Del tándem político a la arena electoral
Aguirre y Cifuentes han trabajado juntas más de una década y quieren elegir en primarias al candidato al Ayuntamiento de Madrid. Las dos parecen aspirar al puesto.
Hasta hace poco más de una semana, Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre tenían una adversaria común. Por motivos diferentes, la todavía alcaldesa de Madrid, Ana Botella, concentraba las suspicacias de ambas. Con la delegada del Gobierno, por ejemplo, se enfrentó durante meses por la responsabilidad que entre una y otra se echaron en cara a cuenta de los fallos en la seguridad durante la tragedia del Madrid Arena, donde cinco jóvenes murieron asfixiadas en una avalancha. Con Aguirre, Botella pasó de ser aliada, casi siempre contra el criterio oficial del PP, para convertirse en la losa que definitivamente hizo a Botella tirar la toalla, ante la evidente falta de apoyos que tenía en el partido, especialmente en Madrid. Antes de que haya una decisión sobre quién se presentará a la alcaldía de Madrid, que solo corresponde a Mariano Rajoy y que no se tomará, seguramente, hasta bien avanzado el año que viene, el anuncio de Botella ha abierto un competición entre dos mujeres que han trabajado codo con codo durante más de una década, desde que en 2003 Aguirre se convirtió en presidenta de la Comunidad de Madrid y Cifuentes, que ya era diputada regional, empezó a estrenar sus mejores cargos. Entre ellas siempre se ha percibido “una relación muy estrecha”, afirman fuentes del PP madrileño. “Nunca se ha visto ningún enfrentamiento entre la una y la otra. Lo que parece ahora es que van a tener que ser enemigas”, añaden.
Opciones fijas.
A lo largo de los años, ha habido más encuentros que desencuentros entre Cifuentes y Aguirre. Tanto es así, que ambas han intensificado al mismo tiempo su presencia en televisión, radio y prensa escrita para no confirmar su interés pero tampoco para darse por descartadas. Además de nombres más o menos circunstanciales, como el de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, sus nombres aparecen como opciones fijas desde hace meses en las quinielas sobre quién será la elegida para mantener el importante Ayuntamiento de Madrid en manos del PP, ahora que las encuestas indican que ningún partido obtendría la mayoría absoluta. Hasta ahora, Cifuentes se descartaba de la lucha por este puesto –“yo no estoy en la lucha por la alcaldía”, decía en mayo–. Aguirre afirmaba hace unas semanas que no quería ser alcaldesa de Madrid –“no estoy en ello”–. Desde la renuncia de Botella a ser candidata, las dos han coincidido en matizar el discurso. Aunque dice que no hablaba de ella misma, Cifuentes admitía en una entrevista en la radio que “si el partido te encomienda una responsabilidad, es muy difícil decir a eso que no”. Aguirre, que dejó la primera línea política hace ahora justo dos años, declaraba también en una entrevista: “Yo creo que muchas personas me quieren y otras no. Me han querido en forma de mayoría absoluta tres veces”.
También por coincidir, ambas apuestan por que el partido elija a su candidato –o candidata– mediante primarias, una posibilidad que no se contempla, como, en nombre del PP, salió a recordar el portavoz en el Congreso, Alfonso Alonso. “Cada partido tiene su cultura”, advirtió.
Aguirre y Cifuentes tienen estilos distintos. A la expresidenta madrileña le gusta atribuirse la representación de la esencia de la militancia del PP mientras que la delegada del Gobierno en Madrid ha sido en ocasiones nota discordante por estar a favor de la actual ley del aborto de plazos o por declararse republicana. De una forma más discreta, Cifuentes no ha tenido nunca problema en explicar una forma de pensar que en ocasiones era divergente de posiciones oficiales del PP. Aguirre, por su parte, siempre ha sido más propensa al ruido.
Sin embargo, esto no les ha impedido trabajar cómodamente juntas. Cifuentes fue diputada de la Asamblea de Madrid desde 1991 hasta 2012 y fue durante la presidencia de Aguirre cuando fue designada para los cargos más representativos que tuvo en la institución, donde, también por decisión de Aguirre, fue vicepresidenta primera. “También a Cristina le dio la portavocía de Justicia, una de las más bonitas e importantes”, apuntan fuentes del Partido Popular.
