Consulta a la militancia, el comodín de los fieles a Sánchez

11 / 10 / 2016 Luis Calvo
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Los partidarios del No intentarán forzar la votación de los afiliados para evitar una hipotética abstención. Todos temen que Rajoy ponga condiciones muy duras

La batalla interna del PSOE está aún muy lejos de acabarse. La ejecución sumaria del exsecretario general socialista, Pedro Sánchez, en el último Comité Federal no ha terminado, sin embargo, con el ejército de fieles que antes de ser depuesto consiguió aglutinar en torno al “no es no”. Muchos solo esperan la llegada de tiempos mejores. A pesar de haber perdido la batalla orgánica, se niegan a entregar las armas. Han dado un paso atrás, no lo niegan, pero solo para coger carrerilla para el momento en que empiece lo que ellos mismos califican de “la batalla ideológica”.

En privado ya nadie duda de que la gestora que dirige el PSOE lleva al partido directamente hacia la abstención. Si hace solo un par de semanas la palabra misma parecía un tabú insuperable y casi nadie, ni los más críticos, se atrevían a pronunciarla, cada vez son más los dirigentes que tratan de vender la posibilidad como una más dentro del enrevesado laberinto al que se enfrenta el PSOE. Para ello contraponen el otro escenario, las elecciones, que con solo nombrarlas aterrorizan a medio partido, especialmente a los diputados que se jugarán su puesto en los comicios. Pueden resultar especialmente perjudicados los sanchistas, que probablemente se caerían de muchos de los puestos de salida en caso de nuevas elecciones. Será, elecciones o abstención, el dilema que la dirección (“directorio”, según lo califican irónicamente los derrotados) lleve al próximo Comité Federal, con tiempo suficiente para poder acudir a una hipotética sesión de investidura.

La maniobra, sin embargo, encontrará resistencia. Un grupo de miembros del Comité, convencidos de mantener el No a Rajoy hasta sus últimas consecuencias, prevé pedir durante la reunión que sea la militancia quien tome una decisión que, cree, acabará condicionando el futuro a medio plazo del partido. Incluso si su iniciativa no sale adelante, ellos habrán marcado claramente su posición y obligarán a retratarse a los partidarios de negar la palabra a los afiliados. Será el primer acto para un congreso extraordinario de los socialistas, probablemente para primavera, que a día de hoy ya se antoja encarnizado.

La abstención, un camino difícil

Lo cierto es que incluso si los partidarios de ir a la oposición y arrancar la legislatura vencen, el partido no estará en la mejor situación para negociar. El PP es consciente de la debilidad del PSOE y nadie duda en Ferraz de que pondrán condiciones antes de aceptar la abstención de los socialistas. “Nos van a exprimir”, explica gráficamente un dirigente al que pactar solo unos Presupuestos Generales le parecería un regalo con tal de evitar nuevas elecciones.

No todos piensan lo mismo. La abstención supone dos problemas adicionales para los socialistas. Por un lado, el PSC, su partido hermano en Cataluña, podría reclamar su independencia en el Congreso de los Diputados para evitar apoyar a Rajoy, una decisión difícil de justificar ante sus votantes. Queda además el problema de quién subirá a defender en la tribuna del Congreso una abstención que hasta hace dos semanas todos rechazaban como una traición a las esencias del PSOE. Entre los críticos quieren que sea Antonio Hernando, actual portavoz en el Congreso y uno de los hombres más cercanos a Sánchez. Él, por ahora, se niega en rotundo. Si no fuese posible convencerle, Eduardo Madina, uno de los dirigentes que encabezaron la rebelión contra Sánchez y su rival en las primarias hace dos años, o Antonio Pradas, el dirigente andaluz que entregó las firmas de los 17 dimisionarios de la Ejecutiva en Ferraz, ambos con escaño en el Congreso, podrían funcionar como plan b.

Aún más complicado es el escenario que se abre en caso de que las negociaciones no prosperen y, a pesar de la disposición del PSOE, haya que ir a terceras elecciones. Descabezado y con una profunda división interna, el partido tendría que buscar un candidato capaz de evitar una debacle. El proceso se antoja aún más traumático teniendo en cuenta que la elección se debe realizar a través del voto de todos los militantes. Aunque a día de hoy no parece que Sánchez vaya a dar el paso y se sospecha que prefiere esperar a la celebración del congreso, las primarias podrían provocar una nueva tanda de cuchilladas entre los distintos bandos de un partido roto en dos.

Suena cada vez más como solución de consenso el nombre del exministro de Educación Ángel Gabilondo, una figura de reconocido prestigio capaz de poner de acuerdo a unos y otros. Ya en 2015 Gabilondo accedió a aglutinar el partido en Madrid, curiosamente después de que Sánchez forzara la dimisión de Tomás Gómez, uno de los críticos que acabó con él. 

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