El estilo Colau, la alcaldesa que va por libre
Ada Colau ha acuñado un estilo de gobernar Barcelona que no contenta a casi nadie.
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, acaba de interponer cuatro multas de 315.000 euros cada una a Sareb, BBVA y Banco Santander. ¿El motivo? Sareb tenía dos pisos vacíos sin alquilar; BBVA, uno y Santander, otro. En julio de 2015 se les había abierto expediente por esta situación y ahora se ha resuelto la multa. Lo que comenzó con una multa de 5.000 euros acabó en 315.000 porque, para el Ayuntamiento de Barcelona, lo importante “es que los pisos tengan un uso social. Las multas no están pensadas para recaudar”. El tema evidencia un cambio radical con la forma de gobernar hasta ahora. De hecho, Ada Colau fue la primera en aplicar a rajatabla la Ley del Derecho a la Vivienda de Cataluña, aprobada por el Parlamento catalán en el año 2007. Nunca un ayuntamiento o una administración se había atrevido a tanto. Pero eso también levanta ácidas críticas desde la oposición. “Colau pone muchas multas por pisos vacíos, pero no se automulta a sí misma, ya que el ayuntamiento tiene 407 pisos vacíos y 75 solares públicos vacíos. Esos solares permitirían la construcción de 4.000 viviendas”, dice a TIEMPO el líder del PP en el consistorio barcelonés, Alberto Fernández Díaz. Y es que las decisiones que hasta ahora ha tomado Ada Colau no dejan indiferente a nadie. Se cumple ahora año y medio desde las elecciones municipales y 500 días desde que, el 3 de julio del año pasado, tomó su primera medida como alcaldesa: dictó una moratoria de los permisos para abrir hoteles en Barcelona. Un total de 35 proyectos se vieron afectados, aunque 18 de ellos ya tenían el permiso municipal, por lo que pueden seguir adelante.
Desde entonces, el Ayuntamiento de Barcelona ha sido como un constante dragon khan, la atracción estrella del parque de atracciones Port Aventura: una monumental montaña rusa que ha trasladado a la opinión pública el peculiar modo de hacer del nuevo equipo municipal, rompiendo viejos moldes y políticas encorsetadas. Colau solo tiene 11 concejales sobre los 41 del Pleno. Y ahora gobierna precariamente apoyada por los cuatro ediles del PSC. Eso la ha puesto en un aprieto: ningún grupo de la oposición va a permitir que apruebe los presupuestos del año que viene. La alcaldesa ha convocado un Pleno para el 23 de diciembre próximo. Si para entonces no se aprueban, se someterá a una cuestión de confianza para un mes después. En ese mes, hay dos opciones: o busca los apoyos necesarios o se vota. Pero la oposición debe presentar un candidato alternativo y, de momento, eso no parece posible. Y si no hay candidato alternativo, los presupuestos quedan aprobados automáticamente y la alcaldesa habrá superado la cuestión de confianza.
“Ada Colau no se ha dado cuenta de que ahora tiene una responsabilidad enorme, porque tiene a su cargo un presupuesto de 2.700 millones de euros anuales y 12.000 trabajadores”, critica Joaquim Forn, portavoz de Convergència i Unió (CiU), que tiene 10 concejales. “Hace pocos días, la propia alcaldesa reconoció que estaba todavía aprendiendo a gobernar, pero se espera que uno llegue a un ayuntamiento tan importante ya aprendido y con un conocimiento más o menos profundo de la ciudad”, explica Forn a este semanario.
La oposición cree que la nueva alcaldesa ha impreso un peculiar talante a la ciudad. Colau proviene de la movilización popular, del activismo en torno a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), que ella fundó junto a su marido, Adrià Alemany. Luego, se integró en la Fundación DESC, una plataforma del exconcejal de ICV Jordi Borja. Los años que estuvo en DESC cobraba su salario, precisamente, de una subvención anual del ayuntamiento barcelonés. Y de esa plataforma salieron la gran mayoría de los cuadros del equipo de Gobierno de la ciudad.
Sin cintura para negociar
“Ada Colau ya dijo cuando llegó a alcaldesa que no cumpliría las leyes que le parecían injustas. A partir de ahí, ha ido de mal en peor. Tendría que ser la gestora del ayuntamiento pero se ha creído que es la propietaria. Toma decisiones sin consultar y lo hace con una actitud antidemocrática. La mayoría de sus decisiones perjudican gravemente la actividad económica, porque toma decisiones ideológicas e intenta imponer criterios vinculados al republicanismo muy alejados del sentir mayoritario de los barceloneses”, asegura a TIEMPO Carina Mejías, líder de Ciudadanos en el consistorio. Y subraya que “ha tomado la ciudad como su cortijo, pero no lo vamos a tolerar. La ciudad está absolutamente paralizada porque solo toman decisiones por su cuenta sin sentarse a negociarlas con nadie. Barcelona es hoy una ciudad con el freno de mano puesto y los presupuestos paralizados. Y el equipo de Gobierno se siente con superioridad moral, es prepotente, soberbio y adolece de unilateralidad. Su gestión es muy pobre y se está usando el consistorio para la proyección personal y política de algunos”.
