Así es el día a día de Pablo Iglesias en Bruselas

30 / 01 / 2015 Clara Pinar
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Acude al gimnasio casi todos los días, comparte piso con un compañero de partido y es poco dado a disfrutar de la vida bruselense. Esta es la historia del día a día del líder de Podemos desde que es eurodiputado en la capital comunitaria.

Bruselas, primera parada. Mientras dirige la construcción de Podemos y prepara su salto definitivo a la política nacional, Pablo Iglesias ha encontrado en el Parlamento Europeo un lugar donde disfrutar del anonimato que desde hace meses ya no tiene en España, crear redes con políticos de otros países y miembros de lo que él llama casta y aplicar, quizá también, sus conocimientos de Ciencia Política. Un argumento semejante empleó él mismo al poco de llegar. Era el inicio de legislatura después de las elecciones del 25 de mayo y cada eurodiputado se disponía a elegir las comisiones en las que quería trabajar. Él eligió ser miembro de las de Asuntos Exteriores y Derechos Humanos, asuntos en los que la Unión Europea no tiene una política común y que, más que logros concretos, “potencian el bla, bla, bla”, según un trabajador de la Eurocámara. Extrañó que se decantara por comisiones sin peso real. Su respuesta fue que se correspondían más con su formación y perfil.

Han pasado ocho meses y la vida de Iglesias ha cobrado forma propia, alejado ya de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense. Iglesias es, quizá junto a la política de extrema derecha Marine Le Pen, el miembro más conocido de la Eurocámara, pero con la diferencia de que mientras Le Pen está bastante ausente, Iglesias está allí como un clavo todas las semanas.

“Es verdad que asisten a todo”, dicen fuentes comunitarias, si bien Tiempo pudo comprobar de forma aleatoria cómo el 20 de enero Iglesias no acudió a una reunión de la Comisión de Exteriores. Según la versión de su equipo, se encontraba preparando el viaje a Grecia para apoyar a Alexis Tsipras en el final de la campaña electoral en ese país. Una eurodiputada española explica que Iglesias es “muy activo en los plenos”, pero que también tiende a organizar actos que sabe que tendrán especial repercusión mediática. Desde Podemos se responde que su líder se dedica al trabajo europeo todo el tiempo que pasa en Bruselas. “Siempre podríamos hacer más. Nos gustaría que la única institución que tiene que ver con la soberanía popular de los europeos tuviera más competencias. Nosotros vamos a seguir dejándonos la piel para hacer visibles los problemas”, explica Iglesias cuando se le pregunta por la labor del Parlamento Europeo.

Iglesias se ha reunido en Bruselas o Estrasburgo, las dos sedes de la Eurocámara, con la Plataforma de Afectados por la Hepatitis C o con quienes se oponen a la reforma de la ley del aborto. Los diputados de otros partidos consideran que eso es usar la Eurocámara con fines nacionales. En su grupo político, la Izquierda Unitaria Europea (GUE), creen que eso también lo hacen otros diputados: “Pablo está aquí para preparar unas elecciones y ganarlas, pero él no está olvidando el trabajo en la UE”.

Iglesias pasa tres o cuatro días a la semana en Bruselas o Estrasburgo (el Parlamento se reúne una vez al mes durante una semana en la ciudad francesa). Suele llegar los lunes después de la reunión del Consejo de Coordinación de Podemos en Madrid y se marcha los jueves. No ha pasado aún ni un fin de semana en Bruselas, donde a duras penas alcanza a salir del Parlamento y del llamado barrio europeo, donde vive en el piso que comparte con otro compañero de delegación.

En España, su popularidad no le permite caminar tranquilo por la calle y eso le ha llevado a dejar de ir al supermercado y pasar a hacer la compra on line. Pero en la capital belga disfruta de un anonimato que le permite tomar unas cervezas al final de la jornada siempre que puede. Esos días se suma a la fauna comunitaria (eurodiputados, asistentes, funcionarios...) que cada atardecer se da cita en alguno de los bares que delimitan la plaza de Luxemburgo, justo enfrente de la Eurocámara. O sale a cenar para disfrutar de la buena gastronomía de Estrasburgo. En esas actividades paraparlamentarias se le ha visto acompañado de dos de los eurodiputados con los que ha hecho mejores migas: Javier Couso, de Izquierda Unida, y Marisa Matías, portuguesa del Bloco de Esquerda.

Con chándal y toalla.

Iglesias suele aprovechar los huecos en su agenda para hacer ejercicio, y no tiene ningún reparo en recorrer los pasillos de la Eurocámara en chándal y con una toalla al hombro cuando va de camino al gimnasio. En Estrasburgo también se le ha visto hacer running por el exterior.

