El baile de la izquierda
Podemos, IU, las mareas gallegas, Compromís, ICV... coinciden en ir a las generales con una candidatura de unidad. La diferencia es cómo. Y tienen pocos meses para ponerse de acuerdo.
Hace mucho tiempo que la izquierda no tiene perspectivas tan optimistas para ganar unas elecciones como ahora y no se puede desaprovechar la oportunidad de intentarlo en las próximas elecciones generales, con la candidatura más fuerte y con más posibilidades de dar el salto a La Moncloa. Esta es, a grandes rasgos, la teoría que manejan los dirigentes de Podemos y los de Izquierda Unida; partidos regionalistas de toda la vida como Compromís en la Comunidad Valenciana o ICV en Cataluña, o plataformas ciudadanas que se estrenaron con éxito el 24 de mayo pasado como las llamadas mareas gallegas, que pusieron alcalde en La Coruña, Ferrol y Santiago de Compostela.
El objetivo está claro pero la izquierda está revuelta en relación al modo de conseguirlo. Está inmersa en un baile por toda España en la que hay dos bailarines principales –el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, y el candidato de IU a la presidencia del Gobierno, Alberto Garzón–, chicas con las que todos quieren bailar –las alcaldesas de Madrid y Barcelona, Manuela Carmena y Ada Colau– y danzarines con sus propios ritmos autonómicos. También hay egos, celos y algún que otro mal modo. De fondo y creciendo, una plataforma llamada Ahora en Común que ha mezclado los dos nombres de los dos grandes éxitos con los que de momento se ha saldado la confluencia de izquierdas –Ahora Madrid y Barcelona en Comú– y pide que todas estas fuerzas antepongan lo que les une a lo que les diferencia para crear una candidatura desde la ciudadanía y con primarias abiertas al estilo de los movimientos que ahora gobiernan las dos principales ciudades españolas.
Hacía mucho tiempo que Iglesias y Garzón no se veían las caras a solas. A medida que han ido ganando talla como líderes de sus respectivas formaciones, cada vez se hace más difícil tomar unas cañas como antes, sin trascendencia política. Así que la reunión a solas que celebraron en la sede de Podemos el 24 de junio ya fue de por sí importante. Hablaron de las posibilidades de una candidatura de unidad popular en un contexto que ilustra muy bien cómo están –y siguen, con matices, las posiciones–. Días antes, Podemos había dejado claro que ellos contemplaban la unidad, pero solo desde sus propias listas. No querían pactar coaliciones con partidos –y mucho menos con IU– pero sí dejarían “huecos” en la candidatura que saliera de sus primarias –con toda probabilidad, la encabezada por Pablo Iglesias y su equipo–. Uno de estos candidatos invitados podría haber sido Garzón, al que Iglesias llamaría días después para ofrecerle ir en su lista. Garzón dijo que no pensaba abandonar IU ni su historia por un partido de año y medio de vida. En todo caso, su apuesta no se limita solo a IU, porque él quiere repetir a escala nacional las plataformas en las que se mezclen ciudadanos, activistas y políticos, que tan bien han funcionado en La Coruña, Madrid, Barcelona o Zaragoza. De hecho, si Garzón no ha firmado el manifiesto de Ahora en Común es por no significarse demasiado con una iniciativa en la que hay quien pone detrás a IU. Él lo niega. Conoció el documento cuando llevaba varios días rondando de la mano de su hermano, Eduardo Garzón.
