Arde Podemos
El secretario de Organización destituido con nocturnidad, varias direcciones regionales laminadas, críticas al autoritarismo impuesto por Pablo Iglesias, sospechas de irregularidades en los procesos de primarias...
A Pablo Iglesias se le multiplican los problemas. Cada vez son más los críticos que denuncian que lemas del tipo “entre todos podemos” no son descripciones de la democracia interna de la formación, sino meros plurales mayestáticos; una figura retórica que utilizó por primera vez Enrique II de Inglaterra y que se popularizó en las cortes europeas del siglo XII permitiendo a los reyes de la época presentar como colectivas decisiones tomadas, casi siempre, de forma unilateral y autoritaria. Porque según estas voces críticas, en Podemos Iglesias puede y sus afines pueden, pero los discrepantes tienen muy complicado conjugar cualquier tipo de poder.
“Se ha purgado a todas las voces críticas”, lamenta Enric Martínez, que fue expulsado de Podemos tras liderar la corriente crítica Podemos Unidos en Cataluña, y que ahora representa a la agrupación Unidos Sí. En tan solo un año, poco o nada queda ya de los Consejos Ciudadanos, el equivalente de la formación morada a las Ejecutivas regionales y estatales, que se eligieron en unas primarias que, según aseguraron Iglesias y los suyos en febrero de 2015, serían ejemplo de transparencia. Desde entonces, la Secretaría de Organización del partido ha tenido que sofocar seis rebeliones autonómicas y durante varios meses cinco comunidades (La Rioja, País Vasco, Cantabria, Galicia y Cataluña) han estado dirigidas, de forma simultánea, por gestoras nombradas desde la dirección estatal.
El penúltimo incendio llegaba horas después del debate de investidura desde Madrid, una plaza clave para Pablo Iglesias en una hipotética repetición de elecciones. Emilio Delgado, número tres del Consejo Ciudadano, se declaraba en una carta escrita en Facebook “incapaz” de seguir formando parte de la directiva regional. Reprochaba la “inacción” del equipo de Luis Alegre, hombre de confianza de Pablo Iglesias, del que considera que ha estado “ausente” y que no ha dado la talla durante la campaña electoral. “No lo merece ni nuestra organización ni todas las personas que apoyaron a Podemos”, sentenciaba. En su punto de mira también estaba Miguel Vila, número dos de la formación en la directiva madrileña. Algunos militantes le reprochan haber dejado de lado sus labores en la Ejecutiva regional para presentarse en las elecciones generales por la provincia de Burgos y así asegurarse el escaño en el Congreso de los Diputados, a pesar de no tener ningún vínculo conocido con la región castellanoleonesa.
Las palabras y reproches de Delgado desencadenaron entonces un tsunami que ha arrasado la cúpula madrileña. Apenas 24 horas después, nueve miembros más presentaban su dimisión en un comunicado conjunto, “debido a la deriva de este órgano”, en referencia a la dirección que había tomado el Consejo Ciudadano en la región. Con estas dimisiones, ya solo sobreviven en la directiva regional 24 de las 34 personas que eligieron los simpatizantes en las elecciones primarias. No obstante, no será necesario, al menos de momento, nombrar una nueva gestora que dirija la filial madrileña de Podemos porque según los estatutos basta con mantener 18 integrantes en el Consejo Ciudadano para que este pueda seguir funcionando de forma autónoma.
Iglesias negó durante varios días que hubiera diferencias internas y atribuyó el revuelo mediático a una campaña del PSOE para conseguir la abstención de Podemos en la investidura de Pedro Sánchez. Sin embargo, el martes 15 de marzo, al filo de la medianoche, el partido se descolgó con un comunicado en el que explicaba la destitución de su secretario de Organización, Sergio Pascual, por su “gestión deficiente” y anunciaba que el propio Iglesias asumirá a partir de ahora sus funciones.
