El sindicalista deja paso
Cándido Méndez abandona, 22 años y cuatro presidentes de Gobierno después, la secretaría general del mayor sindicato español, UGT. Se va con las mismas ganas de cambiar las cosas que cuando llegó.
Han pasado casi 22 años justos. Les falta un mes porque fue un 10 de abril de 1994 cuando Cándido Méndez llegaba a la secretaría general de UGT. Todavía era presidente del Gobierno Felipe González, el primero de los cuatro presidentes que acabaría conociendo a lo largo de su mandato y sustituía en el cargo a Nicolás Redondo, el fiel sindicalista socialista que le había montado una huelga general al todopoderoso González, por entonces líder indiscutible del socialismo español.
A Cándido Méndez también le gusta citar a otro socialista famoso, el expresidente francés François Mitterrand, fallecido en enero de 1996, del que Méndez dice haber aprendido eso de que la democracia comienza con el empleo. “Sin un trabajo digno y un sueldo digno no hay democracia real”, dice con vehemencia cuando habla de la devaluación de salarios que han traído la crisis económica y la última reforma laboral.
Ahora, a punto de jubilarse, con el rabillo del ojo mirando hacia esos momentos en los que “por fin” podrá “disfrutar de aburrirse un rato”, con ganas de recuperar su vida privada y desaparecer de los focos mediáticos, Cándido Méndez dice que pasa el testigo de un sindicato “fuerte, sano y preparado para afrontar los retos de los nuevos tiempos políticos de una España que ha cambiado mucho”. Dos décadas dan para muchas alegrías y sinsabores. Es, después del mítico Pablo Iglesias, que estuvo 26 años al frente, el secretario general más duradero de UGT. Llegó al cargo en mitad del escándalo de la PSV, una cooperativa de viviendas promovida por el sindicato en Madrid, que estaba en quiebra y con muchos afectados que podían quedarse sin casa y sin dinero. Aquel problema se arregló, en parte con ayuda pública, pero década y media más tarde saltaba a primera línea de actualidad el caso de los ERE de Andalucía, donde algunos representantes de UGT estaban implicados en el reparto fraudulento de dinero destinado a indemnizaciones por despidos.
Méndez repite, cuando se le pregunta, que como secretario general es “responsable de todo, de lo bueno y de lo malo”, pero que ahora, tras años de instrucción judicial, hay suficientes datos como para asegurar que UGT saldrá indemne como organización aunque haya personas en otro tiempo vinculadas al sindicato que tendrán que pagar por lo que hicieron mal.
En cuanto a la parte buena, también le gusta recordar que bajo su mandato, “UGT ha vivido los mejores momentos de representación sindical y afiliación”. Ahora, el sindicato llega a su XLII Congreso Confederal con “860.000 afiliados al corriente de pago”. Es verdad que en 2010 había 1,2 millones de trabajadores con carné de UGT y que el número ha descendido mucho en los últimos cinco años. Méndez reconoce que ha habido un proceso de desafección hacia los sindicatos, pero achaca el descenso de afiliados a la caída del empleo.
El impacto de la crisis.
“Hasta 2011 –dice– seguimos creciendo y a partir de ahí el número cae. Hasta ese año, los trabajadores que pagaron la crisis fueron los temporales y la mayor parte de los afiliados son los que tienen contrato fijo. Después, a partir de 2012, con la reforma laboral, comenzó el despido masivo de trabajadores fijos y cayó la afiliación”. Aun así, a Méndez le gusta señalar que los de UGT “superan a la suma de afiliados de todos los partidos políticos juntos”.
El momento elegido para pasar el testigo, decidido ya hace mucho tiempo, coincide en el tiempo con uno de los procesos más complicados de la política española desde la Transición. “No tenemos precedentes”, dice Méndez, para asegurar después que el cambio generacional y la propia actualidad de los partidos ha creado unas expectativas como nunca antes se habían visto hacia nuevas soluciones políticas (ver entrevista en las páginas 58 a 60).
Tras afirmar que un cambio político, por muy radical que sea, no lo arregla todo de un día para otro, y que después hay que estar ahí, en la tierra, a pie de fábrica, en la defensa diaria de la calidad de vida de los trabajadores, Méndez se atreve a pedir “un esfuerzo supremo por parte de las fuerzas políticas del cambio que representan a más de 15 millones de votantes frente a un PP que tiene menos de la mitad de la suma del resto”.
Y hace otra petición más. “Se debería buscar una fórmula que garantice que el cambio es efectivo. Ir a una política de regeneración, con un modelo fiscal más progresivo, unas normas laborales más justas. Recuperar derechos fundamentales como la sanidad y la educación, hoy muy deteriorados, y atender las situaciones de emergencia social con un ingreso mínimo para los dos millones de personas en riesgo de exclusión”.
En la situación política actual, independientemente de los síes y los noes de unos a otros, para el ya casi exsecretario general de UGT “son los contenidos los que deben articular el entendimiento que luego se pueden materializar de muchas formas diferentes en un Gobierno”. Según Méndez, lo fundamental para que las cosas funcionen en esta nueva legislatura es “buscar un programa que sintetice las posiciones de unos y otros”.


