El voto perdido de Albert Rivera
El Partido Popular intensificará su campaña electoral en nueve provincias donde Ciudadanos no obtuvo ningún diputado pero sus votos beneficiaron en unas ocasiones a Podemos y en otras al PSOE.
El Partido Popular tiene subrayadas en rojo nueve provincias a las que prestará una atención especial a lo largo de esta campaña. Se trata de una miscelánea en principio inconexa a la que no unen necesariamente vínculos regionales ni se encuentran situadas únicamente en territorios electoralmente hostiles para los populares. No es, desde luego, ni el caso de Galicia ni el de Castilla y León, tampoco el de La Rioja, pero hay en ese listado circunscripciones gallegas y castellanoleonesas, amén de la uniprovincial riojana.
En definitiva, ¿qué tienen en común Orense, Pontevedra, Burgos y La Rioja? Pues que la dispersión del voto de centro derecha, entendiendo como tal las papeletas con el logo del PP o de Ciudadanos, impidieron sumar a este bloque un diputado más en beneficio de Podemos y, también, del PSOE.
No preocupa tanto en el cuartel general popular el efecto que la concentración del voto de la candidatura Unidos Podemos (UP) pueda tener en el reparto de los restos electorales. De hecho, creen que el principal damnificado por ello será el PSOE, hundido a la tercera posición en la mayoría de los sondeos electorales, víctima propiciatoria de un sorpasso que hace un año nadie podía vaticinar.
La “utilidad de la papeleta”
Estratégicamente, el interés del PP está focalizado en intentar que no se pierdan votos en el espectro del centro derecha, “que tengamos en cuenta la utilidad de la papeleta”, indican fuentes de la dirección popular. Cojamos Burgos. Ciudadanos cosechó 33.000 votos, insuficientes para sacar diputado. Finalmente, ese asiento en el Congreso se lo llevó Podemos, con casi 37.000 votos. De no haberse ido parte de ese voto del PP (con 82.000 papeletas) a la formación de Rivera, Rajoy se habría hecho con tres de los cuatro diputados en liza por esta circunscripción.
En Pontevedra, tierra de adopción de Mariano Rajoy, la candidatura encabezada por Ana Pastor se impuso con 197.000 papeletas y 3 parlamentarios. Ciudadanos, con 51.000 votos, tampoco consiguió representación por esta provincia. El penúltimo escaño pontevedrés se lo acabó llevando, en este caso, el PSOE.
Los estrategas populares han puesto en marcha un plan especial de movilización en estas provincias, con un llamamiento al voto útil bajo el argumento de que “no le quitamos nada a Ciudadanos, porque tiene escasas posibilidades de sacar representación en estas circunscripciones”, al tiempo que se pondrá el acento no en que este sea un voto perdido “sino en que permite que Podemos o el PSOE mejoren resultado; hay que explicar que esa papeleta para Ciudadanos en realidad beneficia al bloque de izquierdas”. En definitiva, “provoca que la izquierda radical pueda tener un escaño más y no la suma del centro derecha moderado”, aducen desde la sede central de la calle Génova.
El PSOE también se vio beneficiado en otra provincia, Gerona, por la “pérdida” del voto a Rivera, pero el principal agraciado es Podemos. En La Rioja fue Pablo Iglesias el que se llevó el cuarto escaño, al igual que hicieron en Orense las Mareas, confluencia podemita.
Las otras cuatro circunscripciones preferentes para el PP son Lérida, Huesca, Navarra y Badajoz. En ninguna de ellas obtuvo representación la formación de Rivera y sí Podemos por el reparto de escaños de la Ley D´Hondt. Son nueve asientos en el Congreso de los Diputados que pueden determinar bien una mayor fuerza del eje del centro derecha o del centro izquierda en un Parlamento ajustadísimo.
Estas provincias, más la movilización del propio electorado instalado ahora en la abstención, constituyen los principales retos del Partido Popular en unas semanas fundamentales que pueden hacer variar un porcentaje no menor de voto. Mientras Pedro Sánchez admite el desánimo instalado entre los votantes socialistas, desde Génova dicen constatar que “el ciudadano está cansado, quizá tiene más ganas de votar y de que haya Gobierno que de campaña”. No obstante, la campaña se considera “muy importante” porque “todavía hay un grupo grande de personas indecisas sobre a quién apoyar”, que los sondeos estiman entre un 20% y un 30%.
Por eso, “hasta el final, pueden cambiar muchas cosas” en una noche electoral que exigirá esperar hasta la última papeleta escrutada, sobre todo en las grandes circunscripciones.