“El resultado de las primarias en Madrid era un resultado imposible”, denuncia Enric Martínez, que además de crítico con Pablo Iglesias es también politólogo. Asegura que como él son varios los miembros de las llamadas corrientes críticas que han puesto en tela de juicio el Consejo Ciudadano que surgió en la capital de aquellas primarias hace un año. Según su versión, “con el sistema de listas plancha” que impone Podemos, es “altamente improbable” que se forme un Consejo Ciudadano dividido casi al 50% entre dos candidaturas, como ocurrió en Madrid con la corriente de Luis Alegre y los próximos a las tesis de Miguel Urbán (militante de la llamada corriente Anticapitalistas) y lamenta que nadie lo haya auditado.
“Los anticapis han sido siempre la disidencia permitida y amigable”, explica Martínez, porque, en su opinión, las críticas de este movimiento favorecieron la creación de esa imagen plural que los dirigentes de Podemos quisieron dar cuando fundaron el partido. Por eso ahora tampoco termina de creerse la supuesta división interna que habría creado la dimisión de los diez militantes críticos con la gestión de Luis Alegre. “Creo que ha habido un marco controlado de aparente disidencia para llamar la atención en los medios de comunicación”, explica, aludiendo a que las dimisiones se producen en un momento crítico para la política estatal y en plena negociación para formar nuevo Gobierno. Asegura que a pesar de las renuncias, estos dirigentes dimitidos “siguen pensando que son los mejores” para dirigir el partido y prueba de ello es que no se han desvinculado por completo: Delgado mantiene su acta de diputado en la Comunidad de Madrid y sigue adscrito al grupo Podemos.
Desde la dirección madrileña prefieren cerrar filas, mantener un perfil discreto mientras pasa el temporal y evitar hablar de división interna. Tras la dimisión de Delgado, Íñigo Errejón admitió “diferencias internas”; pero en el Consejo Ciudadano, a quien pregunta, le remiten a un escueto comunicado en el que se limitan a lamentar las dimisiones y a recordar que la crítica y el debate son siempre “bienvenidos” en la formación.
Tampoco se puede en el País Vasco.
A Iglesias tampoco terminan de salirle las cosas en Podemos Euskadi, una región donde la formación morada aspira a consolidarse como segunda fuerza política. Roberto Uriarte, secretario general electo en las primarias, dimitía a pocas semanas de comenzar la campaña electoral del 20-D. En una sonada rueda de prensa en la que compareció rodeado de todo su equipo, denunció las “imposiciones” de determinados cargos estatales. Criticaron que desde la cúpula del partido se forzara a la dirección regional a presentarse a las elecciones generales con una lista elaborada desde Madrid mediante un cuestionado sistema de primarias, diseñado para favorecer la candidatura auspiciada por Iglesias. Salió tan escaldado de su intento de dirigir la filial morada en el País Vasco que ahora se limita a ser “un simpatizante más” y apenas ha tenido contacto con las candidaturas que han optado a relevarle. “El problema es que desde el partido se ha empezado a desarrollar un aparato; y no queremos aparatos”, dijo entonces Uriarte, y cuatro meses después, en declaraciones a la revista TIEMPO, se ratifica en sus declaraciones. “Los líderes regionales no son suficientemente respetados”, lamenta, cuestionando sin tapujos la gestión de Sergio Pascual, hasta ahora secretario de Organización de Podemos, del cual dependía la estructura regional del partido. Considera que su política ha sido “muy desacertada” y le acusa de haber provocado un gran daño “a base de presiones” para intentar desautorizar a los líderes regionales críticos con Iglesias. “Hay personas que siguen funcionando con esquemas de la vieja política”, lamenta.
Puede que con la intención de evitar una segunda rebelión en una de las provincias más sensibles para la formación morada, algunos miembros de la Ejecutiva estatal han tomado partido explícitamente a favor de Nagua Alba, la llamada candidata oficialista, en las primarias que acaban de celebrarse en Podemos Euskadi la primera semana de marzo. Íñigo Errejón llegó a decir en Twitter que la “garantía” para volver a ganar en el País Vasco –el 20-D Podemos fue la formación que más votos recibió– era “el equipo de Nagua Alba”, una lista en la que casualmente también ha participado su hermano menor, Guillermo Errejón, que aunque toda su vida ha vivido en Madrid, este año está cursando un máster en la Universidad del País Vasco.
