Cataluña se enfrenta a más tensión callejera

03 / 11 / 2016 Antonio Fernández
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Los independentistas quieren trasladar la tensión a la calle para hacer más visible el proceso.

El pequeño grupo Endavant, que conforma el núcleo duro de la Candidatura d’Unitat Popular (CUP), reconocía en un documento fechado el pasado mes de agosto, que “cuanto más avanzan los meses, más avanza la desmovilización y, por tanto, las opciones de ruptura disminuyen”. El partido anticapitalista e independentista catalán aboga por “hacer una denuncia clara del procesismo y apostar por materializar la ruptura de forma inmediata” y daba la fecha de junio de 2017 como el tope para romper con España.

Sus intenciones siguen siendo las mismas y junio es ahora la fecha prevista para la aprobación definitiva de las leyes “de desconexión”, que deben desligar a Cataluña del marco jurídico español y poner las bases para realizar un referéndum de independencia en el mes de septiembre del año próximo.

Desde las filas independentistas, se admite que “la gente acusa un cierto cansancio. Pero hay que tener en cuenta que en ningún país del mundo se han producido tantas movilizaciones populares y de tanta intensidad como en los últimos cuatro años en Cataluña”. A cambio de esas movilizaciones, ¿qué ha recibido el independentismo? “Nada. Y eso genera frustración en la gente”, subrayan.

Desde las filas de la CUP se apuesta ahora por “movilizar de nuevo a la gente. Es necesario tensionar la calle para poder volver a ilusionar”, destacan a Tiempo fuentes internas de la organización radical. Y ello por dos motivos: en primer lugar para reactivar el proceso “en el último tramo”. “Ahora –dicen– comienza la etapa más importante en el camino hacia la independencia y necesitamos unidad y movilización de la ciudadanía”. Pero, por otro lado, también porque “la movilización en la calle es la quintaesencia de la CUP”. En otras palabras, este partido no es carne de despacho, sino que nació y se nutre de la movilización popular.

Movilizaciones

Desde Junts pel Sí (JxS), la otra gran plataforma independentista, también se hace esta lectura. El propio Artur Mas, para mostrar su apoyo a la presidenta del Parlamento catalán, Carme Forcadell, después de que el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña admitiese la querella de la Fiscalía General del Estado por haber permitido que se votara una resolución anticonstitucional, ha enfatizado: “Cuantas más querellas y acciones judiciales para hacernos descarrilar lleven a cabo, más grande debe ser la movilización de la gente en la calle. Debemos mantener el pulso”.

La oleada de denuncias contra dirigentes independentistas (ya sea por el proceso del 9-N contra Artur Mas y tres de sus consejeros, contra Forcadell o contra alcaldes y concejales por haber abierto sus ayuntamientos el 12 de octubre, por no colgar la bandera española o por aprobar mociones independentistas) es la excusa perfecta para volver a tensionar la calle. Tanto desde JxS como desde la CUP se acusa al Gobierno español de “judicializar la política”. Pero en el fondo les va bien a los independentistas, porque es la excusa perfecta para dar otra vuelta de tuerca, hasta el punto de que desde las filas radicales se ha dado la consigna de tensar más la cuerda: “Necesitamos movilización y tirar del carro, porque si la CUP no se pone al frente del proceso, el procesismo jamás llevará a Cataluña a la independencia”, argumentan.

De ahí la posición maximalista ante los temas identitarios y la presión al Gobierno catalán para que cumpla la hoja de ruta rupturista que debe terminar en un referéndum unilateral en septiembre de 2017. Pero la otra cara de la moneda de esa hoja de ruta es “la presión de la gente en la calle”. Solo así, según ellos, la estrategia dará sus frutos.

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