El índice Cera
El Museo de Cera de Madrid se hace un hueco en las redes sociales con el traslado o la retirada de figuras al mismo tiempo que sus modelos caen en desgracia.
Lo cambiamos de ropa y lo pusimos al lado de los deportistas”. El 26 de enero, Iñaki Urdangarin “desaparecía” de la web de la Casa Real. A 22 kilómetros de La Zarzuela, donde se había tomado la decisión, el Museo de Cera de Madrid tomaba otra: sacar su figura de la sala real, donde posaba junto a las infantas, y llevarlo a la entrada de la sala del deporte.
El Urdangarin de cera recorría un camino parecido al que años antes había seguido su exconcuñado, Jaime de Marichalar. Cuando se anunció su “cese temporal de la convivencia” con la infanta Elena en 2007, fue trasladado desde la sala real hasta uno de los tendidos de la sala de la tauromaquia, “porque era aficionado”, puntualiza Gonzalo Presa, relaciones públicas del museo. Paradojas de la vida, la figura de Marichalar fue colocada junto a la de Isabel Pantoja, detrás de Paquirri, en un tendido maldito, puesto que de él han salido las dos figuras que, de momento, han desaparecido por sentencia firme, una de divorcio y otra condenatoria. La figura de cera de Marichalar fue retirada definitivamente, con su divorcio, en 2009.
Frente a las dudas de los políticos acerca de cuándo deberían cesar dirigentes en un proceso judicial, el Museo de Cera lo tiene claro. Cuando haya sentencia condenatoria, como ha ocurrido con Pantoja, culpable de blanqueo de capitales. Se ha adelantado a la Junta de Andalucía, que espera que la sentencia sea firme tras el recurso de la tonadillera para retirarle la Medalla de Oro de Andalucía.
Cuando se trata de un miembro de la familia del Rey, la señal es cuando La Zarzuela lo desaparece de la vida pública, como ha pasado con Marichalar y, en menor medida, con Urdangarin. O cuando se opere algún otro cambio de protocolo. Así ocurrió por ejemplo el pasado 12 de octubre, cuando descubrimos que la infanta Elena ya no presenciaba el desfile de las fuerzas armadas junto a sus padres y hermanos –la infanta Cristina no asistió–, sino desde una tribuna inferior, al lado de Rubalcaba. Cuando se emitieron estas imágenes por televisión, el museo ya había reaccionado al anuncio que el día anterior había hecho La Zarzuela para explicar que, a partir de ese momento, el “núcleo duro” de la Familia Real serían solo los Reyes y los Príncipes. Las infantas de cera dejaron de estar a los lados de este núcleo duro y fueron colocadas en un extremo de la sala, frente a la soberbia reproducción de Los fusilamientos, de Goya.
“Fuimos trending topic el martes pasado”, apunta Presa, en relación a la reacción que tuvo en Twitter el anuncio de que se retiraba la figura de Pantoja. “Se ha vuelto a convertir en una referencia social”, apunta, divertido, Presa, que sabe perfectamente que en las redes sociales son habituales los chascarrillos sobre quién será la próxima figura en salir del Museo de Cera. De momento, no se espera que haya muchas más, porque Urdangarin es el único imputado. Ningún otro nombre de los que copan la actualidad de tribunales tiene réplica de cera.
La práctica habitual cuando se retira una figura es avisar por carta al modelo de carne y hueso, a quien a veces se ofrece recuperar la ropa que, no es el caso de la Familia Real, suele prestar a sus figuras de cera. El centro aún no ha hablado con Pantoja, recién condenada, ni está previsto que le ofrezcan recuperar su ropa porque, tras 28 años, “no está para devolver”.
Pendiente constantemente de la actualidad y con especial atención a la web de La Zarzuela, Presa es, en gran medida, responsable de la notoriedad que en los últimos años ha alcanzado el museo gracias a una especie de índice Cera en el que las figuras suben y, sobre todo, bajan al mismo tiempo que sus modelos reales caen en desgracia. En realidad, explica, solo ha habido dos bajas por sentencia –Marichalar y Pantoja– en los más de 40 años de historia de un museo que calca en cera a lo más granado de la historia y la actualidad política, social, cultural y deportiva. Hoy están expuestas 459 estatuas de más de 2.000 que han pasado por sus salas. Por razones de espacio, igual que aparecen unas, desaparecen otras, bien porque unos presidentes suceden a otros o porque las figuras del mundo del espectáculo dejan de tener el tirón que las colocó allí. También ha habido ascensos: Mario Vargas Llosa estaba colocado en la tertulia literaria que reúne a escritores desde los de la Generación del 98 hasta contemporáneos, de la que salió cuando se le concedió el Nobel para figurar en solitario con una placa conmemorativa. Las próximas adquisiciones serán Alaska y el papa Francisco.
El caso de Sarah Ferguson.
Cuando se retira una figura, las partes de cera –normalmente, la cabeza y las manos– van a parar a una nave en las afueras de Madrid. También es habitual el paseíllo en la inmortalizada carretilla en la que salió del museo Marichalar. Presa niega que, como se dijo, hubiera mala intención ni que la Casa Real avisara a los fotógrafos. No puede compararse el trato que recibió el exyerno con el que el Madame Tussauds de Londres dio a Sarah Ferguson cuando se divorció del príncipe Andrés: Buckingham sí llamó a los fotógrafos para que inmortalizaran el momento en que la figura de Fergie era arrojada a un contenedor de la basura.
En Madrid se dio también mejor trato al Michael Jackson de cera. Mientras que Londres lo retiró de la circulación durante el juicio por abusos sexuales a menores, Madrid esperó a una sentencia que, finalmente, fue absolutoria. Por tanto, ahí sigue el Rey del pop, en la misma sala en que entró hace poco el ídolo de adolescentes Justin Bieber, que tiene un fallo en el que no se quiere que incurran, por ejemplo, las infantas Leonor y Sofía. Tener una estatua de cera tan joven hace que en un par de años, la copia no se parezca al modelo. Por eso no está previsto que las hijas de los Príncipes tengan la suya hasta, incluso, los 18 años.
De momento, Urdangarin permanece en la entrada de la sala dedicada al deporte, vestido de calle y observando a Vicente del Bosque, la última adquisición, junto a varos futbolistas, Nadal o Induráin. Puede que en los próximos meses parta hacia Catar para ser segundo entrenador de su selección de balonmano. “Ya sabían los servicios de inteligencia del museo que volvería al deporte”, bromea Presa, que vuelve a estar a la espera de la señal de Casa Real.