Pero esta segunda elección tampoco ha estado exenta de polémica. Miembros de la candidatura Kaliangora, corriente crítica liderada por miembros de la antigua directiva de Uriarte, denuncian que los estatutos de Podemos prohíben a los dirigentes estatales posicionarse a favor de un candidato y han pedido una auditoría de los resultados. Aseguran haber detectado que 775 personas se dieron de alta en el censo durante los días de la votación, lo que supone un 25% de los votos que recibió Alba (que ganó a la corriente crítica por tan solo 131 votos). Además, temen que muchos afiliados de Podemos hayan cambiado el domicilio que figura en sus perfiles electrónicos para poder votar aunque no residan en el País Vasco. “Hay indicios que generan susceptibilidades”, reconocía Pilar Garrido, número uno de esta corriente crítica vasca. Se ha visto obligada a dirigir una carta abierta a Pablo Iglesias a través de los medios de comunicación, porque aseguran que han pedido en privado a Madrid que audite el proceso, pero que por el momento no han obtenido respuesta alguna. Tan solo Nagua Alba se ha referido a su petición durante su primera comparecencia pública como secretaria general de Podemos Euskadi, limitándose a señalar que no habían detectado “nada anormal”.
Sin poder en territorios históricos.
“Los territorios históricos somos especiales y siempre nos gusta organizarnos a nuestra manera”, recordaba Garrido, y así lo confirma la situación caótica que vive Podemos en Galicia desde hace un mes. Allí, Breogán Riobóo, elegido secretario general en primarias, resiste en su cargo pese a que se ha nombrado una gestora.
Todo ocurría en febrero de este año. La dimisión de diez miembros del Consejo Ciudadano dejaba la dirección sin los miembros suficientes que exige la normativa interna de la formación morada para seguir funcionando de forma autónoma. Riobóo se había enfrentado públicamente a la cúpula del partido al cuestionar el modo en el que se había formado la coalición entre Podemos y En Marea. Desde la dirección estatal de Podemos, y con el reglamento en la mano, decidieron nombrar una gestora integrada por personas afines para dirigir a la formación en Galicia, como el senador José María García Buitrón.
Pero lejos de dimitir, Riobóo contestó enviando una carta a la militancia donde acusaba a Madrid de utilizar “maniobras al margen de los estatutos” y de “robar la libertad de poder debatir y decidir” a los militantes. En sus comparecencias incluso ha llegado a insinuar que las dimisiones fueron una acción “orquestada desde Madrid” para poder justificar la necesidad de nombrar a una gestora. Es más, a pesar de esta imposición, considera que sobre el papel “sigue siendo secretario general” con legitimidad para dirigir el partido en Galicia porque nadie le ha destituido, y ya ha manifestado su intención de presentarse de nuevo a las primarias para el mes de marzo. “Que sean los gallegos quienes decidan”, sentencian desde su entorno.
“Y eso que Riobóo siempre había sido uno de los niños mimados de Iglesias”, recuerda Enric Martínez, que ha llevado a la cúpula de Podemos a los tribunales por excluirle de las primarias en Cataluña. Porque en este otro territorio histórico las primarias de hace un año tampoco han estado libres de polémica.
Tras la exclusión de la candidatura crítica Podemos Unidos, encabezada por Enric Martínez, Gemma Ubasart dejaba prácticamente sin opciones a sus rivales. Iglesias se aseguraba así la presencia de una persona de su total confianza en la dirección catalana, con la que además mantenía una larga amistad que se remontaba a los años que ambos pasaron con una beca Erasmus en Italia. “A Gemma Ubasart, con quien he seguido compartiendo compromisos y proyectos”, escribía Iglesias en las dedicatorias de su tesis doctoral. Sin embargo, parece que los roces durante la pasada campaña para las autonómicas catalanas del 27-S y los supuestos coqueteos de Ubasart con la izquierda independentista, han terminado por pasarles factura. Así, la secretaria general de Cataluña presentaba su dimisión tras el batacazo electoral del 27-S, entre reproches a Iglesias y Errejón por haber dirigido desde Madrid su estrategia electoral.
