El calvario de López Aguilar
El exministro recupera su lugar en el grupo socialista del Parlamento Europeo tras desestimar el Supremo el caso por los presuntos malos tratos a su exmujer.
Cuando el pasado lunes de Pascua se desató el caso del eurodiputado y exministro de Justicia Juan Fernando López Aguilar (acusado de malos tratos a su exmujer sin que esta interpusiera acusación formal, y ahora el Tribunal Supremo acaba de reconocer, con su auto de inadmisión, que “nunca hubo” causa), los medios de comunicación coincidieron en señalar la paradoja de su condición de impulsor de la ley integral contra la violencia de género. López Aguilar obtuvo entonces no solo una holgada mayoría de votantes, sino el mejor resultado que haya obtenido jamás un aspirante a la presidencia del Gobierno canario... Pero, tras aquellos agridulces laureles, y luego de su exitoso arribo a Europa, López Aguilar acaba de superar lo que él mismo califica como el “mayor calvario” de su vida. Su domingo de Resurrección ha tenido que aguardar tres meses y medio...
Ha recuperado su escaño como diputado del grupo socialista en el Parlamento Europeo, tras su restitución en el PSOE, donde había pedido voluntariamente la suspensión cautelar al desatarse los acontecimientos, cuando un juzgado de violencia de género de Las Palmas le acusara de presuntos malos tratos a su exmujer, Natalia de la Nuez. Finalmente, la semana pasada, el Tribunal Supremo ha archivado y sobreseído la causa, reconociendo su total inocencia. “Quiero pasar de una vez por todas esta dolorosísima página”, expresa un López Aguilar visiblemente golpeado por este triste asunto, bastante más delgado aún que hace un trimestre. A efectos judiciales, no solo el caso no existió jamás, sino que ni siquiera fue formalmente imputado. “Jurídicamente, he sido y soy inocente desde el minuto uno. Lo corrobora que en ningún momento he sido imputado, ni siquiera se han abierto diligencias judiciales de investigación contra mí. Esa confianza la tuve y la he mantenido, con contención, porque era y soy del todo ajeno a unos hechos que motivaron una actuación policial estando yo ausente, fuera de Canarias. Personalmente, en cambio, el sufrimiento ha sido real y desgarrador. Me ha preocupado el bienestar y la integridad moral de dos hijos menores de edad”.
Fue un incidente doméstico en la casa de su exmujer, el pasado 28 de marzo, cuando ella se quedó dormida en compañía de sus pequeños, habiéndose dejado al fuego una sartén humeante, lo que motivó esa “actuación policial” de la que López Aguilar tuvo noticia de rebote varios días después. Alertados por los vecinos, los agentes de Policía se personaron en la vivienda y en el atestado se recogieron esas declaraciones sobre presuntos malos tratos de su exmarido, casi nueve meses después de la obtención del arduo y largo proceso de divorcio y del cese de la convivencia entre ambos. Y comenzó el “circo mediático”. Le recuerdo a López Aguilar que una importante cadena de televisión llegó, incluso, a sacar la imagen de su exmujer de espaldas a la cámara, con un amarillismo descarado, saltándose a la torera cualquier presunción de inocencia... Visto con efecto retroactivo, ¿no hay una total indefensión frente a la impunidad mediática? “Toda explotación o manipulación mediática de asuntos que afecten a la intimidad o a la privacidad personal y familiar resulta deplorable. Lamento que se espoleé el morbo a costa del dolor de personas que no han deseado ni consentido esa exposición. Es, además, completamente intolerable cuando hay menores vulnerables al daño en la Red, que no olvida”.
Me consta que, al principio de asumir su responsabilidad como ministro, en 2004, usted recibió varias veces a portavoces de Padres por la custodia compartida. Se les veía muy desesperados: divorciados que, a cambio de no tener acceso alguno a sus, digamos, ¿exhijos?, eran víctimas de acuerdos de desembolsos leoninos a sus exmujeres. ¿No persiste una cierta indefensión masculina al respecto?
“En el primer mandato del presidente Zapatero fui ministro de Justicia en un Gobierno honradamente comprometido con los avances en derechos, libertades e igualdad. La ley integral contra la violencia de género fue nuestro primer cumplimiento del programa con que ganamos. Su propósito es justo, y válido diez años después: decir a las mujeres maltratadas, lamentablemente muchas, que pueden contar con los poderes públicos para su protección. Que están de su lado. Me ratifico en la convicción con que pusimos en vigor esa ley...” –responde López Aguilar–.
Ya, pero, entonces, los varones... Sus casos quizás sean estadísticamente más irrelevantes y, desde luego, la violencia recibida no suele acabar en homicidio. Pero, en rigor, ¿no cabría tipificar una posible violencia hembrista que ahogara sin apretar? La propia normalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo, con sus posibles divorcios, casos de violencia intragénero, etcétera, ¿no debería contribuir a mitigar los estereotipos entre géneros?, le pregunto.
“Aquella ley perseguía y persigue combatir la violencia machista, y ha demostrado su sostenida eficacia en el tiempo. Eso no quiere decir que esa sea la única forma de desigualdad a combatir –todas deben serlo–, ni que, como con todas las leyes, la experiencia no sea una fuente de aprendizaje, refuerzo y mejora. Con la ley de matrimonio igualitario, entre personas del mismo sexo, hicimos historia en España, en la UE, en el mundo. Por primera vez hemos sido pioneros en la fila de los avances por la igualdad en derechos civiles, removiendo barreras de discriminación. Y, desde luego, ello supone aceptar que todas las vicisitudes de la vida conyugal, marital o de pareja (filiaciones, adopciones, divorcios, conflictos patrimoniales y, eventualmente, violencia) pueden darse independientemente del sexo de las personas. Lo cierto es que, en todos los procesos legislativos que impulsé como ministro –violencia machista, divorcio, matrimonio igualitario, reforma del Registro Civil para familias monoparentales o en identidad de género, igualdad, acceso a la abogacía, dependencia– mantuve interlocución abierta y receptiva con todos los colectivos y sectores implicados”.
