15 días y un debate para conquistar La Moncloa
La cita del lunes entre los cuatro candidatos puede ser decisiva en unas elecciones en las que no solo se juega quién ocupará la Presidencia del Gobierno, sino también quién lidera la izquierda española.
A solo 15 días de volver a pasar por la urnas, los cuatro líderes de los mayores partidos se preparan para una de las campañas más polarizadas de los últimos años. Mariano Rajoy y Pablo Iglesias se empeñan desde hace semanas en achicar el centro político e ignoran, cada uno por su lado, a Ciudadanos y al PSOE. La estrategia es convencer a los electores de que solo hay dos opciones: o la continuidad de un Gobierno del PP o la incertidumbre de la ruptura que propone Podemos. Ambas formaciones se han conjurado para montar una campaña a la contra, en la que los electores de uno y otro signo acudan a las urnas con miedo a que gobierne el enemigo: la derecha austericida y corrupta para Podemos, los comunistas para el PP. Y parece estar funcionando. Las últimas encuestas publicadas coinciden en reflejar un descenso de Pedro Sánchez y Albert Rivera.
Objetivo, el sorpasso
Curiosamente, los electores han decidido (por ahora) penalizar a los únicos dos partidos que lograron alcanzar un acuerdo de gobernabilidad en la pasada legislatura frustrada. No están, sin embargo, en igualdad de condiciones. Mientras Rivera solo tiene que aguantar un resultado que le haga decisivo en las negociaciones de Gobierno, Sánchez se juega en los próximos 15 días todas sus aspiraciones políticas. La de ser presidente, por supuesto, pero también la de seguir al frente del PSOE. Incluso la propia hegemonía del partido en la izquierda. La campaña de Podemos para ocupar el espacio político del PSOE ha llegado hasta el límite de reivindicarse como la verdadera alternativa socialdemócrata de España. Iglesias llegó a afirmar que Marx y Engels eran, de hecho, pensadores socialdemócratas, no comunistas.
Lo cierto es que el mensaje ha calado. Tal y cómo adelantó el sondeo realizado por Redondo y Asociados para TIEMPO el pasado 20 de mayo y con las semanas han ido confirmando el resto de estudios demoscópicos, la confluencia entre Podemos e IU, Unidos Podemos, va camino de consolidar la amenaza de sorpasso al PSOE y convertirse en la fuerza mayoritaria de la izquierda.
El golpe ha sido demoledor entre las filas socialistas, un último puñetazo en una militancia torturada durante los últimos meses, acosada a izquierda y derecha y con un liderazgo permanentemente cuestionado desde dentro y desde fuera del partido. El propio Pedro Sánchez reconoció hace unos días que los votantes socialistas están “desanimados” y subrayó la necesidad de movilizar al electorado. Aun así el partido no pierde su optimismo. Para contrarrestar las encuestas, Ferraz filtró un sondeo interno en el que conservan la segunda posición, no excesivamente lejos del PP. La cuestión del puesto no es baladí. Si los socialistas quedan por delante, Sánchez podrá ofrecer con toda la legitimidad para ello la vicepresidencia a Pablo Iglesias y presentarse ante el partido como presidente de Gobierno. Si no, al PSOE solo le quedará decidir si permite un Gobierno del Partido Popular o de Podemos, en ambos casos, un primer paso hacia su futura tumba política.
El convencimiento en Ferraz de que no habrá sorpasso (al menos en escaños, matizan) es tal que Sánchez ha prometido que será la militancia y no los órganos del partido quien decidirá sobre la política de pactos. La estrategia supone, de nuevo, usar a los afiliados como escudo humano ante las limitaciones que el Comité Federal pueda imponer a las negociaciones de Gobierno. Los críticos aseguran que fiar todo a la política de pactos supone confiar demasiado en la supervivencia de Sánchez. Si el 26-J hay sorpasso, medio partido se empeñará ese mismo día en tumbar su liderazgo.
Así las cosas, el líder socialista buscará durante toda la campaña sacar la cabeza para ganar visibilidad en la batalla excluyente montada uno contra uno entre Mariano Rajoy y Pablo Iglesias. Su mejor oportunidad será el debate que el lunes 13 enfrentará por primera vez a los cuatro líderes de los grandes partidos. Es el único que celebrarán los primeros espadas de PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos antes de pasar por las urnas. Conscientes de su importancia, los partidos han preparado al detalle cada aspecto de un choque que puede inclinar cientos de miles de votos a uno y otro lado.
Un debate decisivo
“Será el hito principal de la campaña”, explica Daniel Ureña, director de Mas Consulting y profesor de Comunicación Política y Diseño de Campañas en la Universidad Pontificia de Comillas. En un periodo de incertidumbre y desencanto político, todos los expertos coinciden en que el debate público de los líderes puede ser determinante. No solo en el resultado. Los debates fomentan la participación y movilizan a los electores. Forman parte de una liturgia electoral que incita a los votantes a participar. “El debate es una campaña comprimida en dos horas, en la que los indecisos pueden comparar a los distintos candidatos en un mismo escenario y frente a unas mismas cuestiones”, resume Ignacio Martín Granados, consultor y miembro del equipo directivo de la Asociación de Comunicación Política. “Hay condiciones para que pueda ser decisivo, pero lo podría haber sido más”, se queja Martín Granados. La fecha elegida, muy lejos de la votación (13 días antes), limitará en parte sus efectos.
