El floreciente negocio del dopaje

24 / 10 / 2008 0:00 Miguel Amores
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El comercio ilegal con sustancias dopantes, al alcance de cualquiera gracias a Internet, resulta en ocasiones más rentable que el narcotráfico.

Aún no ha trascendido quién le suministró EPO a Maribel Moreno, la ciclista española que ha sido la primera competidora en ser expulsada de los Juegos Olímpicos de Pekín por dopaje, pero lo que sí es seguro es que no le fue difícil adquirirla. El mercado negro de estas sustancias estimulantes, que se adquieren fundamentalmente en ciertos gimnasios y a través de Internet, es tan grande y se halla tan fuera de control que los deportistas tramposos, además de su consabida falta de escrúpulos, no necesitan más que un ordenador y unos cientos de euros en su cuenta corriente para hacerse con ellas. En la Red existe un sinfín de foros donde los internautas ofrecen (y demandan), sin ningún disimulo, todo tipo de sustancias dopantes. Se trata de productos no sólo prohibidos por las federaciones deportivas, sino también por la justicia ordinaria, ya que pueden tener efectos muy dañinos en la salud del atleta. En su mayoría, se trata de sustancias elaboradas en laboratorios clandestinos de países de Extremo Oriente y Europa del Este que no se ajustan a ningún control sanitario. “El riesgo de adulteración es muy alto”, afirma José María Recalde, científico andaluz que ha participado en numerosos estudios sobre complementos dietéticos usados por deportistas. “No sabes lo que lleva, qué otras sustancias lo acompañan, ni en qué dosis, ni las condiciones de fabricación y conservación –sostiene– por lo que a largo plazo se pueden sufrir distintas afecciones cardiovasculares o hepáticas.” A pesar de estos riesgos, hacerse con sustancias dopantes no resulta compli- cado. Basta entrar en ciertos foros de Internet para encontrarse con largas listas de productos prohibidos no sólo por la Agencia Mundial Anti-Dopaje (WADA en sus siglas inglesas) –la institución mundial de referencia en este asunto–, sino por cualquier médico sensato.

Así, bastó introducirse en un foro de la Red dedicado al fisioculturismo, haciéndose pasar por un atleta en busca de anabolizantes, para hallar una copiosa enumeración de productos de dudoso origen. Un proveedor mexicano, por ejemplo, ofrecía sustancias como la nandrolona por 750 pesos (unos 50 euros). Se trata de un esteroide habitual en los casos de dopaje entre velocistas, y por cuyo consumo han sido sancionados futbolistas como Carlos Gurpegui, centrocampista del Athletic de Bilbao, que fue suspendido en 2002 por dos años.

EPO a 450 euros

Tampoco fue trabajoso conseguir eritropoyetina, más conocida como EPO, la sustancia que ha lastrado el prestigio del ciclismo profesional desde mediados de los noventa y arruinado las carreras no sólo de grandes figuras de la bicicleta de la última década, sino también de atletas como la estadounidense Marion Jones, que fue despojada de sus cinco medallas (tres oros y dos bronces) conseguidas en los Juegos de Sidney 2000. La EPO fue concebida como medicamento para enfermos renales, pero tiene el efecto secundario de aumentar la cantidad de eritrocitos en sangre, lo que produce que los músculos reciban mayor cantidad de oxígeno y la fatiga tarde más en aparecer. Pocos días después de solicitar con urgencia en un foro “un par de cajas o tres” de EPO, un proveedor ofreció seis dosis de dicha sustancia por 450 euros (el precio legal de mercado de esta misma cantidad es de unos 250 euros). El pago se realizaría por transferencia bancaria y la entrega se haría a través de un servicio de mensajería a domicilio. Cabe destacar que la EPO requiere unas condiciones de conservación muy exigentes (mantenerse a una temperatura de entre 2 y 8 grados, que no le dé la luz, etcétera), por lo que este tipo de envío no ofrece suficientes garantías. Además, al contrario que los anabolizantes, que en algunos casos pueden adquirirse legalmente en tiendas de dietética deportiva, la venta de EPO se reserva a uso hospitalario, por lo que esta operación sería por entero ilegal. El mayor peligro del tráfico incontrolado de estas sustancias es su gran rentabilidad, tal como relata el jefe de la Unidad de Consumo y Medio Ambiente del Cuerpo Nacional de Policía. Dice que en España aún no hay estimaciones sobre la cantidad de dinero que mueve este contrabando, aunque sí se sabe que ésta es muy elevada (según la última estimación de Interpol, realizada en 2004, el volumen de negocio de esta actividad a escala global es de 20.000 millones de dólares). Cita como ejemplo una operación llevada a cabo recientemente por su unidad en Aranjuez (Madrid) en la que incautaron productos dopantes por valor de 1.800.000 euros. “De ahí –afirma– que en muchas ocasiones traficar con anabolizantes resulte más rentable que hacerlo con drogas.” En opinión de este mando policial, es previsible que el consumo de este tipo de sustancias, sobre todo de anabolizantes, se incremente en el futuro. Prueba de ello es que la policía ha desarticulado ya varios laboratorios clandestinos en la zona de Levante, cuando tradicionalmente España importaba estos productos dopantes, que provenían en su mayor parte de países asiáticos. Según la autoridad consultada, el destino principal de estos estimulantes es el gimnasio, donde se distribuyen por individuos sin apenas conocimientos médicos o farmacológicos.

Dopaje en la élite

Estas sustancias tienen como consumidores preferentes a los deportistas aficionados, ya que “la mayoría de los atletas profesionales cuando consumen sustancias dopantes las adquieren por otros medios y con frecuencia asesorados por facultativos”. Se refiere con ello a casos como el de la operación Puerto, llevada a cabo por la Guardia Civil en 2006, con la que se desarticuló la mayor red de tráfico de sustancias dopantes. En un principio, se acusó al médico español Eufemiano Fuentes, del que se creía era el responsable de la trama, de suministrar sustancias prohibidas a ciclistas de distintos países, aunque finalmente fue absuelto por no estar entonces penalizado el dopaje. A comienzos de este año se reabrió la causa, pero ahora sólo se le juzga por una posible infracción contra la salud pública. Sin embargo, desde el Consejo Superior de Deportes se afirma que, cuando se trata de adquirir sustancias en el mercado negro, las fronteras entre el deporte amateur y el de alta competición no están claras. “Es un totum revolutum” , sostiene. Los anabolizantes de diversos tipos copan el mercado de las sustancias prohibidas en España, según fuentes policiales. Esto se debe en parte al enorme consumo de estas sustancias por parte de los culturistas, que necesitan de ellas para moldear sus musculaturas imposibles. Según diversas fuentes institucionales, respaldadas por los testimonios de usuarios de gimnasios consultados por este medio, el consumo de esteroides anabolizantes y de todo tipo de complementos nutricionales de oscura procedencia son moneda común en el ámbito del culturismo. Incluso algunos cargos de la Federación Española de Fisioculturismo como Emilio Martínez, presidente de la delegación valenciana, reconoce en su web la existencia de “pócimas mágicas” que “aparecen por doquier en cualquier gimnasio de mala muerte”.

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