Las crisis territoriales de Podemos no parecen, sin embargo, limitarse a los llamados territorios históricos. Regiones más modestas también son fuente de problemas para la cúpula del partido. Cantabria lleva un mes gobernada por una gestora después de que miembros del sector crítico pidieran la dimisión de José Ramón Blanco, secretario general de la región, entre acusaciones de nepotismo y autoritarismo. Su homólogo riojano no llegó a ocupar el puesto ni un mes, porque la dirección de Podemos decidió anular las primarias al detectar irregularidades en la votación telemática, un sistema muy cuestionado dentro del partido.
Los últimos en hacerlo han sido los militantes del País Vasco. Jesús Ibáñez, ingeniero informático afín al sector crítico de Podemos Euskadi, asegura haber detectado varios fallos de seguridad en las últimas primarias. “No hay un sistema de votación electrónica perfecto”, reconoce, pero critica que además la dirección estatal haya decidido “eliminar” algunos de los filtros de seguridad utilizados hasta ahora, de manera que, por ejemplo, no se puede detectar si un militante ha cambiado el domicilio que figura en su perfil con la única intención de votar en un territorio que no le corresponde. “El sistema de Agora Voting [la plataforma web utilizada por Podemos en sus procesos de primarias], brilla por su falta de transparencia”, lamenta Enric Martínez, que acusa a Pablo Iglesias de haber creado un partido de estructura “leninista”, “menos democrática” que el PP. “Es necesario un Vistalegre II”, añade Roberto Uriarte, más moderado en sus planteamientos, en referencia al multitudinario acto fundacional celebrado en octubre de 2014 que confirmó a la corriente liderada por Iglesias en la dirección estatal. Quien durante unos meses fuera secretario general de Podemos Euskadi apunta a la necesidad de volver a la “esencia” de la formación morada para recuperar el contacto con las bases. “Si no volvemos a ese espíritu corremos el riesgo de ser un partido más”, señala.
Estas crisis territoriales llegan en uno de los momentos más delicados para el dirigente del partido morado, que a la vez tiene que lidiar con las discrepancias internas acerca de su estrategia de negociación con el PSOE. Los más críticos son los miembros de la corriente Anticapitalistas, a la que pertenece Teresa Rodríguez, secretaria general de Podemos Andalucía; una región que a pesar de las voces críticas que se levantaron en verano en contra del modelo de primarias impuesto por la dirección estatal, de momento mantiene intacto su Consejo Ciudadano. En un comunicado han pedido a Iglesias un discurso “más nítido” para “desbaratar el cambio en marcha”, en referencia a una posible “Gran Coalición”. Exigen además el cese de todas las negociaciones con los socialistas y apuestan claramente por unas nuevas elecciones al entender que “solo una fase de movilización puede alterar la actual dinámica”.
También hay quien tensa la cuerda desde el extremo opuesto. Tras el debate de investidura, el que fuera eurodiputado por Podemos Carlos Jiménez Villarejo, anunciaba su intención de abandonar el partido como consecuencia del “no” de Iglesias a la investidura de Pedro Sánchez. “Aunque intentaron desautorizarle desde el sector del Procés Constituent (movimiento a favor de la independencia y el derecho a decidir en Cataluña) ha seguido vinculado al partido para asesorarles en el caso Pujol, pero tras la intervención de Pablo Iglesias en el debate de investidura, ha llegado a un punto en el que no puede más”, explica Enric Martínez, que compartió militancia durante la formación de Podemos en Cataluña con el que fuera fiscal Anticorrupción. Jiménez Villarejo incluso escribió una carta a Iglesias argumentando los beneficios de su abstención, pero no ha recibido respuesta concreta.
Pablo Iglesias salió al paso de las críticas el pasado martes cuando, en una carta a los militantes horas antes de destituir a Sergio Pascual, indicó que en Podemos “no hay ni deberá haber corrientes ni facciones que compitan por el control de los aparatos”. Esa frase pretende negar cualquier tipo de ruptura interna en la dirección estatal, pero las últimas imágenes en el Congreso de los Diputados sugieren que la relación entre Iglesias e Íñigo Errejón no pasa por su mejor momento y nadie sabe si ese “ni deberá haber” puede suponer nuevas purgas en los próximos días. Iglesias, convertido ahora en secretario general y en secretario de Organización, deberá demostrar que puede, esta vez en singular, lidiar con esa masa crítica cada vez más ruidosa.