También se muestra crítico Alfred Bosch, líder de ERC: “Comenzó la legislatura con un cambio sorprendente y esperanzador por parte de las fuerzas del cambio. Pero ha habido un retroceso clarísimo. Esperábamos una transformación social profunda que combatiera las desigualdades y las injusticias tras el mensaje de regeneración política, pero no ha cambiado apenas nada. Todo es una gran campaña muy bien hecha. Nos prometía nueva política y luego pactó con el PSC, que estuvo décadas en el ayuntamiento. La conclusión es que todo son pancartas, anuncios y promesas, pero los resultados son muy exiguos”. El dirigente republicano admite que “el ayuntamiento peca de una hiperactividad publicitaria y de falta de actividad ejecutiva”.
Desde el consistorio se niega la mayor y se saca una larga lista de decisiones que demuestran “un cambio de estilo. Ahora se gobierna para todos los barceloneses. Se acabaron los privilegios para los poderosos”. En la relación de decisiones importante se sitúan la moratoria hotelera, el aumento de becas-comedor, una instrucción para sancionar a las distribuidoras que incumplan sus obligaciones en materia de pobreza energética, medidas contra la contaminación del aire, la elaboración de un censo de viviendas vacías, un plan de impulso de la economía social o un plan de choque para combatir los pisos de uso turístico. Pero desde la oposición se matiza que esas medidas no son grandes decisiones que dinamicen la ciudad y su tejido comercial y empresarial, sino actuaciones puntuales y, en muchos casos, con escaso impacto social.
La principal crítica que se hace al equipo de Ada Colau es que gobierna pensando más en la foto que en si las decisiones tomadas son buenas o útiles. “Gesticula porque no gobierna –dice Alberto Fernández Díaz–. Es la alcaldesa que tiene la minoría más grande de la historia y ello provoca que gobierne de forma totalitaria. Este ejercicio no ha logrado aprobar las ordenanzas fiscales. El Plan de Acción Municipal (PAM) 16-19, que contempla los planes de distrito, no ha sido aprobado. Y tampoco el Plan de Vivienda. Con ello, podemos decir que sí hay un estilo Colau, que es el de la gesticulación”.
Parálisis del Gobierno
De manera similar se expresa Joaquim Forn, para quien el equipo de la alcaldesa “adolece de un desconocimiento de las materias. Básicamente, realiza muchos gestos, pero es incapaz de negociar y consumar una decisión porque no sabe conseguir mayorías. De ese modo, tenemos pendientes las ordenanzas fiscales, el PAM, las ordenanzas de terrazas o el plan de pisos turísticos. Su primer anuncio fue el de paralizar las licencias de hoteles pero desde entonces no se ha hecho nada ni se ha hablado del tema con la oposición. En junio del año que viene, la moratoria se acabará y las licencias se aprobarán automáticamente por ley. Lo que vemos es que hay una parálisis importante, porque Ada Colau gobierna con una cultura de la imagen basada en gestos, fotos y simbolismos”.
Carina Mejías destaca también el Gobierno basado en la foto. “Una de sus primeras medidas fue sacar el busto del rey Juan Carlos del salón de Plenos. Y ahora está inmersa en una cruzada antimonárquica: ha cambiado el nombre del salón de Plenos y está cambiando la nomenclatura de las calles y plazas. Quiere acabar con cualquier vestigio monárquico de la ciudad. Sus medidas son todas de corte ideológico, porque parte de la base de que las democracias liberales han restado derechos a los ciudadanos y ellos lo quieren cambiar todo, por lo que consienten espacios de impunidad”.
La líder de Ciudadanos pone como ejemplo el tema de los manteros: durante meses, varios centenares de vendedores ambulantes tomaron las calles de la ciudad. “El ayuntamiento permitió ahí lo nunca visto, ya que los manteros ocupaban espacio público y, además, hacen competencia desleal a los comercios”.