Según explicaba uno de los promotores de la iniciativa, David Leal, en una entrevista a Diagonal, las personalidades que firman el manifiesto de Ahora en Común “han pedido a Podemos un gesto de apertura para la confección de la lista de confluencia”, y cuál no sería la sorpresa de los de Iglesias al comprobar que solo entre los 20 primeros nombres hay cuatro miembros de Podemos con cargos internos o públicos, aunque no son los críticos habituales, la andaluza Teresa Rodríguez y el aragonés Pablo Echenique. Ellos han protestado por la manera de organizar las primarias en Podemos pero no han presentado lista alternativa y de momento permanecen callados. Los más a favor de la confluencia ven Ahora en Común como el espacio donde se podrá crear una candidatura de unidad popular. Podemos la calificó de “chantaje”, aunque después rebajó el tono para considerarla “emplazamiento público” con cuyos responsables aún no se ha reunido. Iglesias no se ve ahí todavía y Podemos cree que solo ellos son la “principal herramienta de cambio” político. Por tanto, de momento tendrán que esperar las expectativas de quienes fantasean con unas primarias abiertas de Ahora Madrid para elegir a su candidato a la presidencia del Gobierno en las que compitieran Garzón e Iglesias. Tal enfrentamiento generaría una atención mediática para la candidatura similar a las primarias en Estados Unidos, aseguran, con lo que la candidatura resultante ya tendría hecha “media campaña” electoral de las generales.
Para llegar a ese momento, Podemos tendrá que tomar muchas decisiones y terminar de rebajar el tono, que se endureció en el mes de junio. La reunión entre Iglesias y Garzón se produjo entre la realización y la publicación de una entrevista de Iglesias a Público en la que llamó “perdedores” y “cenizos” a los políticos de IU y les espetaba: “Que se queden con la bandera roja y nos dejen en paz. Yo quiero ganar”. Días después pedía disculpas en las páginas de El País a los militantes de Izquierda Unida que se hubieran sentido ofendidos.
Fuentes de IU consideran que estas declaraciones tan duras fueron fruto del “cabreo” de Iglesias al comparar los viajes que él y Garzón emprendieron después de las municipales del 24 de mayo, cuando ambos escucharon a las puertas del Ayuntamiento de Madrid donde presenciaron la investidura de Manuela Carmena a cientos de personas corear el grito de “unidad popular”. Iglesias visitó Cádiz y Barcelona en su “ruta del cambio” para volver a generar la ilusión con la que Podemos irrumpió en las europeas del año pasado. Garzón se marchaba a Galicia en su “viaje más importante” para reunirse con los líderes de las mareas de hasta siete ciudades.
La apuesta del líder de IU no es baladí porque el 24 de mayo supuso un batacazo del PP gallego en ciudades como La Coruña, Santiago o Ferrol, donde llegaron alcaldes de la mano de plataformas ciudadanas. Tal éxito les llevó a pensar en un principio en presentar una candidatura regionalista gallega para intentar tener un grupo propio, de izquierda gallega, en el Congreso. Sin embargo, con el paso de los meses, esta posición ha ido evolucionando. Se niegan a ser “satélites” de otro partido y, por ejemplo, uno de los promotores de aquella idea, Jorge Suárez, alcalde de Ferrol, figura como la tercera firma del manifiesto de Ahora en Común, que el 20 de julio superó las 25.000. Fuentes cercanas a Garzón señalan también que el líder de Izquierda Unida cuenta con el aprecio personal de Xosé Manuel Beiras, histórico del nacionalismo gallego, que ve en él a un mejor “hombre de Estado”.
Si la opción de Podemos parece no ir ganando en Galicia, sí cuenta con ventaja en Cataluña y la Comunidad Valenciana. Las elecciones catalanas han dado a Iglesias la primera oportunidad de llegar a un acuerdo de candidatura –paradógicamente, también con IU– que espera que se repita en otras comunidades históricas de cara a las generales. Catalunya Sí que es pot es el nombre de la lista de confluencia entre Podemos, EUiA e ICV, la marca catalana de IU, que también se presentará a las generales, con la intención de tener un grupo propio en el Congreso.
