El techo de cristal en el Gobierno
Varios potenciales ministros como Jorge Moragas o José Luis Ayllón se han quedado sin el premio de entrar en el Ejecutivo de Rajoy porque sus jefes les consideran imprescindibles en sus puestos.
Luis Sánchez-Merlo, el influyente jefe de gabinete de Leopoldo Calvo-Sotelo, conoció todas las cañerías institucionales en los tiempos de la UCD pero nunca pudo franquear las puertas de la sala en la que cada viernes se celebra el Consejo de Ministros en La Moncloa. Le pasó lo mismo a José Enrique Serrano, quien llevó la agenda y los contactos de Felipe González en su última legislatura y los de José Luis Rodríguez Zapatero en sus ocho años de presidente del Gobierno.
Tanto Sánchez-Merlo como Serrano sintieron de cerca el aura que tiene todo ministro cuando ejerce como tal, una condición que se prolonga más allá de su cese en el BOE, pues si algo perdura en el tiempo para un político es el haber sido miembro de un Gobierno. Y en privado lamentaron esa “maldición del idóneo” de la que se habla en las altas esferas de la Administración, ese techo de cristal en torno al Consejo de Ministros que pocos consiguen romper.


