El show electoral
Bailar, cantar o actuar. Cualquier forma de acercarse a los votantes vale en campaña, pero no para todos. Sánchez podría aparecer de nuevo en programas de entretenimiento, en los que no veremos a Rajoy
En un canal de televisión, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, se marca una coreografía junto al equipo de uno de los programas de máxima audiencia. En otro, el líder del PSOE, Pedro Sánchez, desciende por un molino eléctrico de viento ataviado con un casco y suspendido en cuerdas de alpinista. En un tercero, los candidatos de Podemos y Ciudadanos, Pablo Iglesias y Albert Rivera, hacen un teatrillo para presentar la próxima emisión de un programa en el que ambos aparecerán. Entre estos formatos median semanas, incluso meses, pero si un votante despistado los viera con solo cambiar canales con su mando a distancia, podría pensar que los políticos han tomado los programas de entretenimiento, más distendidos y fuera de la matraca política habitual en los espacios informativos. En campaña los políticos invaden la televisión y, dentro de ella, programas donde no es tan frecuente verlos. No los demonicen. Solo buscan “humanizarse” a ojos de los votantes de cara al 20-D.
“El hacer gestos y cosas para que te humanicen es un clásico en política. En España se ha hablado más de gestión que de política en estos cuatro años y hay una necesidad imperiosa de todos los partidos y candidatos, sobre todo del PP y del PSOE, de aproximarse al electorado”, opina Iván Redondo, consultor político y experto en campañas electorales.
En el corto plazo, todo empezó con un baile aparentemente espontáneo y, eso sí, muy sentido, del candidato socialista en el 27-S, Miquel Iceta, que corrió como la pólvora por redes sociales, informativos y programas de todo tipo. Redondo, que sabe que Iceta es todo un experto en marketing político –“siempre ha sido más estratega que candidato”– cree que no ganó ni un voto más, pero sí consiguió destacar, algo que necesitaba.
A Iceta, en tanto que político bailongo, le llovieron muchos halagos en las redes sociales, pero también las críticas del PP, cuya vicesecretaria de Programas, Andrea Levy, dijo que le parecía una “frivolidad”. Un día después, ella misma se arrancaba a cantar durante la tertulia del Programa de Ana Rosa con la canción Una sola palabra, de Paulina Rubio. Antes que la vicesecretaria popular, dirigentes de Podemos fueron pioneros en esta disciplina del show electoral: Juan Carlos Monedero; la líder del partido en Andalucía, Teresa Rodríguez, o el alcalde de Cádiz se arrancaban sin problemas por coplas en los mítines.
Semanas después llegaría la participación de Sáenz de Santamaría en El hormiguero, donde habló de las fiestas con el equipo de Moncloa o de lo mucho que a Mariano Rajoy le gusta la música de los 80. Hasta el final del programa, cuando bailó junto al equipo. “Estuvo extraordinariamente bien, cercana, divertida, espontánea”, dicen en la dirección de comunicación de la sede nacional del PP. Tan satisfecho quedó el PP que la vicepresidenta aparecerá próximamente en una entrega de Planeta Calleja.
El 20 de diciembre, PP y PSOE se medirán por primera vez con otras dos fuerzas –Ciudadanos y Podemos– con posibilidades de obtener resultados que, como mínimo, les permitan condicionar la formación de Gobierno. Son los dos grandes partidos, en opinión de Redondo, los que tienen más necesidad de acercarse a los votantes a través de unos medios de comunicación que, por su edad, tanto Iglesias como Rivera “tienen de serie”. Frente a los dirigentes del PP y el PSOE, ellos conciben de por sí sus partidos como una plataforma para desarrollar los liderazgos personales. No tienen que intensificar su presencia en los medios porque es en ellos donde se han hecho grandes. Es más, Rivera e Iglesias han dado un paso más, grabando un programa de Salvados donde debatirán cara a cara, mucho más de lo que de momento tienen decidido los partidos tradicionales (ver recuadro en la página 54). Con ventaja mediática sobre el PP y el PSOE, Redondo estima, sin embargo, que Podemos y C’s tienen que trabajar en el terreno de las ideas, que también cuenta en campaña.
Ni en Ferraz ni en Génova se contempla como estrategia de campaña la aparición de sus candidatos en programas como El hormiguero o Planeta Calleja, pero tampoco descartan una posibilidad más remota en formaciones como IU o UPD, aunque sus dirigentes también dirían sí. Es el caso de Alberto Garzón, que de momento no ha recibido ninguna invitación de programas de entretenimiento a los que, llegado el caso, “iría sin problemas”. También diría sí la número 2 de UPD, Maite Pagazaurtundúa, a pesar de la vergüenza. “Siento pudor solo de pensarlo, y eso que me encanta bailar”, dice. Aceptaría si se trata de “humanizar a un personaje público y no ser chabacano”. Todos, dispuestos al infotainment, la unión entre información y entretenimiento, “porque, si no, nadie te hace caso”, dice Redondo.
Si así lo decide el comité de campaña del PSOE, no sería la primera vez que Sánchez se encuentra bajo los focos del showbiz. El año pasado hizo un descenso por un molino de viento junto a Jesús Calleja, con quien más recientemente también estuvo Rivera al volante en el Rally Baja Aragón. El líder socialista también acudió al programa de Pablo Motos y se prestó para hacer la compra en un supermercado con Thais Villas, de El intermedio. “Hemos hecho formatos muy diferentes y yo creo que novedosos y estamos satisfechos en el sentido de que nos permitieron dar a conocer a Pedro Sánchez a un público que normalmente no consume política”, explica su directora de comunicación, Verónica Fumanal, que en los próximos meses formará parte del comité de campaña que, entre otras cosas, decidirá si Sánchez vuelve a aparecer en programas de este tipo. Tienen ofertas y ninguna decisión preconcebida sobre qué no se va a hacer –“no hay ninguna que digamos: ‘No, no queremos hacer esto”–, pero eso se irá viendo en función de las necesidades de campaña.