Esta es la idea que, sin que hayan empezado las negociaciones formalmente todavía, también ha trasladado a Compromís, con quien comparte el Gobierno valenciano junto al PSOE. Esta es la única fórmula que interesa a Mónica Oltra, que se mantiene “al margen del debate estatal entre Podemos y la marca de Alberto Garzón”, en referencia a Ahora en Común. Su visión es “valenciana” y consiste en una candidatura de unidad con Podemos e IU que encabezara Compromís y, una vez alcanzados los diputados necesarios para formar un grupo parlamentario en el Congreso –15 diputados o 15% de los votos de la Comunidad Valenciana en este caso o el 5% de los votos en toda España–, que los diputados de IU o de Podemos pudieran irse a sus respectivos grupos –si los hubiere– y el grupo de Compromís se quedara solo con los escaños de esta formación. Fuentes del Congreso se inclinan por pensar que el reglamento podría no permitir una solución que, como mucho, tendría algún precedente en los años de la Transición. La fórmula también podría satisfacer a la izquierda balear que se agrupa en Més per Mallorca, cuyo líder, David Abril, tachó de “ofensiva” la oferta de Podemos de dejar huecos en su lista pero que insiste en que “los procesos de confluencia tienen que ser autonómicos y circunscritos al ámbito de las Islas Baleares”.
Igual que en sus críticas a IU, en las últimas semanas Podemos ha ido matizando su posición sobre la unidad con otras fuerzas. Si al principio tenía que ser dentro de la lista de Podemos, ahora se estudia lo que su responsable de Organización, Sergio Pascual, llamaba recientemente “Podemos guion algo”, en función de las formaciones con la que eventualmente pudiera unirse en distintos sitios. “Han pasado la fase de negación y ahora están echando cuentas en las provincias”, dice una persona del ámbito de la confluencia que pone el ejemplo de Córdoba en función de los resultados de las autonómicas de este año. Si en las generales Podemos e IU se presentaran por separado, el PP sacaría dos escaños; el PSOE, otros dos, y Podemos, uno. Si fueran en una lista de unidad, PP y PSOE tendrían un escaño cada uno y una lista del estilo de Ahora en Común, tres.
Lo que está claro es que los alcaldes de Madrid, Barcelona o Zaragoza son un espejo en el que se miran todos, tanto los que quieren empezar de nuevo, con un movimiento como Ahora en Común que tiene que construirse y celebrar primarias, y Podemos, que cuenta con su joven maquinaria para hacer “fichajes” en otras formaciones. Garzón e Iglesias han visitado a Manuela Carmena y a Ada Colau y los dos destacan que tanto en Ahora Madrid como en Barcelona en Comú hay personas salidas de sus filas. Sin embargo, las alcaldesas callan y, con el pretexto de una abultada agenda municipal, se mantienen neutrales. Recientemente, el equipo de Alberto Garzón no consiguió que tras la visita del líder de IU a Barcelona ambos comparecieran en rueda de prensa y a duras penas lograron que hubiera una foto de la reunión.
A diferencia de la prudencia de las alcaldesas, el alcalde de Zaragoza, Pedro Santisteve, está en un camino más intermedio. Garzón también fue a verle y el cabeza de lista de la candidatura de unidad popular Zaragoza en Común prefirió separar la cuestión institucional de la política y no le recibió en el ayuntamiento. Se encontraron en otro sitio y, eso sí, hablaron de unidad popular y de confluencia de izquierdas, temas en los que Santisteve lo tiene claro. “La fórmula que se ve como la más propicia es que la ciudadanía tenga participación, control y una actividad intensa, ya sea participando a nivel local, regional o nacional”, explican en su equipo.
A la vuelta del verano y del descanso tras este intenso año político, los primeros bailarines de la confluencia de izquierdas seguirán intentando combinar sus pasos. Podemos seguirá explorando su fórmula “Podemos guion algo” y los defensores de Ahora en Común dejarán que la iniciativa “fluya”. Quizá, solo quizá, el CIS empiece a preguntar por la intención de voto a Ahora en Común y Podemos compruebe que sus fuerzas en solitario no serán suficientes para llegar al Gobierno.
El intento no terminará hasta que Mariano Rajoy convoque las elecciones y haya que presentar candidaturas. Aún hay tiempo, dicen todos.


