El Rey llegó sin avisar a la fiesta de Sabino
Nadie sabía que iba a asistir. Fue un regalo sorpresa entre la mujer de Sabino Fernández Campo y el monarca, por sus 90 años.
Prometió llegar a las 21.10 horas y lo cumplió. El Rey entró por la puerta del Club Financiero Génova de Madrid como un invitado más al cumpleaños de Sabino Fernández Campo. Impecable, vestido de sport, con una chaqueta de cachemir en tono mostaza y corbata verde. El día anterior había recibido un SMS de María Teresa Álvarez. La mujer del que fue jefe de la Casa del Rey dudó mucho si enviarlo o no, pero sintió que debía comunicárselo y en un momento de impulso cogió el móvil y escribió a Don Juan Carlos explicándole que llevaba meses preparando una fiesta sorpresa a su marido por sus 90 años.
“¡Cómo no voy a estar yo aquí esta noche!”, se oyó decir al monarca durante el aperitivo previo a la cena. Los dos protagonistas se emocionaron al verse. Hubo abrazos, mucha confianza, complicidad y enorme cariño. Se encontraron al pie del ascensor.
María Teresa y Don Juan Carlos habían acordado saltarse el protocolo y que el Rey se presentara antes que el homenajeado. Uno de los escoltas reales hizo una llamada perdida al móvil de María Teresa cuando Don Juan Carlos, que llevaba de regalo unos gemelos de Bulgari, descendía de su coche. Era la señal concertada por el propio monarca. El matrimonio, que vive en el mismo edificio, tardó muy poco en llegar al lugar donde se celebraría una cena íntima de seis personas, según creía Sabino.
“¡Qué modelo de esmoquin tan original!”, comentó con cierta sorna Fernández Campo al Rey. Don Juan Carlos fue el único invitado que no llevaba la indumentaria que había pedido la anfitriona de la velada. Avisó que tenía una cena y que iría directamente del despacho. Estuvo encantador, bromeó y contó anécdotas. Habló sobre los secretos de su dieta: “Siempre me mantengo entre 88, 89 o 90 kilos, Si como más de la cuenta, al día siguiente no ceno”, mientras pasaban bandejas de jamón, croquetas y tortilla. Cuando alguien le dijo que era un hombre muy elegante y que podría imitarle el Príncipe, el Rey, con mucha diplomacia y riéndose, contestó: “Las comparaciones son odiosas”. Habló de George Bush, de Fidel Castro y de Hugo Chávez con buen humor.
Hasta el último detalle
Ante noventa testigos –las mujeres de largo, ellos de esmoquin–, el conde de Latores sopló las velas a los postres de una fiesta meticulosamente preparada por la propia María Teresa, desde la decoración de las mesas, con enormes hortensias azules y velas sobre agua, hasta la música en directo encargada a un cantante italiano que recordó canciones de los años sesenta, mientras se degustaba crema fría de melón, ensalada de salmón y caviar y lubina con gambas. Todo ello regado con Vega Sicilia.
Corbatas, plumas, marcos de plata, relojes y dos libros editados en 1918 año del nacimiento de Fernández Campo, fueron algunos de los regalos que recibió. El padre Ángel, el empresario Plácido Arango, los ex ministros Fernando Suárez, Alfonso Osorio, Marcelino Oreja, Miguel Herrero de Miñón, Cristina Alberdi, Mari Luz Barreiros, José Federico de Carvajal y Elena Boyra, Cristina Macaya, la editora Imelda Navaja, los periodistas José Oneto, Diego Carcedo, Cristina García Ramos, Manuel Soriano, Pilar Cernuda y Fernando Jáuregui, el psiquiatra Enrique Rojas... Así hasta noventa. Todos habían sabido guardar el secreto.
Deber cumplido
“A Sabino –dice su mujer– no le gustan las sorpresas, pero tuve que hacerlo así porque de otra manera no me hubiera dejado. Nadie tenía idea de que el Rey vendría. ¿Cómo es Sabino? Es una persona estupenda como marido y como amigo. No soy objetiva. Le quiero mucho y los defectos se suavizan al querer tanto a una persona. Por decir algo en contra, diré que no le gusta viajar y a mí me encanta. No hemos tenido ningún hijo en común, aunque es padre de diez hijos y veintiocho nietos, y parece que seguimos siendo una pareja de novios”.
Es impensable escribir la reciente historia de España sin citar a Sabino Fernández Campo. A sus envidiables 90 años, y cuando están a punto de cumplirse quince años de su cese como jefe de la Casa de su Majestad después de haber permanecido dieciséis trabajando codo con codo con Don Juan Carlos, el conde de Latores es una persona que ha cumplido con su deber. Tremendamente inteligente y educado, con un gran sentido del humor, afectuoso, ha dedicado toda su vida a servir al Estado. Así le describe su biógrafo, el periodista Manuel Soriano. “Ha sido una persona –cuenta– extraordinariamente leal al Rey y a la Institución. Ha trabajado para el futuro de la monarquía y ha contribuido a que ésta fuera constitucional, parlamentaria, moderna, para evitar los errores de Alfonso XIII “.
Dicen que el Rey, nada más acceder al trono, puso encima de su cama un letrero en el que se leía: “No cometer los errores de mi abuelo”. Lo pusiera o no, lo cierto es que Don Juan Carlos había aprendido la lección y muerto Franco, era el momento de aplicarla. “Sabino entendió muy pronto en qué consistía el encargo que le estaba ofreciendo el Rey. Era la tarea más difícil de su vida, pero no le asustaba, a pesar de ser consciente de los múltiples obstáculos que iba a encontrar en el camino”, explica Soriano.
Fe cristiana
Diez hijos, cuatro de ellos muertos. Álvaro, el mayor de los varones, murió cuando tenía 38 años, de un enfisema pulmonar. Años después, la desgracia volvió a hacer acto de presencia en la familia. Su hijo Sabino, de 44 años, perdió la vida al estrellarse su coche con una furgoneta que se le echó encima. La tragedia de la muerte de este hijo se produjo un año y medio después del fallecimiento de su primera mujer, tres días antes el 75 cumpleaños de Sabino y dos meses y medio después de su doloroso cese en la Zarzuela. Y esa mala racha siguió. En 2006 Sabino padeció dos tragedias familiares más: la muerte de dos hijas, Margarita, de 62 años y Cristina, de 60, tras sufrir largas enfermedades.
Su sólida fe cristiana y el apoyo incondicional de su segunda mujer está haciendo posible que el conde de Latores se sobreponga a una gran depresión. María Teresa tiene veintisiete años menos que él. También es asturiana. “Le conocí en Oviedo. Él era subsecretario de Información y Turismo y yo trabajaba en TVE. Teníamos muchos problemas laborales y mis compañeros delegaron en mí para que fuera a contarle nuestros conflictos. Mientras le hablaba, recuerdo que pensé que tenía ojos de buena persona”. Eso ocurrió en el año 1976 y María Teresa Álvarez no hizo nada para volver a verle, aunque supo desde ese mismo día que era un señor que le podía gustar. Veintiún años más tarde los unía en matrimonio el padre Ángel.
Sabino reúne todos los ingredientes para que le quieran. Es una persona sencilla, muy amigo de sus amigos y muy generoso. ¿Le quieren los Reyes? “Yo creo que sí –contesta María Teresa–, no sabría decirte quién más, si el Rey o la Reina. Pero he observado momentos y detalles que lo demuestran. Hay circunstancias difíciles de la vida donde al hablar con alguien que quieres existe una emoción. Sabino, desde luego, los quiere mucho”.



