El PP regresa a las cifras de Fraga pese a ganar en 39 provincias
Los populares han perdido 3,6 millones de votos y algunas de sus jóvenes figuras se han quedado fuera del Congreso, pero se mantiene como primera fuerza y con la capacidad de bloquear cualquier reforma de la Constitución
Más que victoria amarga, el Partido Popular se encontró en la noche electoral del 20-D con un dulce envenenado. Sus 123 diputados (el 28,7% de los votos) le permiten seguir como primer partido del Parlamento, pero queda muy lejos de la mayoría absoluta y no le vale ni siquiera el comodín de Ciudadanos.
Mariano Rajoy anunció desde el balcón de Génova su intención de formar Gobierno y tiene dos factores a su favor: el PP cuenta con mayoría absoluta en el Senado, lo que puede retrasar la acción legislativa del Congreso de los Diputados –nunca impedirlo si hay una mayoría absoluta en la Cámara Baja–, y ha superado la barrera de los 117 diputados que le permitirá paralizar cualquier reforma de la Constitución que pueda pretender un eventual tripartito PSOE-C’s-Podemos.
Más allá de eso, Rajoy cuenta con muy pocas opciones sobre la mesa para intentar formar el próximo Ejecutivo. Gobernar en minoría con la geometría variable que puso de moda José Luis Rodríguez Zapatero en su segunda legislatura se antoja quimérico porque la moción de censura pendería siempre sobre su cabeza como una espada de Damocles. La segunda opción sería un pacto con Ciudadanos y los nacionalistas vascos y catalanes, a semejanza de lo que consiguió José María Aznar en 1996. Aquella fórmula funcionó gracias a las dotes negociadoras del propio Rajoy, por entonces ministro de Administraciones Públicas, pero el clima político se ha enrarecido tanto en los últimos años con la Convergència de Artur Mas, que una entente cordial entre ambos –y que dure cuatro años– se intuye inviable.
La tercera alternativa para el PP es tentar al PSOE con una gran coalición al estilo alemán. Sería una mayoría absoluta más que holgada en el Parlamento –213 diputados–. ¿Hay algún resquicio para un pacto PP-PSOE? A priori, solo una huida hacia delante del soberanismo catalán, en la que Junts pel Sí y la CUP pactasen una ruta acelerada hacia la independencia, podría lograr lo que ahora parece imposible.
El PP inicia la legislatura con la dura realidad –como se apresuró a recordar el PSOE– de ver cómo se ha dejado más de 3,6 millones de votos por el camino. Los 7,2 millones de apoyos son un triste consuelo para un partido que regresa a los umbrales de los años ochenta, en los que Manuel Fraga no logró superar la barrera del 26%. Además, los 123 diputados suponen el peor resultado del PP desde 1989, cuando todavía se llamaba AP.
En Génova se valora positivamente que el PP haya sido la fuerza más votada en todas las circunscripciones del país salvo en el País Vasco, Cataluña, las provincias occidentales de Andalucía y Badajoz, pero la fuga de votos ha sido generalizada, de ahí que algunas de las figuras emergentes del partido se hayan quedado fuera del Hemiciclo. Es el caso de Javier Maroto, vicesecretario general de Acción Sectorial y número 2 por Álava (el PP solo consiguió uno); Borja Sémper, candidato por Guipuzcoa, donde el PP no ha conseguido escaño; o Agustín Conde, uno de los diputados más trabajadores que tenía el PP y que no logró entrar por Toledo.
Otro golpe encajado la noche del 20-D en Génova es el hecho de que Marimar Blanco, hermana de Miguel Ángel Blanco –asesinado por la banda terrorista ETA– no haya conseguido el acta de diputada. Ella era la cara más visible del PP para mediar con las asociaciones de víctimas e iba en el número 14 de la lista del PP por Madrid, provincia en la que el partido cosechó 13 escaños. De igual modo, el número 15 de esta lista, ocupado por Francisco Martínez, secretario de Estado de Seguridad, tampoco ha logrado un sillón en el Congreso. Los populares, por contra, salvaron el segundo de los tres escaños que había en liza en Segovia, pese a que el elegido es Pedro Gómez de la Serna, quien se encuentra en paradero desconocido desde que saltó a las noticias su caso sobre comisiones de asesoría en el extranjero que compaginaba con su actividad parlamentaria.
A Gómez de la Serna se le ha abierto expediente en el PP y corre el riesgo de ser expulsado del partido, pues el Código Ético es muy exigente al respecto tras el caso Bárcenas. De ahí que en su escondite esté barajando la opción de irse al Grupo Mixto al inicio de la legislatura para salvaguardar su condición de aforado. De ser así, provocaría un quebradero de cabeza añadido para Rajoy.
El vicesecretario de Organización del PP, Fernando Martínez Maíllo, indicó al día siguiente de las elecciones que “lo más deseable” sería que Gómez de la Serna renunciase a su escaño y que corriera la lista. “Vamos a intentar que así sea, todavía nos queda tiempo para ello”, subrayó tras admitir que la dirección del partido no ha conseguido aún contactar con él.


