El padre de las donaciones se va en la cúspide
Estar en lo más alto de la tabla mundial durante 24 años ha convertido a la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) en el máximo exponente de lo que tiene que ser la marca España, tanto en el interior como allende los mares. Este organismo público, que nació en 1989 con fuertes reticencias en el mundillo sanitario y suspicacias políticas porque el término “nacional” recordaba a los tiempos de Franco, ha logrado lo imposible en la Administración española: vivir ajeno a los vaivenes políticos gracias a sus envidiables datos. Su director, Rafael Matesanz, ha sobrevivido a 13 ministros populares y socialistas desde que hace 27 años le pidieran que asumiera el reto de coordinar un trabajo que hasta entonces se circunscribía a la generosidad de unas cuantas personas y la dedicación altruista de unos pocos profesionales.
Estar en lo más alto de la tabla mundial durante 24 años ha convertido a la Organización Nacional de Trasplantes (ONT) en el máximo exponente de lo que tiene que ser la marca España, tanto en el interior como allende los mares. Este organismo público, que nació en 1989 con fuertes reticencias en el mundillo sanitario y suspicacias políticas porque el término “nacional” recordaba a los tiempos de Franco, ha logrado lo imposible en la Administración española: vivir ajeno a los vaivenes políticos gracias a sus envidiables datos. Su director, Rafael Matesanz, ha sobrevivido a 13 ministros populares y socialistas desde que hace 27 años le pidieran que asumiera el reto de coordinar un trabajo que hasta entonces se circunscribía a la generosidad de unas cuantas personas y la dedicación altruista de unos pocos profesionales. Matesanz ha estado al frente de la ONT de forma ininterrumpida salvo un breve interregno con Celia Villalobos entre 2000 y 2002, en el que fue despedido con cajas destempladas y pudo exportar su éxito a Italia. En estas casi tres décadas ha logrado unos guarismos difíciles de superar: en 1992, tres años después de poner en marcha la ONT, España alcanzó por primera vez el liderazgo mundial con 832 donaciones, lo que equivalió a 21,7 por cada millón de habitantes, ya que este último cómputo es el que se utiliza a nivel internacional para hacer este ranking que tanto enorgullece a los dirigentes políticos. Sin ir más lejos, Mariano Rajoy lo incluyó en el debate televisivo a cuatro de esta campaña electoral como uno de los logros en los que España puede sacar pecho junto al turismo.
Desde aquel 1992 nuestro país no se ha bajado del primer puesto ni un solo año. En 2015 dejó el listón en 1.851 donaciones (39,7 por cada millón de habitantes) y la perspectiva para este 2016 es aún más halagüeña: se prevé que España rebase por primera vez en su historia la barrera anual de las 40 donaciones por millón de habitantes, una cifra quimérica en países de nuestro entorno y que equivaldría a saltar más de nueve metros en la prueba masculina de longitud o ganar al jamaicano Usain Bolt en los 100 metros lisos.
De orígenes humildes –“fui el primer Matesanz en ingresar en la universidad”, dice a TIEMPO–, este nefrólogo hijo de segoviano y madrileña saborea sus últimos días al frente de la ONT tras haber entrado en la jubilación o la “edad cronológica” como lo llama él. Ya ha comunicado al titular de Sanidad, Alfonso Alonso, y a todos sus subordinados que se irá a su casa cuando haya nuevo ministro, aunque la aritmética parlamentaria está tan enrevesada que no puede intuir cuándo será el traspaso de poderes. “Voy a cumplir 67 años en octubre y con el cambio de Gobierno, que ahora es imposible de predecir, estar otra legislatura supondría otros cuatro años. También me voy por objetivos cumplidos. Creo que es un buen momento. Sobre todo por un razón, porque la ONT está en el mejor momento de su historia. Las cifras son récord en todo y lo seguirán siendo porque las líneas están muy bien marcadas. El momento de dejarlo es cuando está en lo alto, no cuando hay problemas”, asegura.
La clave para que Matesanz haya estado al frente de la ONT desde 1989 ha sido mantenerse “en un plano técnico” y sortear las “aguas turbulentas” que todo puesto público tiene en el día a día. “Coordinamos a 17 comunidades autónomas, cada una con un Gobierno distinto, pero no tenemos discrepancias políticas”, subraya antes de lanzar una advertencia a los futuros ministros que tengan la tentación de politizar esta institución: “En el momento que alguien quiera jugar a política con esto, saltará en pedazos. Por eso, la persona que venga aquí no tiene que estar marcada políticamente, tiene que ser un reconocido técnico”.
