El fuego tóxico invade Chiloeches
Tienen en común una actividad ilegal, empresarios huidos y una dudosa gestión política de sus efectos.
La temporada de calor se abrió y se cerrará este año con dos grandes incendios que tienen mucho más en común que la comunidad autónoma en la que se han declarado, Castilla-La Mancha, y el alto grado de toxicidad que en un caso se ha confirmado y en el otro se presupone. En mayo ardieron cerca de Seseña (Toledo) unas 70.000 toneladas de neumáticos y agosto se cierra con un nuevo fuego enclavado en otro vertedero ilegal, el de una planta de reciclaje en Chiloeches (Guadalajara), donde en los primeros días ardieron unas 20.000 toneladas de sustancias tóxicas.
Las diferencias entre ambos siniestros son evidentes, porque el de Seseña fue cuatro veces mayor, se produjo al aire libre y se sabía que lo que ardía eran neumáticos. En Chiloeches, expertos como la ONG Ecologistas en Acción reclaman un inventario exacto de las sustancias que están ardiendo en un lugar que almacenaba disolventes orgánicos, pinturas, aceites industriales o desinfectantes, “sustancias en general bastante tóxicas”, según su portavoz Paco Segura.
A partir de ahí, empiezan unas similitudes que llegan incluso a la inquietante sospecha que ha deslizado el alcalde de Seseña, Carlos Velázquez, sobre el parecido en la manera en la que se originaron ambos fuegos, quizá por la idea de que ambos habrían sido provocados. Este extremo, no confirmado, entroncaría con otras de la similitudes entre Seseña y Chiloeches: en ambos casos, las llamas acabaron con vertederos que habían sido declarados ilegales por las autoridades, y en ambos, sus propietarios tenían que hacer frente a abultadas facturas para desmontarlos.
Multas
En Chiloeches, la empresa que gestionaba la planta, Kuk Medioambiental, tendría que desembolsar 1,2 millones de euros. Además de la factura, en lo que también coinciden ambos casos es en el misterio que rodea a los propietarios de ambos vertederos. Según publicó El Mundo a finales de mayo, la empresa que gestionaba el cementerio de neumáticos de Seseña sería propiedad de un hombre que hoy se gana la vida como camarero en Llanes (Asturias) y que niega cualquier poder ejecutivo en la compañía. El propietario de Kuk Medioambiente no había aparecido días después de declarado el incendio en Chiloeches y hay quien apuntaba que podría haber huido a Rusia.
Uno de los peores puntos en común entre Seseña y Chiloeches es el de la contaminación atmosférica y el perjuicio para quienes respiren su humo, advierten en Ecologistas en Acción, que tras semanas reclamando datos de toxicidad a la Junta de Castilla-La Mancha, terminaron haciendo un estudio que determinó si los vecinos de la zona respiraron valores de benceno, dióxido de azufre y otras partículas muy por encima del límite que marca la Organización Mundial de la Salud. Como en ese caso, las partículas que liberó el incendio de Chiloeches no están siendo medidas correctamente ni en lugares donde llegue el humo del fuego, denuncia Segura, que critica la actitud de la Junta de Castilla-La Mancha de tratar de convencer de que es una “situación de normalidad”, cuando no lo es. Como en Seseña, en Chiloeches se ha declarado el nivel 2 del protocolo de emergencia, lo que permite que actúe la Unidad Militar de Emergencia (UME) en las tareas de extinción, pero no se aplica otro aspecto de este nivel de alerta: la obligación de evacuar y alejar a la población de los puntos más problemáticos.
Pésimo año de incendios
Al margen de Chiloeches y Seseña, en lo que va de año, 2016 volverá a ser catalogado como un periodo pésimo por lo que respecta a hectáreas de monte abrasadas. Según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Medioambiente, hasta el 21 de agosto habían ardido 35.268 hectáreas de superficie forestal en 1.335 incendios de los cuales 11 están catalogados como grandes incendios, por afectar a más de 500 hectáreas, entre ellos en La Palma y los fuegos que afectaron a Galicia este agosto.



