Dastis enmienda el legado que le dejó Margallo

14 / 12 / 2016 Antonio Rodríguez
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El jefe de la diplomacia diseña otro organigrama para Exteriores y evita “atosigar” a Londres con Gibraltar.

El ministro de Exteriores, Alfonso Dastis, se dirige a los trabajadores del ministerio ante la atenta mirada de José Manuel García-Margallo

Una semana después de acceder a un cargo que no esperaba ni en el mejor de sus sueños, Alfonso Dastis puso rumbo al palacio de la Moncloa para reunirse con Jorge Moragas, el jefe de gabinete de Mariano Rajoy que tanto había sonado para ocupar el puesto de ministro de Asuntos Exteriores y que, en última instancia, fue el que recomendó al presidente del Gobierno que eligiese a Dastis para dirigir la diplomacia española.

El nuevo ministro de Exteriores conocía a Moragas desde hace una década, cuando ambos hicieron pinza contra el entonces ministro socialista Miguel Ángel Moratinos. Dastis era presidente de la Asociación de Diplomáticos Españoles (ADE) y Moragas, el encargado de Relaciones Internacionales del PP en aquellos tiempos difíciles en la oposición. De aquella amistad surgió el nombramiento a finales de 2011 de Dastis como embajador español ante la UE. Fue la primera decisión de José Manuel García-Margallo, nada más llegar a Madrid desde el Parlamento Europeo, y buena parte de culpa la tuvo Moragas, quien pronto perdería la interlocución con el entonces ministro de Exteriores.

69 embajadores a la espera

Una vez defenestrado Margallo tras la última remodelación de Gobierno, Moragas y Dastis empezaron a diseñar la nueva estructura de Exteriores y los candidatos para ocupar los 69 puestos de embajador que el Gobierno tendrá que aprobar en los próximos meses por culpa de la parálisis política que se vivió este 2016 con el Ejecutivo en funciones. La reestructuración de Exteriores supondrá, en la práctica, una enmienda considerable a la herencia entregada por Margallo.

El primer paso consistirá en fusionar la Dirección General de Medios y Diplomacia Pública que Margallo puso en marcha con la histórica Oficina de Información Diplomática (OID). Esa área de Medios y Diplomacia Pública supuso una fuerte controversia interna ya que obligó a suprimir el área de Política Exterior y Asuntos Multilaterales, Globales y de Seguridad, puesto que Hacienda fijó el número máximo de direcciones generales que podía haber en Exteriores.

Dastis se plantea además crear una Dirección General para el África Subsahariana ya que desea prestarle más atención al continente negro. En la pasada legislatura, los asuntos africanos quedaron diluidos dentro de la Dirección General para el Magreb, África, Mediterráneo y Oriente Próximo. Sin embargo, Dastis se ha encontrado con el veto de Hacienda a aumentar el número de direcciones generales, así que es muy posible que la OID vuelva a tener el rango inferior de antaño.

Dastis también prevé potenciar el área de Política Exterior y permitir que la Secretaría de Estado para la UE, que desde el pasado viernes dirige Jorge Toledo, jefe de asuntos europeos en Moncloa a las órdenes de Rajoy y Moragas, vuelva a tener dos direcciones generales, en vez de una como ahora, para ocuparse de Asuntos Generales, por un lado, y de las políticas sectoriales, por otro. Para ello, tendría que suprimirse alguna otra dirección general.

Sin atosigar

A expensas de que Dastis detalle su programa de trabajo, el ministro ya ha adelantado que no pretende “atosigar” a Londres con la cosoberanía de Gibraltar y que desea un perfil mediático mucho más bajo que el de Margallo. Un buen número de diplomáticos se consideran “hartos” de ver al exministro de Exteriores en los medios y desean que Dastis acabe con los “protegidos” de Margallo, diplomáticos que han encadenado dos o tres puestos en el extranjero gracias a que se les avisaba con antelación de los cambios en las embajadas.

En este sentido, trabajadores de Exteriores consultados por TIEMPO confían en que prime la antigüedad a la hora de conceder un puesto y se sustituya al actual subsecretario, Cristóbal González-Aller, por alguien “más neutral”. La opción preferida es Ramón Gil-Casares, actual embajador en Washington.

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