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40 años del fin de la mayor infiltración en ETA

14 / 09 / 2015 Fernando Rueda
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Mikel Lejarza, alias el Lobo, habla en exclusiva para TIEMPO: “Nunca dejaré de ser objetivo de cualquier loco”

El Lobo sigue escondido en algún lugar de España.

El 16 de septiembre de 1975, hace 40 años, tres dirigentes de la banda terrorista ETA, Ezkerra, Montxo y Jon se reunieron en el parque del Oeste de Madrid con su compañero Mikel Lejarza, al que conocían por el alias de Gorka. El sitio apartado elegido para el encuentro llevó al infiltrado del servicio secreto a sospechar que pensaban matarle, no se equivocaba. Una información difundida semanas antes por la BBC, la cadena oficial británica, había atribuido a un infiltrado llamado el Lobo las continuas caídas de comandos de los últimos meses.

Lejos de testigos que contemplaran la escena, le acusaron amenazadoramente de ser el Lobo. La sangre fría del espía le hizo improvisar descolocando a sus juzgadores. Sacó las dos pistolas que llevaba escondidas, se las entregó y les animó a que le mataran si creían que él era un traidor: “Sois peores que los txakurras [los policías]”. Su representación les convenció hasta el punto de que le pidieron disculpas por sospechar de él. En solo dos meses había salvado la vida frente a los tiros de ETA y de la Policía, que también estuvo a punto de matarle durante una redada por el centro de la capital contra el comando al que él pertenecía.

Había llegado el punto final a casi dos años de infiltración. En la madrugada del 19 de septiembre, el Lobo fue recluido en un apartamento clandestino mientras la Policía procedía a detener a todos los etarras que tenía controlados en Madrid y Barcelona, escondidos precisamente en pisos facilitados por Lejarza.

La operación Lobo llevó a la cárcel a 326 miembros de ETA, organización que no tardó en descubrir quién había sido el causante del tremendo golpe asestado. Unas semanas después, ponían precio a su cabeza empapelando las calles del País Vasco con su cara y sus datos personales. Unos meses después, el infiltrado se sometía a una operación de cirugía estética que cambió su rostro, y a un cambio de apariencia que modificó el resto de su cuerpo.

No solo siguió en la lucha antiterrorista, sino que no la ha abandonado en los 40 años pasados desde ese 19 de septiembre de 1975, protagonizando otras muchas infiltraciones contra mafias económicas o grupos terroristas islamistas.

El ejemplo irlandés. Lejarza sigue escondido en algún lugar de España, a pesar de que en los últimos años la actividad de ETA ha disminuido muy considerablemente. El motivo estriba en que un incontrolado puede intentar acabar con su vida si vuelve a la vida pública, algo que ya pasó en Irlanda con el IRA. Años después de decretarse el alto el fuego, se conoció que varios supuestos terroristas habían estado colaborando con el MI5, el servicio secreto británico, y sus cuerpos aparecieron asesinados previsiblemente por algún antiguo compañero que se sintió engañado, sin seguir órdenes de nadie de la banda.

El propio Mikel Lejarza lo reconoce: “Hace algo más de 40 años que escuché la frase ‘te llamaremos el Lobo’ de alguien que me informó de mi nuevo alias operativo y a renglón seguido lo justificó: ‘He pensado que tu vida después de esta operación será siempre una vida solitaria, de moverte en las sombras, de buscar y huir en la oscuridad”.

El Lobo es consciente de que su vida no va a cambiar porque hayan pasado tantos años: “Sé perfectamente que nunca dejaré de ser objetivo de cualquier loco, pero ya no me van a quitar nada. He trabajado a la sombra de ese Lobo en otras muchas misiones y lo que me queda está conmigo. Y como muchos otros compañeros, soy consciente de que, cuando nos vamos a casa, nos vamos desnudos y en silencio. Hasta tenemos que morir en silencio”.

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