Fuera de su grupo parlamentario, Iglesias tiene muy buenas relaciones con otros diputados. En concreto, con el socialista Luis Fernando López Aguilar, asiduo participante de La Tuerka, el programa de televisión que dirige Iglesias, y el popular Esteban González Pons. Es frecuente verles charlando y tomando un café en el Parlamento Europeo. Un eurodiputado a quien Iglesias calificaría de casta le describe como “un personaje muy interesante, culto y divertido”.

En el PP cunde la idea de que, al final, Iglesias es un eurodiputado como cualquier otro y Podemos “un partido más”. En declaraciones a Tiempo, Iglesias niega rotundamente que ellos sean iguales: “Nosotros donamos parte de nuestro sueldo y estamos en los primeros lugares del ranking” de actividad parlamentaria. “Creo que es bueno que haya cordialidad y buen ambiente, pero no compartiría eso”, añade.

A la cabeza de los diputados españoles en la clasificación de mayor actividad parlamentaria está el socialista José Blanco, mientras que Iglesias aparece en decimocuarto lugar, justo por delante de Elena Valenciano. Tres de los cinco eurodiputados de Podemos están el top 20 de los 54 diputados españoles.

Iglesias debe asistir cada mes a la sesión plenaria (tres días en una misma semana), a las reuniones de las dos comisiones parlamentarias a las que pertenece y, además, a las citas propias de su grupo parlamentario (GUE), en las que tiene un cometido especial: cinco reuniones al mes, tres con los otros 51 eurodiputados que lo forman y otras dos como jefe de la delegación de Podemos dentro del GUE.

Los eurodiputados de Podemos están “muy presentes” en el trabajo del grupo, aseguran en el GUE. Allí proponen temas para ser sometidos a la consideración de los diputados de distintas nacionalidades que lo forman. Algunas veces son iniciativas que se asumen para ser defendidas por todo el grupo, como celebrar una cumbre sobre la deuda; otras, quedan solo como una propuesta de delegación, como la reivindicación de los enfermos de hepatitis C, que Iglesias planteó en enero.

La llegada de Podemos a Bruselas supuso la llegada al GUE de partidos de los países que más habían sufrido la crisis. Como el griego Alexis Tsipras, de Syriza, Iglesias también fue tomado como un “símbolo”, de ahí que fuera propuesto por el GUE para presidir la Eurocámara, con las mismas nulas posibilidades que tenía Tsipras de convertirse en presidente de la Comisión Europea.

“Se mueve bien”, destaca “su calma, su aplomo y su capacidad de gestión” a pesar de todas sus responsabilidades, de los “ataques” que recibe de la prensa y de “ser nuevo en el Parlamento”, dicen desde el GUE. De esto también dan fe otros trabajadores de la Eurocámara, que, sin embargo, constatan cómo pasados los meses ni Iglesias ni sus compañeros corrigen algo que les perjudica: el manejo de los tiempos. Iglesias suele hablar más de la cuenta durante sus intervenciones. Dispone de un minuto, que suele agotar con la introducción, de manera que la presidencia le tiene que retirar la palabra y no le queda tiempo para formular su pregunta a la Comisión Europea, dispensando así al Ejecutivo comunitario de responder.

A medida que han pasado los meses, la actitud de Iglesias hacia la prensa ha cambiado, y no solo en España. Esta es la percepción que tienen tanto los periodistas como algunos trabajadores del Parlamento. Hay cierto malestar porque ya no está tan disponible como al principio. Sirva de ejemplo que hace unos días Iglesias canceló en el último minuto su participación en el debate Europa 2015 que Televisión Española celebra cada semana desde Bruselas y Estrasburgo y en el que participan cuatro eurodiputados de diferentes partidos políticos. Ese mismo día, a la misma hora y en un estudio contiguo, Iglesias grababa su propio programa con una entrevista a su amigo Javier Couso.

Pese a que Iglesias deniega entrevistas con la BBC y otras grandes televisiones europeas, siempre guarda un hueco en su agenda para La Tuerka, el programa de la televisión digital al que dona 4.000 euros mensuales de su sueldo.

“Están desaparecidos”.

El equipo de Iglesias niega que ese silencio informativo sea premeditado. “Es que no tenemos tiempo físico”, dice uno de sus colaboradores el día antes del viaje a Atenas. Horas antes de montarse en el avión, le comunican desde la sede de Syriza que hay más de 100 peticiones para entrevistarle. Su falta de tiempo para atender solicitudes no solo afecta a la prensa: los servicios de información de la Eurocámara no entienden por qué es prácticamente imposible hablar con ellos para simples cuestiones técnicas. “Están desaparecidos”, aseguran.

Los miembros de Podemos en la Eurocámara tienen un cuidado extremo por no ser vistos como derrochadores. Iglesias se opone a las políticas de austeridad, pero se las aplica él mismo de una forma que en muchas ocasiones roza el extremo. “Son víctimas de ellos mismos”, dice un funcionario con muchos años en la Eurocámara.