En todos los partidos existe un miedo insuperable a cometer errores que no puedan ser subsanados. La fecha elegida para el único debate deja tiempo de reacción en caso de desastre de alguno de los candidatos. Es solo una de las miles de cuestiones que los partidos pactan antes de un acto de este tipo. De la cita del lunes ya se conocen varios detalles relevantes. Empezará a las 22.00 horas y durará unas dos horas y media. Habrá tres bloques de 36 minutos, entre los que se intercalará publicidad, dedicados a la economía, las políticas sociales y la regeneración democrática. A partir de ahí, ya sin ninguna pausa publicitaria, se dedicarán diez minutos a la política exterior, otros ocho a la política de pactos y un minuto para que cada candidato pueda pedir directamente el voto a los espectadores.
El corsé de la neutralidad
Todo en el acuerdo destila neutralidad. Como es tradicional estará organizado por la Academia de Televisión, pero no contará con la presencia, al menos frente a las cámaras, de Manuel Campo Vidal. A cambio habrá tres moderadores, cada uno perteneciente a uno de los tres grandes grupos audiovisuales del país, Ana Blanco por Radio Televisión Española, Pedro Piqueras por Mediaset y Vicente Vallés por Atresmedia. Tampoco tendrá lugar en la sede de la Academia, demasiado pequeña para el despliegue de periodistas que se espera. El escenario se construye aún a día de hoy en el Palacio de los Deportes de Madrid, con capacidad más que de sobra para acoger la cita. A falta del montaje definitivo, se conoce que será circular, con los cuatro candidatos de pie, frente a un atril.
“Todas esas reglas, que se negocian entre partidos, en lugar de en las televisiones como sería lo más lógico, encorsetan el debate”, apunta Martín Granados. Y continúa: “El miedo hace que los partidos busquen, más que debate, minidiscursos cerrados, sin sorpresas. Lo que quieren es llegar a los votantes, no convencer a sus rivales políticos”. Para Granados, el formato perfecto sería el de una charla abierta, muy parecido al primero que enfrentó en el bar del Tío Cuco a Pablo Iglesias y Albert Rivera, durante el primer cara a cara de ambos en Salvados. “Es algo que no es probable que se repita, al menos el formato, ni siquiera entre ellos”, se lamenta.
La intención, sin embargo, es que el debate del lunes sea más abierto que los precedentes, sin tiempos medidos para cada candidato. Muy diferente en todo caso de aquel primer debate televisado en España que enfrentó en 1993 a Felipe González y José María Aznar. “Está empezando a cambiar”, certifica Ureña, que confía en los moderadores para dar vida a la cita. “Conociéndolos no van a limitarse a controlar los tiempos y dar paso de uno a otro candidato”, asegura.
Más libertad
No es al menos esa la intención de Vicente Vallés, presentador del informativo de mediodía de Antena 3
y el representante de Atresmedia en el debate. “Tendremos más libertad para intervenir. No habrá límites en este sentido. Hay que tener claro que los protagonistas son los candidatos, pero nuestra función es sacar al debate los asuntos que le importan a los votantes”, explica. Vallés, que ya presentó el debate a cuatro de la pasada campaña, entonces sin Rajoy, cree que la cita puede ser decisiva. El 20 de diciembre, casi el 36% de los electores decidió el destino de su voto durante la campaña. Un 9% el mismo día de la votación. “Los programas de cada uno de los partidos ya son muy conocidos y habrá pocas novedades, pero sí puede mover el voto la predisposición o no de cada uno para pactar. Ese es quizá el aspecto más interesante de este debate. No es lo mismo votar a X pensando que va a apoyar a Y, que si sabemos que no lo hará con Z”, explica el presentador.
Por su parte, Pedro Piqueras, director de informativos de Telecinco, espera ante todo que sea “informativo y ayude a los espectadores a decidir su voto”. Pese a las limitaciones y los corsés puestos por los partidos, cree que no tendrá ninguna limitación para preguntar “y repreguntar”, especialmente “cuando las propuestas no queden claras”. Su convencimiento es que al cabo de los minutos se acabarán tratando todos los temas que en realidad preocupan a los ciudadanos: la idea de país, la desigualdad social, el combate contra la corrupción... Si eso ocurre, más allá del resultado, Piqueras considerará el objetivo cumplido.
Pero, ¿cómo se gana o se pierde un debate? Para Daniel Ureña lo fundamental no es solo la actuación de cada uno de los candidatos, sino la gestión de las expectativas previas a la cita. En el debate a cuatro de la pasada campaña, Albert Rivera llegaba como favorito. Había vencido en el cara a cara de Salvados y le precedía su fama como orador. Parecía que se iba a merendar al resto de candidatos y, sin embargo, no terminó de destacar. Las expectativas jugaron en su contra. Sin una actuación excesivamente mala, fue para el imaginario general uno de los grandes derrotados de la cita. “Es importante rebajar lo máximo las expectativas previas. Cuanto peores sean, mejor será el sabor de boca que dejará la actuación de nuestro candidato”, explica Ureña.
Cada candidato jugará sus cartas para tratar de salir por delante del debate. A juicio de Ureña todos tienen bases para poder ganar. Rajoy es la experiencia. Ha sido parlamentario durante muchos años y está acostumbrado a las réplicas. Y aunque la ortodoxia dice que el favorito en las encuestas es quien más tiene que perder, a día de hoy la sociedad penaliza no acudir a este tipo de citas. Por su parte, Pablo Iglesias es, para Ureña, quien mejor domina el medio televisivo y el que mejor partido sacó a las anteriores citas. Rivera, por su parte, juega con su habilidad para los debates, algo que debería confirmarse en la cita a cuatro. Quizá, explica, la posición más complicada es la de Pedro Sánchez, que necesita reivindicar su figura frente al PP y Podemos. Es también quien más tiene que ganar en la cita.