Prueba de fuego.
La confianza entre ambas también llegó a la primera planta de la sede del PP en la calle Génova, donde los populares madrileños tienen su sede. También bajo presidencia de Aguirre, Cifuentes es miembro de los distintos órganos de dirección y presidenta del Comité de Derechos y Garantías. En este puesto pasó en 2009 por una verdadera prueba de fuego frente a su jefa que también se saldó sin diferencias con ella. Ese año los cimientos del PP volvieron a temblar por la guerra por designar un presidente de Caja Madrid para sustituir a Miguel Blesa que enfrentó a Aguirre con Rajoy y sus enemigos habituales, el entonces alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón y su mano derecha, Manuel Cobo. Una de las batallas de la contienda se originó cuando Cobo declaró en una entrevista a El País que le parecía “vomitivo” el comportamiento del entorno de Aguirre con Rodrigo Rato, el candidato de Rajoy y quien finalmente se convirtió en presidente de la entidad financiera. Estas palabras dieron lugar a la apertura de un expediente por parte del Comité de Derechos y Garantías que presidía Cifuentes, que, como quería Aguirre, terminó pidiendo al PP nacional que considerase como una falta grave o muy grave las palabras de Cobo.
Otro punto de unión entre las dos mujeres que amagan ahora con aspirar a ser alcaldesas de Madrid son las nuevas tecnologías. Desde orígenes distintos, Cifuentes es una “autodidacta”, dicen en el partido, una activa usuaria de las redes sociales, sobre todo de Twitter, donde no duda en responder a críticas sobre su gestión, a veces controvertida, como delegada del Gobierno. Aguirre necesitó ayuda para su inmersión en el mundo on line, donde pronto vio la utilidad de las nuevas tecnologías, no solo como política sino para el partido en Madrid. Las dos no dudaban en aparcar sus obligaciones institucionales para asistir a las conferencias y presentaciones que se hacían en el PP de Madrid sobre nuevas tecnologías.
El trabajo del día a día entre las dos políticas terminó a partir de la victoria electoral del PP de 2011. Poco después, Cifuentes fue nombrada delegada del Gobierno y abandonaba sus responsabilidades en la Asamblea de Madrid para ocupar un puesto dentro del Gobierno de Rajoy, con quien Aguirre no ha dejado de tener diferencias. Mientras Aguirre criticaba la subida de impuestos del Gobierno o la excarcelación de etarras a la que se vio abocado el Ejecutivo por la derogación de la doctrina Parot, Cifuentes ha estrechado su amistad con María Dolores de Cospedal, la secretaria general del PP y mano derecha de Rajoy en materia de nombramientos. Ambas se conocen desde hace una década, de los tiempos en los que Cospedal era consejera de Transportes del Gobierno regional de Aguirre y coincidía con Cifuentes en la Asamblea de Madrid, de la que esta era vicepresidenta. Hoy, la delegada del Gobierno asegura que Cospedal –muy alejada de Aguirre– es para ella “un referente a nivel político”. “La considero amiga, al margen de cualquier otra circunstancia”.
Aun así, Cifuentes ha seguido encontrando el apoyo público de su exjefa, que no ha dudado en apoyarla frente a las críticas que ha suscitado su gestión de la seguridad en Madrid durante las manifestaciones y concentraciones que se han sucedido en la capital desde el estallido del 15 de mayo de 2011. A la inversa, y a diferencia de Botella o Sáenz de Santamaría, no salió de Cifuentes un solo comentario sobre el incidente de tráfico que protagonizó Aguirre cuando salió huyendo tras ser parada y multada por dos agentes de movilidad por detener su coche en plena Gran Vía para sacar dinero de un cajero. La incógnita en la candidatura para Madrid vuelve a reunir a dos políticas que en una década han trabajado juntas y se han distanciado pero sin dejar de respetarse.



