Ricardo Darín

21 / 06 / 2016 Jesús Casañas
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Actor.

“No queríamos hacer otra película sobre la dictadura”

Foto: Gtresonline

Continúa con su elevado ritmo de trabajo en Capitán Kóblic, un atípico drama de toques western ambientado en la dictadura argentina con los fatídicos vuelos de la muerte como telón de fondo.

El capitán Kóblic es un personaje ficticio, pero que pudo haber existido perfectamente. ¿Cuántos Kóblic cree que existieron en realidad?

No sé cuántos. Sabemos de dos tipos a los que les ocurrió y dijeron “yo esto no”, en los que, por supuesto, no está basada la película. Después, cuántos estuvieron involucrados directamente no lo sé.

Estaba a punto de cumplir la veintena cuando estalló el denominado Proceso de Reorganización Nacional. ¿Eran los vuelos de la muerte algo de dominio público?

¡No! Se supo después. Por supuesto que la gente que lo padeció en carne propia empezó a bregar, no solo las madres y las abuelas, también las organizaciones de derechos humanos empujaban para ser escuchadas por la prensa internacional. Lo de los vuelos de la muerte aparece muchísimo tiempo después, no sé si fue a partir de un arrepentido. Lo que ocurría en ese momento, lo que instaló el terrorismo de Estado, era la desconfianza en los individuos, la imposibilidad de conexión, para que todo no pasara de un rumor, de un “dicen que”, “parece que”, pero los medios de comunicación... ninguno podía reflejar lo que estaba ocurriendo.

La dictadura argentina ha inspirado muchas películas y mucha gente dice que son más de lo mismo. ¿Qué le daba este filme para aceptar el papel?

Varias cosas. Una de ellas fue el riesgo asumido por guionistas, director y productores de decidirse a acometer un proyecto de características absolutamente atípicas, con un elevadísimo riesgo de incomprensión y con un enfoque totalmente distinto. Siempre que hablamos de crímenes atroces los contamos desde el punto de vista de las víctimas, difícilmente nos atrevemos a ponernos en la vereda de enfrente: los victimarios. Eso me llamó la atención. También la complejidad de que no puedes censurar al personaje, porque para ser el personaje no lo puedes juzgar, eso es posterior.

Que le llamase Sebastián Borensztein cinco años después de Un cuento chino también influiría...

Tenemos comunicación permanente, somos amigos. Entre Un cuento chino y Capitán Kóblic habremos discutido siete proyectos, que se fueron descartando hasta que apareció este. En realidad no queríamos hacer una película sobre la dictadura, para nosotros la historia es un western criollo rural en el que hay un fugitivo que huye por un peso en su conciencia y se mete a una carrera de sortear obstáculos que se van presentando. Se cruza con esta mujer [Inma Cuesta] y por eso tiene el final que tiene, porque no podía tener un final feliz.

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