Enaltecimiento ácrata para un público infantil
La obra de los titiriteros detenidos en Madrid durante las fiestas de carnaval resume el ideario anarquista.
Una semana después de la polémica función de la compañía Títeres desde abajo en el Carnaval de Madrid, el Ayuntamiento no había desvelado aún quién era la segunda persona cesada por la “deleznable” obra, en palabras de la regidora Manuela Carmena, que llevó a los titiriteros Alfonso Lázaro y Raúl García a prisión desde el sábado 6 de febrero hasta el miércoles 9 (en que fueron liberados con obligación de comparecencias diarias ante el juez) por presuntos delitos de enaltecimiento del terrorismo al mostrar una pancarta con el lema “Gora Alka-ETA” y contra los derechos fundamentales y las libertades públicas.
Tampoco se explicó desde el Consistorio el destino de los 23.600 euros que se entregaron a los dos responsables cesados: el primero, Ramón Ferrer, era vocal del distrito de Tetuán y programó los festejos en su barrio con 5.600 euros. Los responsables de Títeres desde abajo iban a recibir 1.000 euros por dos representaciones. La segunda persona destituida, cuya identidad se desconoce más allá de que es “una mujer”, gestionó 18.000 euros de la empresa municipal Madrid Destino “en el marco de una encomienda de servicios”.
Más allá de la ocurrencia de mezclar en un acto público con niños a Al Qaeda y ETA, la obra es un resumen del ideario anarquista, como explicó la dirección de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en Granada, a la que pertenecía uno de los cómicos.
La historia de La bruja y don Cristóbal es una parodia de la “caza de brujas” de la que se queja el movimiento libertario en los últimos meses, a raíz de operaciones policiales como Pandora o Piñata, que llevaron a la detención de miembros de los Grupos Anarquistas Coordinados (GAC), a los que se atribuye la colocación de diversos artefactos explosivos de fabricación artesanal en varios puntos de España. Precisamente, los policías que arrestaron a Lázaro y García se incautaron de un “cuaderno-libreto realizado a mano” que tiene por nombre Contra la democracia y que el juez Ismael Moreno definió como el “ideario” de los GAC. ¿Qué enseñanzas anarquistas hay detrás de esta representación infantil.
Según la CNT, “la obra está protagonizada por una bruja, que representa a las personas de mala fama pública, y que se ve en la situación de enfrentarse a los cuatro poderes que rigen la sociedad, esto es: la Propiedad, la Religión, la Fuerza del Estado y la Ley. La protagonista está en su casa y, en primer lugar, su vida es interrumpida por la aparición del propietario, que resulta ser el legítimo poseedor legal de la casa donde vive”. Entonces, el arrendador decide aprovecharse de la situación para violar a la bruja. En el forcejeo, la bruja le mata pero queda embarazada y nace un niño.
El cuervo Rockefeller. Es entonces cuando aparece la segunda figura: una monja, que encarna la Religión. La monja quiere llevarse al niño, pero encuentra resistencia en la bruja y en el enfrentamiento, la atacante muere. A continuación, entra en escena el policía, que representa la Fuerza del Estado, y golpea a la bruja hasta dejarla inconsciente. Tras ello, construye un montaje policial para acusarla ante los tribunales colocándole la citada pancarta de “Gora Alka-ETA” sobre su cuerpo. Finalmente, surje la cuarta figura, que es la del juez, quien acusa y condena a muerte a la protagonista. Aparece una horca, pero la bruja se las arregla para engañar al juez, quien mete la cabeza en su propia soga, y esta aprovecha el descuido para ahorcarle y “salvar su propia vida”.
La CNT defendió a los detenidos con el argumento de que usar muñecos no supone que la obra sea necesariamente infantil. “En ello estaría de acuerdo el cuervo Rockefeller”, concluyó.