En el auto de inadmisión de la causa por parte del Tribunal Supremo se destacaba la contradicción de las versiones de Natalia de la Nuez, entre descalificaciones y “elogios desmedidos” a su exmarido. Un despecho amoroso, con una separación no asumida están, acaso, en el origen de este embrollo. Y la más llamativa paradoja vivida por López Aguilar es que, habiendo sido el ministro impulsor del denominado divorcio exprés, él mismo haya tenido que esperar más de 15 meses, con costosos pleitos y desencuentros, en la consecución del suyo propio. A él le sigue chocando que se haya popularizado con ese sobrenombre, ciertamente arquetípico y nemotécnico, ley de divorcio exprés, cuando fue el apelativo con que “el sector más recalcitrante de la derecha política, mediática y episcopal quisieron descalificarla”, rememora. “Ha sido, de largo, el mayor éxito legislativo de la primera legislatura de Zapatero, por su implantación y aceptación. Ha mejorado la vida real –material y emocional– de millones de personas. Lamentablemente, el acuerdo no siempre es fácil, a veces ni siquiera posible. Pero la ley ha cumplido su objetivo. Fue un gran avance. Y es un éxito”.
Respecto a los resultados de las pasadas elecciones autonómicas y locales, López Aguilar cree que “lo positivo de los partidos emergidos es que diversifican las opciones de Gobierno, movilizan electores abstencionistas o desencantados, obligan a los más veteranos a exigirse mucho más de lo que acostumbrábamos… Pero, en sus promesas y eslóganes, apelan retóricamente al regeneracionismo como simplificación mediática, y está por ver cómo pasan por la prueba del algodón de vincularlos con sus hechos y sus prácticas”. Y critica, asimismo, el nuevo fetichismo de “lo juvenil por lo juvenil” en los liderazgos políticos. “Desde que era muy joven desconfío del recurso fácil al juvenilismo. La sociedad española, como todas las europeas, avanza en su edad media, incluso envejece. No hay nada que objetar a que nuevas formaciones exhiban liderazgos jóvenes; lo que critico es que se haga de un modo excluyente. El PSOE ha emprendido una renovación clara que contrasta con el inmovilismo reaccionario del PP, empeñado en no hacer nada para autorregenerarse e incapaz de corregir su síndrome de corrupción pandémica”.
Habla de “la austeridad recesiva y destructiva” en Europa: “No solo no ha funcionado sino que ha empeorado todas las constantes vitales del paciente. El dogmatismo cerril, ordoliberal, de Merkel y Schäuble nada tiene que ver con la Alemania europea a la que sirvieron Adenauer, Brandt, Schmidt, y Kohl antes que ellos, y que marcaron los mejores años de la construcción europea. La sola imagen de esa Europa alemana y pangermanizada de la que alertó Ulrick Beck resulta tan inviable como detestable en sí, y ha servido como simiente para la floración de una plétora de nacionalismos reaccionarios, nuevas extremas derechas antieuropeas y eurófobas, además de promover alternativas populistas en todas las latitudes –incluida, claro, la Europa del Sur– que esgrimen la restauración de una mítica ‘soberanía robada’ como mantra frente al diktat de los acreedores del Norte con la banca alemana a su cabeza”. “La tragedia griega”, le merece un correlato en ese marco, de una Europa dominada “como nunca antes, por los acreedores en un sistema financiero depredador e injusto, y por sus terminales mediáticas y políticas, capitaneadas por una derecha obediente a la derecha alemana”. Para el eurodiputado socialista, “la terapia sádica impuesta a Grecia no tuvo nunca como objetivo enjuagar la deuda griega, ni mucho menos rescatar a Grecia ni a los griegos, sino asegurar, manteniendo la respiración asistida, el cobro periodizado y cronificado de intereses leoninos por sus acreedores. Ha sido el peor test de la historia de la UE”.
Como una fijación, bajo la cúpula de un hotel madrileño, López Aguilar reitera que ahora solo busca su “normalización” en la vida política; que quiere pasar página sobre lo que nunca debió vivir, y que, a efectos judiciales, nunca existió. No consiguió el divorcio exprés con su exmujer y, en cambio, por un tiempo, sí pareció a punto de obtenerlo, contra su voluntad, de su actividad política. Aunque, en varias ocasiones, ha demostrado su capacidad de Ave Fénix, le digo que una de las leyes elementales en la imagen pública es que recuperar el plumaje intacto no resulta tan sencillo como desplumar al gallo. Un cuarto de siglo antes de contraer matrimonio con Natalia de la Nuez, se vinculó a la política socialista con testarudez de militancia casi espartana y calvinista, a machamartillo, y no oculta a nadie esa primigenia monogamia suya. Aún en este caso, en que no ha habido caso, como es su caso, precisará de un plus de esfuerzo para el reestablecimiento de la normalidad de su imagen pública. Él apela razonablemente a su impoluta “hoja de servicios”: “Siempre he preservado mi derecho fundamental a la intimidad, a la privacidad personal y familiar. He asumido responsabilidades en la vida pública. Doy cuenta de ella: mi imagen debe ajustarse a mi acción política. Me he empeñado a fondo en ejercerla con corrección y dignidad. Nunca he tenido ningún problema ni incidente judicial, habiendo ejercido mandatos de muchísimo voltaje”, concluye.