Los eurodiputados y asistentes de Podemos comparten distintos pisos en Bruselas y en Estrasburgo evitan los hoteles y se distribuyen en varios apartamentos de alquiler. No comen nunca en el restaurante reservado para los eurodiputados, sino en la cantina, donde, bandeja en mano, se confunden con funcionarios, asistentes y periodistas. Para compensar, un eurodiputado español de la oposición asegura que sí que toman café en la cafetería destinada solo a miembros de la Eurocámara.

También son muy drásticos en lo que respecta a algunos servicios que el Parlamento pone a disposición de sus diputados y que Podemos siempre ha visto como privilegios de los que no quiere beneficiarse. La paradoja es que la alternativa sale más cara o supone pagar dos veces por algo con un dinero que, al final, sale del mismo presupuesto público.

Iglesias ha llegado a negarse a subir al avión que le tenía que llevar desde Madrid a Estrasburgo porque le habían comprado un billete en business, que ya estaba pagado con un dinero que ya no se pudo recuperar. En su lugar, compró en el último minuto un billete en clase turista que pagó con sus dietas, que también salen de las arcas del Parlamento. Esto ocurrió en octubre, en una ocasión en la que falló la nueva rutina que los eurodiputados de Podemos se empeñaron en imponer a su llegada a Bruselas, relacionada con los viajes en avión.

Fueron muy comentados los periplos aéreos que hacían los cuatro miembros de Podemos –menos Pablo Echenique, que por problemas de accesibilidad viaja siempre en tren– para evitar los vuelos más caros. Al final, se impuso la evidencia de que llegar a Bruselas en una conocida compañía de low cost suponía tardar varias horas más. Teresa Rodríguez, Lola Sánchez y Tania González siguen haciendo combinaciones para evitar el vuelo de Iberia que cubre la ruta Madrid-Estrasburgo, ocupado en un 80% por eurodiputados españoles y que a casi dos meses vista ya cuesta 800 euros para la semana del pleno de marzo.

Para que pueda cumplir con su agenda, se decidió que Iglesias sí tomaría este vuelo, pero en turista. Primero tuvieron que acordarlo con la agencia de viajes del Parlamento, que ha seguido la instrucción salvo en ocasiones como la de octubre. En Podemos apuntan que su empeño ha obligado a otros eurodiputados que antes no tenían problema en viajar en business a hacerlo ahora en turista.

Otro de los privilegios que rechaza Iglesias es utilizar la flota de taxis compartidos que la Eurocámara pone a disposición de sus miembros para sus traslados al aeropuerto. A pesar de ser un servicio ya pagado, prefiere coger -y pagar- un taxi. En su equipo admiten que a veces esta cerrazón no tiene sentido, que podrían utilizar servicios que de todas formas se pagan con dinero público. “Pero nos atacarían muchísimo porque hemos sido muy críticos”, admiten.

Al límite del reglamento.

A pesar de ello, Podemos se sitúa en el filo de lo permitido por el reglamento del Parlamento en lo que respecta al gasto de los miles de euros con los que cada eurodiputado cuenta al mes. Iglesias y sus compañeros donan dos tercios de su salario y se quedan con unos 2.000 euros mensuales, a los que suman 300 euros diarios por cada jornada que pasan en Bruselas o Estrasburgo, en total unas 12 al mes.

Además, disponen de 20.000 euros al mes para la contratación de asistentes y otros 4.000 de “dieta de secretariado”, que permite la apertura de oficinas de representación nominales, es decir, “de Pablo Iglesias” o “de Lola Sánchez”, por ejemplo, pero no “de Podemos”, como está haciendo la formación. Fuentes parlamentarias admiten que así no se cumple del todo con el reglamento, pero admiten que “al menos se lo gastan y no se lo quedan como hacen otros”. Con lo que también deberán tener cuidado Iglesias y los suyos es con la donación que hacen de parte de su sueldo. Si en lugar de sueldo esos donativos salieran de cualquier otra partida, estarían incurriendo en una irregularidad.

Cuando llegó, Iglesias solo era el líder in péctore de Podemos. Entre sus idas y venidas a Bruselas, se ha convertido en secretario general de un partido aún en construcción y en los próximos meses seguramente será proclamado candidato a la presidencia del Gobierno. A este ritmo, ajenos a Podemos auguran que a Iglesias no le quedan muchos meses allí, y quizás por ello no se haya interesado más por integrarse y conocer la capital comunitaria. “En verano se irá. Cada vez le cuesta más sacrificio pasar aquí tres días a la semana”, dicen en los pasillos de la Eurocámara. En Podemos piensan muy diferente y apuestan que seguirá hasta que gane un escaño en el Congreso de los Diputados.

¿Se ve Pablo Iglesias cambiando el año que viene el Parlamento Europeo por el Consejo Europeo (que reúne a los jefes de Gobierno de los 28 Estados miembros de la UE)? “Dependerá de los ciudadanos”, contesta él a la pregunta de Tiempo. ¿Se ve capaz? “Si no queda más remedio...”.

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