También Joaquim Forn se refiere al tema: “Durante meses, más de mil manteros estuvieron ocupando las calles sin que hubiera una actuación de la Guardia Urbana, porque el Gobierno se lo impedía. Y en un partido con un cierto componente de antisistema, cabe destacar la supresión de determinadas instrucciones de la Policía Local. La cúpula del ayuntamiento actúa con un recelo absoluto hacia los cuerpos policiales y permite que se incumplan las ordenanzas. En definitiva, han propiciado que no haya una defensa de la autoridad y de la normativa. Aquí tenemos polémicas las que uno quiera, pero acción de Gobierno, muy poca”.
Liberalización de espacios
Mejías, por su parte, redunda en que “el Ayuntamiento de Barcelona no cumple las ordenanzas de civismo ni cumple los procedimientos administrativos. Por ejemplo, ha abierto la convocatoria para integrar 400 plazas, con la mirada puesta en aumentarlas a 1.000 puestos de trabajo, pero la ley no lo permite, precisamente para evitar el engorde partidista de las administraciones públicas”. También destaca el hecho de la toma de decisiones “sin atender a consensos, como cuando decidió la moratoria hotelera, o ahora paralizando la actividad comercial en el distrito de Ciutat Vella, denegando todos los permisos de comercios. Otro ejemplo es la creación en el distrito de Sant Martí de una superisla de nueve manzanas que establece un perímetro en el que los coches no pueden circular. Ellos lo llaman liberar espacios, pero la verdad es que ha sido una medida tomada sin consensuar con los grupos municipales o los vecinos. Los negocios han perdido el 40% de su facturación, pero eso les parece normal, porque el equipo de Gobierno considera negativa toda actividad empresarial”.
El republicano Alfred Bosch también pone el dedo en la llaga de los errores de Colau. “Se nos dibujó una ambiciosa política de acogida a los refugiados y acabó en un contador de muertos en una plaza. Y se nos anunció una ambiciosa política antidesahucios y se tradujo en varios tuits contra los Mossos d’Esquadra. Se nos dijo que habría una política de recuperación de la memoria histórica y acabó en una exposición con la estatua de Franco pintada y derribada... solo tenemos anuncios, gestos y fotos”.
Se queja también Bosch de que su partido propuso una tarjeta de transporte gratuita hasta los 16 años, que es la edad de la escolarización obligatoria, pero no se hizo nada. “Pedimos desencallar el tema de qué hacemos con las prisiones Modelo y Trinitat, o con las obras de metro a la Zona Franca y todo se quedó en hojas de Excel. Hemos comprobado que es muy difícil llegar a acuerdos en los que se piden cesiones”.
El polémico tranvía
Hay un tema especialmente criticado: Colau y su equipo quieren potenciar el tranvía en la ciudad de Barcelona. A pesar de que hay problemas técnicos y ha sido desaconsejado por varios estudios, el ayuntamiento sigue encargando informes sobre el particular. “Sobre el tranvía no hay aún proyecto, solo el anuncio en la prensa”, se queja Bosch. Y el convergente Forn advierte de que “es un proyecto de 200 millones de euros que deberían destinarse a otras cosas mucho más prioritarias”.
El portavoz de CiU subraya que no hay una mayoría que apoye el plan de la red de tranvías que debe atravesar la ciudad. “Los informes que se han hecho hasta ahora han sido muy técnicos y lo desaconsejaban. Por eso rebatimos la propuesta –añade Forn–. La red de tranvías tendrá una repercusión importante sobre la movilidad, pero Colau y su equipo han hecho bandera de este tema, aunque su criterio es más político que técnico, y eso nos preocupa. Su intención es eliminar el vehículo privado y por eso acuden a medidas drásticas”. Alberto Fernández Díaz critica, por su parte, que en Barcelona se gobierna “sin diálogo. Ada Colau consiguió una cosa: aunar a los que estamos en las antípodas. Si no fuera por la oposición, hay comisiones que no se hubieran celebrado por falta de puntos en el orden del día. Y el orden del día del Pleno del 25 de noviembre es un folio con solo tres puntos. Eso da una idea de la falta de iniciativas del ayuntamiento”.
Fuentes internas del consistorio admite que la alcaldesa pecó de poca pericia política en sus primeros meses. “Pero está empezando a corregir algunos de los fallos que tenía”. Estas fuentes admiten que Ada Colau es “cada vez menos dogmática” y que es “un punto más pragmática que el resto del equipo”. La explicación a algunos episodios de desencuentros con la oposición es que “el desconocimiento de algunos temas hacen que llegues cargado de prejuicios, pero al final acabas comprendiendo el alcance de todas las decisiones que tomas. Y esas decisiones se basan –afirman– no solo en fotos de gran impacto [como cuando se retiró el busto del Rey], sino en la toma de decisiones trascendentes, como las multas a bancos por las viviendas vacías”.


