Alerta máxima ante la amenaza yihadista
Tras los atentados de París, España ha activado todas las alertas para evitar que se pueda producir algo similar. El Centro Nacional de Inteligencia cuenta con un operativo especial de mil agentes, desplegados sobre todo en Madrid, Cataluña, Ceuta y Melilla.
La pesadilla que ha supuesto el asalto a la sede de la revista satírica Charlie Hebdo, con un resultado de 12 muertos, el asesinato de una agente en el centro de París y el atrincheramiento posterior de los tres terroristas en una imprenta y un supermercado que acarreó otros siete fallecidos, entre ellos, los terroristas, ha confirmado los presagios del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y de la Policía de que el Estado Islámico (EI) y Al Qaeda tenían intención de atentar en Europa y en España. El terrorismo yihadista es la primera prioridad del servicio secreto español desde hace varios años. Tras los atentados del 11-M de 2004 empezaron a dedicarle una atención similar a la que prestaban a ETA y, posteriormente, con el progresivo desmantelamiento de la banda, pasó a ser el tema principal, especialmente en lo que se refiere a medios personales. El CNI ha levantado desde los atentados del 11-M un despliegue de delegaciones por toda España atendiendo a la presencia de la colonia musulmana. Eso sí, como explican fuentes destacadas de La Casa, “no hay que criminalizar a los musulmanes que viven en España, porque la inmensa mayoría no son integristas. Y ni siquiera el problema son los integristas, porque la mayoría de ellos no son terroristas. Hay que encontrar a los que están en proceso de radicalización”.
Con este objetivo, el CNI ha contratado en los últimos diez años más de mil agentes para dedicarlos básicamente a obtener fuentes de información. Es decir, para acercarse a hombres y mujeres relacionadas o directamente integrados en círculos yihadistas para que faciliten datos sobre las personas a las que hay que controlar. Paralelamente, han llevado a cabo un despliegue nunca visto por diversas ciudades españolas en las que hay una destacada presencia de musulmanes, entre los que se podrían esconder yihadistas radicalizados que en algún momento podrían dar el salto a la comisión de atentados. Y, por supuesto, en aquellas localidades en las que hay presencia de sospechosos de estar vinculados a grupos terroristas, cuyo número estaría en torno a los varios centenares.
Una apuesta acertada.
Pocos meses después del 11-M, el director del CNI, Alberto Saiz, organizó un despliegue que comenzó con la potenciación de la presencia de agentes en Cataluña. Para ello convirtió la hasta entonces delegación en una división que pasó a tener como prioridad la lucha contra el terrorismo islamista. Curiosamente, esta medida fue seguida por la CIA estadounidense y el Mossad israelí, que han creado estaciones en la capital catalana. El motivo fue que la comunidad catalana se había convertido en el principal foco de presencia de sospechosos tanto en Barcelona (Santa Coloma de Gramanet, Sant Adriá de Besos y Badalona), como en Gerona, Tarragona, Mataró, Sabadell o Villafranca de Penedés. La apuesta ha dado numerosos resultados.
En 2005, en las operaciones Sello y Tigris hubo detenidos relacionados con la captación y el envío de terroristas a Irak en cuatro de las citadas localidades. Al año siguiente se produjo el desmantelamiento de una célula islamista que captaba terroristas también para Irak. En 2007, esta vez en Tarragona, se detuvo a un hombre que preparaba atentados en Marruecos y que captaba suicidas para Irak. Un año después, la Guardia Civil detuvo a 11 paquistaníes que planeaban un atentado contra el metro de Barcelona y la Policía hizo lo propio con ocho argelinos vinculados a la financiación y apoyo logístico a Al Qaeda. En 2009 fueron detenidos un marroquí en Tarragona y ocho paquistaníes en Barcelona, en este último caso por falsificación de documentos. Proporcionar documentación a Al Qaeda llevó en 2012 a la encarcelación también en Barcelona de seis personas. En 2013 y 2014 siguieron las detenciones en la comunidad con la novedad de que fueron por enaltecer a Bin Laden y distribuir material que fomentaba el terrorismo.
Muchos agentes han reforzado la División Antiterrorista en los últimos años en Madrid, una de las ciudades en las que ha se han producido más detenciones. Entre ellas destacan la de 13 personas en 2005, en las operaciones Saeta,Sello y Tigris, por adoctrinamiento terrorista y por su implicación en los atentados de Atocha. También en 2014 pasaron a disposición judicial nueve personas de una red de captación para las guerras en Siria e Irak. Más complicado está siendo el trabajo en las plazas de Ceuta y Melilla, donde llevan a cabo un ingente trabajo en coordinación con el servicio secreto marroquí. En las dos ciudades el principal problema es la captación de jóvenes para convertirlos en combatientes o mártires y, más recientemente, de chicas para que se conviertan en esclavas sexuales de los soldados del Estado Islámico. Uno de los mayores ejemplos fue la detención en 2014 de seis personas en Melilla que habían convencido a 26 jóvenes para combatir en Al Qaeda. Andalucía es otra de las comunidades prioritarias para el servicio de inteligencia en su despliegue antiyihadista. Allí consiguieron información muy valiosa que facilitó la detención de terroristas y colaboradores en Almería, Málaga, Huelva, Granada y Cádiz. El año pasado se llevaron a cabo las detenciones –en Málaga y Almería– de dos combatientes en Siria cuando regresaban a España, quizás con la intención de cometer atentados como el vivido recientemente en París.
Agentes políglotas.
Otras comunidades afectadas son Valencia –Alicante y Castellón– y Murcia, mientras que ha habido peligrosas actividades, aunque no de tanta importancia, en otras como Navarra, País Vasco y Canarias. El reclutamiento de agentes para hacer frente a esta amenaza ha tenido como característica la búsqueda de personas que hablaran árabe y cualquiera de sus dialectos. El dominio de la lengua trataba de hacer frente al problema existente antes de los atentados del 11-M, en que la escasez de traductores retrasaba conocer el contenido de las conversaciones intervenidas a los sospechosos. Además, muchos agentes de campo han aprendido árabe para poder desarrollar su trabajo con muchas más garantías.



