Díaz esperará a que Sánchez se estrelle

05 / 04 / 2016 Luis Calvo
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El aplazamiento del congreso del PSOE da aire tanto al secretario general como a la presidenta andaluza. Díaz no renuncia a pelear por el liderazgo del partido, pero esperará hasta después de una hipotética nueva convocatoria electoral.

Pedro Sánchez parece tener más vidas que un gato. Mil veces se le ha dado por muerto y mil veces ha resucitado. El Breve, como le llamaban sus críticos, sigue alargándose en el tiempo sin que por ahora se le vea fin. Siempre precario, con la amenaza callada de la presidenta andaluza persiguiendo su liderazgo, Sánchez ha conseguido mantenerse, sin embargo, un paso por delante. El aplazamiento del XXXIX Congreso socialista, el foro donde Susana Díaz parecía que iba a asaltar de una vez por todas Ferraz, no le compra al secretario general la paz, pero sí tiempo para prepararse para la guerra. Y sobre todo, según casi todos en el PSOE, su candidatura incuestionable en caso de que se repitan elecciones.

Nadie se opone a un aplazamiento en el que todos coincidían, pero que nadie quería pedir para no demostrar debilidad interna. Ni siquiera Díaz. Aunque la presidenta había fomentado el runrún sobre su candidatura en las últimas semanas, no quería que los militantes percibieran que se preocupaba más por su propia carrera política que por el partido. El PSOE no podía permitirse afrontar descosido las últimas negociaciones para formar Gobierno, y en caso de que estas fracasen, la convocatoria de unas nuevas elecciones.

La guerra interna en el partido sigue por tanto vigente. Lo único que se aplaza es la batalla en busca de mejores circunstancias. Solo una circunstancia puede acabar con el enfrentamiento definitivamente. Si Pedro Sánchez consigue a su derecha o izquierda apoyos suficientes para convertirse en presidente del Gobierno antes del 2 de mayo, nadie osará discutirle el liderazgo socialista. Por el momento, sin embargo, es un escenario que en privado pocos barajan como el más probable. Ni siquiera alguno de sus más acérrimos colaboradores.

A falta de sorpresas en las negociaciones, tanto la dirección socialista como los críticos juegan a día de hoy con el escenario de nuevas elecciones. Y nadie parece discutir que será Pedro Sánchez quien encabece de nuevo las listas socialistas. Habrá primarias, dado que los usos del partido así lo exigen, pero descafeinadas, sin ningún candidato dispuesto a pelearle al secretario general la cabeza de cartel. Con el partido dividido, sin una victoria segura, la Sultana del Sur no dará el paso. Si pierde enterraría para siempre sus aspiraciones a dirigir el partido. Si gana estaría obligada a dejar la presidencia andaluza para aspirar a La Moncloa sin ninguna garantía de que vaya a mejorar los resultados del 20 de noviembre.

Primarias en las urnas

  La estrategia de Díaz es, como en otras ocasiones, mantenerse en un segundo plano esperando a que sea el propio secretario general quien se estrelle contra la urnas y le deje el camino despejado. Así, las verdaderas primarias socialistas no se jugarán en las Casas del Pueblo socialistas sino en los colegios electorales. Si Sánchez no consigue mejorar los exiguos resultados de las pasadas elecciones Díaz podría poner en marcha todo su arsenal orgánico para forzar una dimisión la misma noche electoral o, como tarde, la semana siguiente. La andaluza llegaría a Madrid como siempre quiso, como salvadora, por aclamación, en un congreso sin más candidatos que ella misma. Además, una vez pasada la cita con las urnas, podría preparar con tiempo la sucesión al frente de la presidencia andaluza. Sería la tercera vez consecutiva que el presidente electo andaluz dejase el cargo a mitad de mandato, algo que preocupa al partido y a su aliado en la comunidad autónoma, Ciudadanos.

Ese es, sin duda, el mejor escenario para ella, pero incluso si las cosas se tuercen y Sánchez resiste es posible que Díaz esté dispuesta de una vez por todas a presentar batalla. Los constantes amagos de la presidenta, sin llegar a golpear nunca pero desestabilizando el partido, empiezan a granjearle más rencores que apoyos.  Ella misma sabe que los trenes no van a estar pasando eternamente. Si el secretario general no sale muy reforzado de la nueva cita, es decir, con posibilidades reales de formar Gobierno, puede que Díaz esté dispuesta a dejarse pelos en la gatera y forzar un congreso con el que descabalgar a Sánchez. Si la decisión está tomada, por el momento solo lo sabe ella.

Pero, ¿qué pasaría en caso de que ambos se enfrenten por el liderazgo? Al día siguiente de posponer el congreso, Pedro Sánchez aseguraba en una entrevista que el aplazamiento era “un favor” a cualquiera que quisiera disputarle la secretaría general. La dirección socialista está convencida de que si se hubiese celebrado en mayo, Sánchez habría arrasado entre los militantes. Le avala la consulta sobre las negociaciones en las que el 80% de los militantes respaldó a Sánchez.

A los críticos, sin embargo, no les salen las mismas cuentas. Andalucía representa por sí misma la cuarta parte de los militantes socialistas. Solo con conseguir el 80% de los votos de la comunidad y el 25% de las del resto consideran que habría vencido. Eso sin contar el voto de algunas comunidades consideradas críticas como Valencia, Aragón, Castilla-La Mancha o Asturias, donde los aparatos podrían respaldar el voto a la candidatura alternativa. 

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