Sánchez, dice Fumanal, se siente cómodo en unos formatos que han sido “superamables” con él, incluso con las consabidas “preguntas irónicas” a las que los políticos se tienen que enfrentar en ellos. “Son programas que siempre ha hecho con muchísima naturalidad”, algo a favor frente a otros políticos a los que “no les gusta y se ven más obligados por la coyuntura”.
En el PP no están dispuestos a ello y tienen muy claro que no todos los formatos valen para todos los candidatos, lo que puede traducirse por Rajoy. Igual que en la sede de Génova creen que la vicepresidenta estuvo muy bien, se descarta enviar al presidente del Gobierno a un espacio semejante: “Rajoy puede que encuentre otro formato, eso depende de las personas”.
Porque la tele también comporta riesgos. Aparecer forzado o poco natural puede restar más que sumar a la hora de hacer que los ciudadanos perciban a un político cercano. Y esto podría aplicarse a Rajoy, a quien –como el mismo PP– el experto Redondo también enviaría a un programa de entretenimiento. “Hace falta que Rajoy humanice su persona, pero tiene que buscar también los formatos coherentes”, dice. No tiene sentido enviar al presidente a bailar a la televisión, lo que no quiere decir que tenga otras opciones, como la entrevista que le hizo a principio de curso Ana Rosa Quintana en La Moncloa. En distintos contextos, también entrevistó a Sánchez, Rivera e Iglesias pero Redondo cree que fue Rajoy el “más beneficiado” por este formato. Es el marco que hoy le va bien a un político que, sin embargo, hace años llegó a hacer un cameo en una serie de ficción. Cuando Rajoy era ministro de Educación, hizo de sí mismo en un capítulo de Jacinto Durante, representante, protagonizada por Juan Luis Galiardo.
En todo caso, en el PP no ha habido una decisión en el sentido de “ahora vamos o no vamos” a este tipo de programas, es que ha habido pocas oportunidades. Y las que hubo no se quisieron o no se pudieron aprovechar, ya que, antes que la vicepresidenta, fueron invitados a ir a El hormiguero Miguel Arias Cañete y Esteban González Pons –número 1 y 2 de la lista de las europeas de 2014– pero en ningún caso cristalizó.
Aún hoy, la vicepresidenta mantiene en la web de El hormiguero tres momentos de su programa como los tres vídeos más vistos. En Ferraz constatan que cada vez que Sánchez interviene en un programa, este se convierte en uno de los temas más mencionados en Twitter –el famoso trending topic–. Vídeos muy vistos y menciones en las redes sociales son ganancias para unos programas que ahora reclaman más políticos porque reportan buenos datos de audiencia. Esto ya pasó hace un año cuando el líder de Podemos subía el share de los programas a los que acudía.
Jorge Rábago, responsable de Telegenia del PP, explica que, al margen del interés de los políticos, existe un fenómeno inverso. “Los medios están haciendo formatos menos adustos, menos sesudos, donde solicitan la presencia de políticos”. “Para nuestra sorpresa, con una audiencia muy elevada”, añade un experto que no es partidario de que un político vaya a la tele a bailar. “Todo tiene límites y depende de la persona, de hasta dónde quiere darse a conocer. Nunca está de más conocer alguna historia [sobre el político] pero el riesgo es que frivolicemos de tal manera la política que terminemos teniendo políticos que sean una especie de seres mediáticos y no profundicemos en sus capacidades”.
NUEVOS ESCENARIOS ELECTORALES, VIEJAS LUCHAS POR LOS DEBATES
Al margen de las novedades que puedan introducir nuevos formatos televisivos que buscan políticos en una mezcla de información y entretenimiento, ya han asomado en la precampaña electoral las mismas viejas rencillas entre partidos políticos por lo que respecta a la celebración de debates electorales.
A la elección de la cadena de televisión que lo organizará, el moderador o moderadora y a los acuerdos in extremis sobre los temas o el orden y duración de cada bloque, ahora se suma la existencia de dos partidos emergentes, Ciudadanos y Podemos, que quieren debatir en pie de igualdad con PP y PSOE.
De momento, el PP no ha aclarado sus preferencias, aunque parece probable que solo querrá un enfrentamiento entre Rajoy y Sánchez, a quien señala como su único rival a batir en las urnas.
Sánchez reaccionó a la información de El Mundo que decía que, como el PP, él tampoco querría un debate a cuatro, asegurando que él quiere debatir “con todos, sobre todo y sin cortapisas”. A la espera de ver en qué quedarán los debates del 20-D, el PSOE ha prometido una ley que los regule para que no dependan de los partidos.
El líder de Podemos no solo quiere debatir con Rajoy, Sánchez y Rivera, también que no haya “pactos previos” entre los equipos de campaña y que los candidatos respondan también a preguntas de los ciudadanos.
Rivera coincide con Iglesias en un debate a cuatro y pide a Rajoy y Sánchez que “no se escondan”. El candidato de IU, Alberto Garzón, pide abrirlo aún más: “En Europa se celebran debates a seis o nueve. Entre dos o cuatro es un fraude democrático”.


