Bambalinas de la CUP: los últimos bolcheviques

28 / 04 / 2016 Luis Calvo
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Un libro del periodista Toni Bolaño desmenuza los referentes de la formación, desde Terra Lliure al PSUC.

“Hace 40 años la CUP ya estaba, era el PSAN-P”. La frase de Anna Gabriel, una de las dirigentes más visibles de la plataforma electoral, esconde una realidad: la CUP, el partido que hace meses puso al borde del abismo la política catalana y que mantiene al presidente de la Generalitat en una constante provisionalidad, no surge de la nada. Al contrario, su inesperado éxito electoral hunde unas raíces profundas en la política catalana de los últimos 40 años, que el periodista Toni Bolaño ha analizado minuciosamente en su libro Extremo Nordeste. La CUP: los últimos bolcheviques de Occidente.

Las más evidentes, como reconoce Gabriel, en los movimientos independentistas catalanes que en la Transición trataron de emular sin éxito la situación de enfrentamiento que se vivía en el País Vasco. Basta con analizar la referencia que da la propia dirigente de la CUP.

El Partit Socialista d’Alliberament Nacional-Provisional (PSAN-P), surgió en los años 70 del siglo XX como escisión del PSAN después de que algunos militantes consideraran tibia la postura del partido independentista. El término “provisional” está inspirado en el que utilizaba en Irlanda del Norte el IRA-Provisional. No era su único vínculo con grupos terroristas. El PSAN-P colaboró con ETA en los primeros años de su vida y fue uno de los puntos de partida de Terra Lliure, la organización terrorista que operó en Cataluña durante los años 80. Algunos de aquellos dirigentes, que se movían en una esfera política que justificaba el terrorismo para luchar contra el Estado, como el escritor y traductor Carles Castellanos o la lingüista Blanca Serra, acabaron siendo con el tiempo referentes de la CUP e incluso ocupando un lugar en sus listas. También hay una cierta herencia de otros grupos del entorno de Terra Lliure como la Esquerra Catalana de Treballadors, o Independentistes Països Catalans (IPC).

La confluencia imposible

Sería simplista, sin embargo, limitar a la esfera del terrorismo catalán los orígenes de la plataforma. Los años 80 y 90 fueron una etapa convulsa en el independentismo catalán. Todos los movimientos que trataron de organizar una confluencia entre distintos partidos secesionistas fracasaron. Ni el Bloc d’Esquerra d’Alliberament Nacional (BEAN), ni la Entesa Nacionalistes d’Esquerra lograron un resultado aceptable. Cada vez que moría una formación surgían varias: Moviment Defensa de la Terra, Catalunya Lliure, Assemblea Unitat Popular... Mientras, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), que aún no defendía la independencia, fue ganando a quienes abandonaban ese camino para obtener a cambio representación en la vida política catalana. Aunque muchos de estos grupos desaparecieron, no lo hizo la idea que defendían. De hecho, Bolaño afirma que pese a sus derrotas políticas, son esos planteamientos los que han ganado la pelea por el discurso. Ahora en Cataluña nadie del círculo independentista se atreve a negar que la comunidad esté oprimida por el Estado, impidiendo que se desarrolle como nación próspera, progresista e igualitaria: todos los problemas de Cataluña vienen de España.

Esas ideas son las que están en el origen de la CUP. El partido junta esa tradición independentista de extrema izquierda con otras sensibilidades (ecologista, antisistema, municipalista...) y la vocación, heredada del PSUC, de ser un partido de masas, que llevase la política a la calle. Pese a costarle fuertes disensiones internas, el éxito es evidente. En unos años han pasado de extraparlamentarios a condicionar la política catalana.  

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