribeño parte de su deuda.
La Habana pactó en diciembre pasado con 14 acreedores la reestructuración de un monto total de 11.083 millones de dólares (10.081 millones de euros), de los que más del 20% correspondían a España. El acuerdo incluía la condonación de los intereses de demora (7.730 millones de euros en total, 1.709 con España), y el reembolso del principal e intereses en un plazo de 18 años.
El problema para el Ejecutivo español, sin embargo, es que no puede firmar un acuerdo de condonación adicional de deuda a corto plazo al margen de los 201,5 millones de euros ya perdonados unos meses antes. El nuevo montante sobre la mesa es de 537 millones que se convertirían en inversiones españolas en la isla, pero el hecho de estar en funciones le impide dar ese paso.
Pese a la frialdad de las relaciones políticas, Madrid ha dado todos los pasos necesarios para despejar uno de los obstáculos que dificultaba el comercio con La Habana. Ahora falta coronar el proceso pero será tarea del nuevo Gobierno que se forme en España en las próximas semanas o tras las eventuales elecciones del 26 de junio.


