El PSOE reabre su guerra orgánica

05 / 07 / 2016 Luis Calvo
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El debate abierto sobre si dejar o no gobernar al PP pone de manifiesto la debilidad del liderazgo de Pedro Sánchez. 

Durante la noche electoral, según avanzaba el recuento, los pasillos de Ferraz se llenaron de medias sonrisas en caras serias, amargas por la derrota pero felices por haber conjurado, en contra de todas las encuestas, el temido sorpasso de Podemos. El tercer peor resultado histórico consecutivo del PSOE, con cinco escaños menos que en diciembre, sabía paradójicamente a salvación. Nadie se atrevió a felicitarse por el resultado, pero entre los más afines a Sánchez, en privado, se volvía a soñar con la presidencia del Gobierno.

El baño de realidad no tardó en llegar. El lunes por la mañana, a la misma hora que las fuentes oficiales del partido sostenían que jamás se permitirían un Gobierno del PP ni por activa (voto a favor) ni por pasiva (abstención), el presidente extremeño Fernández Vara decía en una entrevista lo que todos fuera de Ferraz habían visto ya: “Una mayoría de españoles ha dicho que quiere que Rajoy sea su presidente, y los demás no lo pueden obstaculizar. (...) La gente ha dicho, el PSOE a la oposición, y el PSOE se va a la oposición”. El goteo de líderes con el mismo o parecido planteamiento continuó hasta que le llegó el turno a Susana Díaz. La presidenta lo puso negro sobre blanco: “Los ciudadanos nos han puesto en la oposición. Si con 90 diputados no era posible (formar Gobierno), con 85 escaños menos”.

¿Qué va a hacer entonces el PSOE? Como en la pasada legislatura, los socialistas tienen la llave del Gobierno. Sin la abstención de al menos uno de sus diputados, Mariano Rajoy nunca será presidente. Pero oficialmente eso es, a día de hoy, imposible. En una parte del equipo de Sánchez se siguen moviendo las calculadoras convencidos de que si Mariano Rajoy se estrella en la investidura, Sánchez podrían tener otra oportunidad con Ciudadanos y Podemos, ambos debilitados tras las elecciones. Será el Comité Federal del próximo sábado día 9, con los críticos presentes, el que determine la política de pactos a seguir, quien decida si dejar gobernar a Rajoy o embarcarse de nuevo en una investidura con poco futuro.

Sánchez sigue en la diana

Hasta entonces, el PSOE vive en la calma chicha que precede a la tormenta. El tremendo varapalo que Susana Díaz ha sufrido en  Andalucía, con la pérdida de la hegemonía frente al PP, no la ha descabalgado de su intención de enterrar el liderazgo de Sánchez. Esperará a que haya Gobierno, pero la batalla acabará por producirse. La presidenta ha dedicado palabras muy duras a la gestión de Sánchez durante los últimos meses y al resultado electoral. Con la derrota aún fresca, en una entrevista, Díaz aseguró que “no quería hacer leña del árbol caído”. Aunque corrió a matizar que se refería al resultado de su partido y no al candidato, todos tenían ya la imagen de Sánchez derribado por las urnas.

Susana Díaz cuenta además con un aliado inesperado. La consecución del séptimo escaño por Madrid supone que Eduardo Madina recupera su acta de diputado. Incluso si ella no quiere plantar cara, tiene un candidato ideal para hacerlo en su nombre. Después de tres amagos, sin embargo, nadie cree que la presidenta andaluza vuelva a dar un paso atrás en el último momento. Entre los dos bloques vuelve a surgir la idea de una tercera vía, no hostil a ninguno, que sea capaz de acabar con la división permanente del PSOE. Es la misma estrategia que en el 2000 llevó al liderazgo de José Luis Rodríguez Zapatero. Y viene con nombre. Patxi López, siempre que no repita como presidente del Congreso. En esta misma revista López aseguró hace unas semanas que había abandonado esa aspiración, pero las palabras, incluso impresas, se las lleva el viento.  

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