A los aberzales les sale un sector crítico

07 / 06 / 2016 Miriam V. de la Hera
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Unos 100 expresos de ETA escenifican su ruptura con la izquierda aberzale por considerarla demasiado blanda.

Una mesa sobre el suelo adoquinado. Cinco personas sentadas en sillas, rodeados de varias decenas que de pie miran desafiantes a los interlocutores mientras agitan un documento al grito de borroka da bide bakarra (la lucha es el único camino). Una escenografía que recuerda a las ruedas de prensa de Herri Batasuna en pueblos de la Guipúzcoa profunda en los 80, y que sin embargo se producía hace unos días en el centro de Bilbao.

“Sentimos vergüenza de Sortu”, resumía Fernando Lizeaga, militante de la ETA de 1980. Ejercía como portavoz de la escisión Askatasunaren Bidean (en el camino de la libertad), que en-
 globa a unos cien expresos de ETA. En el documento, al que ha tenido acceso Tiempo, dicen sentirse “huérfanos” y abandonados por la “facción reformista que ha tomado el control”, en alusión a la estrategia de abandono de la violencia adoptada por Sortu y Bildu. Critican que se pida a los presos acogerse a la legislación penitenciaria en lo que consideran una “traición” al “Movimiento de Liberación Nacional Vasco”.

Paradójicamente, entre quienes lo dicen hay etarras que en su día tuvieron la ley a su favor. Es el caso de Elías Fernández Castañares. Condenado a 288 años, en 2013 se benefició de la derogación de la doctrina Parot. También tuvo la legislación penitenciaria de cara Jon Iurrebaso. Fue la persona de confianza de Josu Ternera en 2006, durante las conversaciones con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, y salió de la cárcel antes de cumplir su pena por una grave enfermedad. No contemplan, al menos sobre el papel, retomar la lucha armada, pero sí pretenden “mantener la dignidad de la lucha”. En una entrevista al digital La Haine (que agrupa información sobre nacionalismos periféricos), uno de los portavoces del colectivo reconoce que aunque la lucha armada está fuera del debate “hay que recuperar la lucha en la calle”, matizando que las formas de esta lucha les corresponderá a las “próximas generaciones” definirlas. Una terminología que ha hecho saltar las alarmas, máxime cuando entre los firmantes se encuentran etarras que no han mostrado ningún arrepentimiento. Entre ellos Agurtzane Ezkerra, integrante del comando Barcelona en 1994 y con dos asesinatos a sus espaldas.

Momento crítico

La ruptura llega en uno de los momentos más críticos para EH Bildu (la marca con la que concurrirá la izquierda aberzale en las autonómicas vascas). El ascenso de Podemos les está relegando a la tercera fuerza política y fuentes internas consideran que rupturas como esta podrían complicar aún más su situación. Desde Sortu prefieren no hacer valoraciones y remiten a las declaraciones de su secretario general, Hasier Arraiz, que ha pronosticado que la iniciativa tendrá “poco recorrido”.

“Son marginales anclados en el pasado”, añadía Arnaldo Otegi, a quien los radicales tachan de traidor. Se refería a viejos conocidos como Filipe Bidart, fundador de Iparretarrak, grupo terrorista que actuaba en el País Vasco francés, y que acumuló dos cadenas perpetuas a finales de los 90 por asesinar a dos policías antidisturbios y un gendarme. Pero además, el movimiento ha conseguido arrastrar a jóvenes recién llegados a la violencia como Sendoa Jurado, que acaba de cumplir penas por violencia callejera y se ha convertido en la voz más crítica contra la llamada vía Nanclares.

Aunque no descartan crear un partido político, por el momento los disidentes se limitan a hablar de “organizarse” en asambleas. Sin embargo, en el Ministerio del Interior ya han activado todas las alarmas y aseguran que serán “especialmente celosos” para garantizar que se cumpla la ley; y en caso contrario, pedirán su ilegalización. 

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