El negocio de las memorias

17 / 09 / 2010 0:00 SILVIA GAMO [email protected]
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políticas El viaje de Tony Blair ha vendido en su primer día lo mismo que Harry Potter. Ni Aznar ni ningún otro político español han logrado algo similar. Los editores de Planeta, Debate y Ediciones B explican por qué.

Cuánto pagaría por leer las memorias de Belén Esteban? ¿Y por las de Zapatero? Quizá la mayoría de los españoles pague más por las primeras que por las segundas. Esta es una respuesta simple de por qué las memorias políticas no venden -o no venden tanto como en otros países- en España. El ex primer ministro británico Tony Blair acaba de publicar las suyas en Reino Unido y se han convertido en un fenómeno literario. El primer día en las librerías los ejemplares vendidos igualaron a El código Da Vinci, de Dan Brown, y a los Harry Potter de J. K. Rowling. En ellas, Blair cuenta algunos detalles muy morbosos de la cocina política británica. Por ejemplo, tilda de “manipuladora” a Lady Di, confiesa que tuvo algún que otro problemilla con la bebida y llama de todo menos bonito a Gordon Brown.

La segunda respuesta a por qué en España no arrasan las memorias políticas es más compleja. Los españoles preferimos la ficción, lo dicen las ventas, y más aún en este año de crisis. Si a eso se añade que los políticos autóctonos suelen desvelar más bien poco, y a veces nada, en sus memorias, se hace muy difícil que los españoles compremos sus libros. El éxito de unas memorias políticas, explica David Figueras, editor responsable del área de no ficción de Planeta, “depende de muchas variables”: “Hay que diferenciar entre el personaje interesante y el que no es interesante y el que cuenta más o menos. Nosotros hemos tenido éxitos y fracasos. Políticos que parecía que iban a hablar mucho y acaban hablando poco. Por ejemplo, Santiago Carrillo es un personaje político de envergadura, del que hemos publicado libros y todos han funcionado bien porque el personaje interesa y porque Carrillo habla”, asegura.

Los 50.000.

Se dice que las memorias del ex president Jordi Pujol no funcionaron mal. Y que las de José María Aznar no fueron el éxito esperado entre el público. Se echó en falta la intrahistoria política de lo que fueron los ocho años del gobierno del Partido Popular. Sin embargo, desde Planeta no se tiene la misma perspectiva. “De los cuatro libros de Aznar alguno ha funcionado muy bien y el que peor ha funcionado lo ha hecho mejor que la media de la editorial”, asegura Figueras. Y es que el concepto de rentabilidad para las editoriales es muy variable. Un libro puede ser rentable habiendo vendido 2.000 ejemplares. Depende del adelanto pagado al autor. Lo normal es que un libro que venda entre 50.000 y 100.000 ejemplares sea un éxito.

Ricardo Artola, director editorial de Ediciones B, asegura que en el éxito de las memorias de Blair han influido diversos factores. Por un lado, hay una fuerte apuesta por parte de la editorial, y por otro, “se trata de un personaje controvertido que da la impresión de que habla sin tapujos”. “En España las memorias políticas no son bestsellers precisamente por lo contrario de lo que ocurre con Blair, porque los políticos cuentan muy poco. Aquí parece que no se pueden rememorar episodios del pasado de forma crítica y menos aún si los mencionados han muerto”, afirma Artola. Precisamente, Ediciones B es editora de uno de los libros de memorias políticas que ha tenido un gran éxito, el del ex diputado de la Chunta Aragonesista José Antonio Labordeta.

Por su parte, Miguel Aguilar, director de Debate, incide en que el mercado español tiene notables diferencias con el anglosajón. “En España domina la ficción y no hay tanta tradición como en el mundo anglosajón, donde tiene un gran arraigo. Tampoco hay ejemplos de éxitos arrolladores. Decía Mario Vargas Llosa que los ingleses son muy discretos de viva voz y muy indiscretos por escrito, mientras que los latinos son al contrario y eso quizá contribuye al menor éxito de las memorias. También es verdad que si Blair ha cobrado cinco millones de libras tiene que contar algo”, asegura.

De ahí que editoriales como Planeta incluyan ya en sus contratos cláusulas de contenidos, sobre todo para autores y libros importantes. Es decir, si cuando el autor entrega la obra, ésta no responde a las expectativas pactadas sólo caben dos opciones: o se revisa o no se sigue adelante. Se hace por escrito y después de un briefing con el autor. Es el “tanto cuentas, tanto vales”.

La apuesta.

Las editoriales creen en este género a pesar de tener un techo de ventas relativamente bajo, como asegura Ricardo Artola. Aunque más que por el género en sí, se apuesta por el personaje y sobre todo por el contenido: “Apostamos no por el género sino por el personaje cuando hay contenido, cuando hay chicha, entonces el anticipo será alto porque hay una expectativa alta y un esfuerzo de promoción y marketing. Cuando publiquemos las de González haremos mucho ruido”, sentencia. Y es que tanto el ex presidente González como Alfonso Guerra tienen comprometidas sus memorias con esta editorial.

Los editores tienen ahora puestos los ojos en los políticos de la Transición. Dicen que este es el momento en el que están dispuestos a contar cosas. Que tiemble Belén Esteban.

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