Los datos le dan la razón. Los 1.851 donantes del año pasado supusieron un aumento del 10% con respecto a los datos de 2014 y que permitió que en nuestro país se realizasen una media de 13 trasplantes diarios, o lo que es lo mismo, uno cada dos horas. España logró así ampliar la distancia que mantenía con el resto del mundo en tasa de donación de órganos y supera en más de 20 puntos a la media de la UE (19,6 donantes por millón de población) y en más de 13 puntos a Estados Unidos.
Estas cifras no se podrían sustentar si cada comunidad autónoma fuese por su lado y aplicase el baremo egocéntrico de que cada donación se debe quedar en su territorio. Es en la ONT donde se decide en última instancia a qué sitio se va a llevar un órgano recién donado. La lista de prioridades se consensua previamente con las comunidades autónomas y estas saben que al final salen ganando en vez de intentarlo por sí solas. “La garantía de que esto funcione es que se aplique a rajatabla, sin discusiones”, afirma Matesanz antes de esgrimir el dato de que el 23% de los órganos que se trasplantaron en 2015 procedían de una comunidad distinta. “Sería absurdo que una región hiciera algo distinto porque saldría perjudicada”.
La actividad de la ONT no se podría realizar sin la colaboración de las compañías aéreas. Los órganos extraídos para una donación tienen una vida media muy corta: un corazón o un pulmón no pasan de las cuatro horas; el hígado, un poco más (entre 6 y 8 horas); mientras que el riñón, en el mejor de los casos, puede aguantar entre 18 y 24 horas. Compañías como Iberia, Vueling o Air Europa colaboran de forma desinteresada para que los órganos en nevera se trasladen en sus vuelos regulares. De los 602 vuelos que se efectuaron en 2015, un total de 444 lo fueron con compañías aéreas privadas y 158 en vuelo regular. También en 2015 se firmó un convenio con Renfe para el traslado de órganos en AVE e, incluso, en 61 ocasiones se utilizaron bases militares del Ejército del Aire para que las donaciones pudieran llegar a tiempo a la mesa de operaciones. El 14 de diciembre de 2015 se registró un nuevo récord de donantes en España en un mismo día con las aportaciones de 15 fallecidos y uno vivo. Estas donaciones permitieron realizar un total de 38 trasplantes en 29 hospitales de once comunidades autónomas. En aquel esfuerzo ímprobo colaboraron más de 600 personas. Con estas cifras, ¿es posible que España pueda exportar órganos al extranjero? Sí, porque España recibe peticiones en este sentido todos los días, aunque con grandes limitaciones debido al poco tiempo que se tiene para ser trasplantados.
Nuestro país cubre su demanda de órganos de forma satisfactoria, aunque un 4% de los pacientes fallece sin que le haya llegado un órgano compatible. “Uno de los problemas que tiene la donación de órganos, que no de tejidos, es que nunca se llega al 100% del éxito. Del hígado, por ejemplo, hacemos entre 1.000 y 1.100 trasplantes al año. Pero si tuviéramos 2.000 hígados los pondríamos”, hace hincapié Matesanz. Demandas, por tanto, siempre habrá y el que sobren órganos solo se da en momentos muy puntuales. El porcentaje de fallecidos que no consigue un trasplante, a pesar de estar en lista de espera, siempre estará ahí por mucho que España disponga del sistema más avanzado del mundo. Cada poco tiempo habrá algún paciente que no se quede a las puertas del quirófano al no haber un órgano de sus características, muchas veces porque la enfermedad se detecta en una fase muy avanzada. “A nosotros nos gustaría que la cifra [de pacientes fallecidos en espera de un órgano] fuese cero, pero no es posible: siempre habrá alguno que fallezca”, reconoce.
Así las cosas, la ONT únicamente ofrece órganos a países terceros en casos muy concretos y cuando no son necesarios en el territorio español. “El intercambio de órganos es muy cerrado, únicamente a cinco países de nuestro entorno”, subraya el padre de la directiva europea de trasplantes, que se aprobó en 2010 en un tiempo récord de cuatro meses. La solidaridad española se circunscribe solo a Francia, Italia, Portugal, el sur de Inglaterra y el sur de Alemania. Más lejos es imposible por falta de tiempo.
Matesanz se retirará con la satisfacción de ver cómo casi todos los países europeos y Estados Unidos han copiado algún elemento de la ONT. Eso sí, el llamado modelo español requiere, a su juicio, de un sistema público sanitario muy potente. Hay lugares como Alemania donde el peso de la medicina privada y las mutuas es enorme y no hay prioridad en las donaciones, así que el liderazgo español no parece que corra peligro.



