Del desempate a la remontada
Podemos adelantará al PSOE y logrará seis millones de votos.
Decía Winston Churchill sobre las críticas en política, cuando era primer ministro del Reino Unido, que aunque nunca fueran agradables, las consideraba realmente necesarias. Desde esas bases, los resultados de este cuarto informe para TIEMPO son contundentes en torno a las estrategias que se han proyectado ante la primera elección de ida y vuelta de nuestra historia.
La polarización de la campaña en torno al eje izquierda-derecha tiene un único beneficiario real en votos y en escaños: Unidos Podemos con un 24,6% del voto y 86 escaños, lo que le garantiza no solo el sorpasso en votos y diputados a los socialistas, sino rozar además los
6 millones de votos.
Hegemónicos Podemos y sus confluencias entre el electorado menor de 40 años, Izquierda Unida les aporta canas y votos de los mayores de 50. Y con todo ello, la plataforma se adjudica a su favor muchos últimos escaños en juego no solo con el PP, sino con el PSOE, Ciudadanos y hasta con el PNV.
Rajoy cuenta, eso sí, con los imprescindibles para la victoria: 6.800.000 electores que le votarán. Pero sigue sin captar a “los que faltan” para una mayoría más amplia. Se sitúa por todo ello en un 29,2% de voto con apenas 122 escaños, uno menos que en la “elección de ida”. Si no da un golpe de efecto para captar a ese electorado el Partido Popular en lo que resta de campaña ya les adelantamos que podría llevarse una sorpresa mayúscula la noche electoral.
Nuestra fórmula electoral es muy caprichosa. Hay 22 provincias en juego en menos de un punto que van a decidir La Moncloa. Es decir, escaños en competición por apenas 2.000 y 6.000 votos. Es mucha volatilidad. Pero estos son unos comicios de restos. La participación, en torno a un 70,4% (menos votos y mismos escaños a repartir) incentiva aún más que los diputados estén más baratos y caigan de un lado o de otro.
Venimos analizando desde enero con ustedes, de manera muy pormenorizada, el fenómeno de Podemos y los resultados que podrían obtener con una confluencia junto a Izquierda Unida. Lo bautizamos, si recuerdan incluso, como el efecto mariposa y hoy todos observan cómo lo que eran predicciones va camino de convertirse en una realidad.
Es muy importante dejar de analizar el comportamiento del electorado con la hermenéutica propia de un mercado político bipartidista. Si lo estructuramos por generaciones, la evolución tectónica de lo que está sucediendo en la intención de voto es mucho más precisa.
Tenemos actualmente cuatro grandes grupos de votantes en España: la generación de la democracia, 12 millones de votantes menores de 40 años (nada más y nada menos que el 34% del censo, que ha nacido, crecido y se ha desarrollado culturalmente solo en democracia), la de la Transición (más de 45 años y 9 millones y medio), la autarquía (más de 57 años y 9 millones) y los niños de la guerra (más de 77 años y 4 millones).
Lo que vivimos es, como ven, una disputa generacional. En 2011 muchos padres y abuelos convencieron a sus hijos y nietos para votar cambio (en aquel momento representado por Rajoy, como antes lo simbolizó en 2004 José Luis Rodríguez Zapatero). Cuatro años después, esto es lo molecular, esos hijos y nietos están convenciendo a sus padres y abuelos para votar a un partido emergente.
Todos ellos forman parte de lo que podríamos denominar “zona de ruptura”, un espacio de 8 millones de votantes en España que, como consecuencia de la crisis económica, la corrupción y la necesidad de actualizar por parte de la izquierda y la derecha nuestra arquitectura institucional y las políticas económicas y sociales, caminan en nuestro país entre el voto protesta y el voto propuesta.
Se trata de un entorno simbólico dominado por la “centralidad”, técnicamente transversal, constituido por nuevos electores, pero también por votantes que en el pasado confiaron en el PP y en el PSOE y al que progresivamente, es la tendencia para el 26-J, se están incorporando las generaciones más maduras.
Este segmento se ubica dentro del eje nuevo-viejo en nuestro país y tiene a los morados como primer partido, muy por delante de los naranjas, que son segundos. Por eso, a pesar de, por ejemplo, que Ciudadanos pierde, de partida, dos escaños y tiene otros dos en riesgo, podría sumar 6 y superar sus actuales 40 diputados. No lo sabremos hasta el final.
Pero estas bases nos ayudan a entender el actual techo electoral del PP. Los populares siguen siendo la primera fuerza entre los mayores de 60, pero la última, de los cuatro primeros partidos, entre los menores de 50. Esas son sus cartas: generan certidumbres para la España más clásica pero poco competitivas para la España que viene.
Hay, en cualquier caso, un asunto, a pocos días de la votación, que podría beneficiar al presidente la última semana de campaña para blindar sus últimos diputados: el Brexit. Cualquier resultado desfavorable, con la salida de los británicos de la Unión Europea, podría activar el pilar de la seguridad en el votante más abstencionista y favorecer al PP.
Un PSOE hundido en la tercera posición y humillado por Unidos Podemos en las urnas no solo es un mal negocio para los populares, sino que dificultará además cualquier tipo de gobernabilidad con ellos. Ha faltado durante este tiempo inteligencia estratégica para analizar el estado del tablero, estudiar con precisión el censo y apreciar con humildad que el Partido Popular en solitario era incapaz de frenar a los morados y todas sus confluencias.
En cualquier caso, el PSOE con el 21,1% de los votos, 80 escaños y 5 millones de electores, deberá tratar de activar hasta el Día D lo que técnicamente denominamos el código rojo para reducir distancias con Unidos Podemos. Los 90 diputados los tiene ya muy lejanos, pero podrían ganar un máximo de seis.
Un millón y medio de votantes del 20-D no acudirán a votar el 26-J. Pero sí se estima que lo hagan en torno a un millón de abstencionistas de los anteriores comicios. Y casi 200.000 podrán votar por primera vez. El PP ganará las elecciones, pero Unidos Podemos la campaña. Y como si estuvieran los papeles intercambiados de hace tan solo seis meses, todos los partidos ahora (menos UP) deberán iniciar su particular “remontada” para que no cristalice el “desempate”. Puede que, por una vez, si están unidos puedan.
*Iván Redondo es consultor político de Redondo & Asociados.

