Rafael Matesanz

30 / 06 / 2016 Antonio Rodríguez
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Director de la ONT.

“Sería un suicidio que me sustituyera alguien de fuera”

Rafael Matesanz (Madrid, 1947) apura sus últimos meses en su despacho de la Organización Nacional de Trasplantes rodeado de los premios que su departamento ha cosechado en los últimos años. La distinción más querida por él es el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional que recibió en 2010 de manos del entonces príncipe Felipe. Con ella entre sus manos rememora para TIEMPO sus casi tres décadas de trabajo al frente de la ONT.

 

El nombre lo eligió usted.

No, y eso que el nombre levantó ampollas. En España la ley de trasplantes es de 1979. En el año 1980 hubo un decreto que desarrolló la ley y se estableció este nombre, lo que pasa es que desde 1980, que se pone en el BOE, hasta 1989 hubo muchas cosas: la ley de sanidad de 1986, el inicio de las transferencias de sanidad a las autonomías. El término es previo a la descentralización, estaba en el decreto y definía perfectamente lo que se quería: una organización que fuera nacional y de trasplantes.

¿Cuántas personas trabajan aquí?

Unas 40 personas por redondear. La ONT es un organismo pequeño cuya misión es coordinar todo lo que se hace en cuanto a donación y trasplante de órganos, tejidos, células y médulas en toda España. Hacemos lo que no se puede hacer en los hospitales: potenciar la donación, formar a los coordinadores, cirujanos y gente que trabaja en los trasplantes, y facilitar los aspectos legales y logísticos. Toda la lista de espera la tenemos aquí y cada nuevo donante se comunica aquí.

 

¿Qué tendrá que tener su sucesor?

Tiene que estar metido dentro del sistema. Todo lo que hemos desarrollado en la ONT ha sido con el tiempo. Esto no se aprende en ninguna parte. Sería un suicidio que viniera alguien de fuera, porque probablemente su periodo de aprendizaje costaría caro.

¿Tan importante es el puesto de director como para que no pueda venir alguien ajeno?

Si a mí me nombran presidente de la Confederación Hidrográfica del Ebro, probablemente haría alguna barbaridad. Aquí, si nombran a alguien que no tiene ni idea de trasplantes, algo que ya ha ocurrido, seguro que hará alguna barbaridad. Las cosas son muy serias para nombrar a un amateur después de que España haya dominado en esto durante casi 25 años. Sería una frivolidad y fuera de España se vería como poco comprensible y lo entenderían bastante menos, aunque aquí estamos acostumbrados a cosas raras.

El nuevo ministro tendrá la última palabra en todo caso...

Puede poner una persona, pero si el sistema no le acepta, y el sistema son miles de profesionales, entonces puede descarrilar.

Entonces, el carné político sirve de poco entre estas paredes.

Cualquier carné político es un condicionante negativo [risas] porque si la periferia percibe esto con un matiz político, los riesgos de que esto vaya mal son bastante grandes.

¿Cómo es posible que en tres años, desde la creación de la ONT, España pasase a liderar este ranking?

Estábamos bastante abajo, en la parte media-baja de los países de nuestro entorno. Por detrás de Francia, Inglaterra, Alemania. Hicimos algo que en aquel momento fue muy original. En la mayor parte del mundo se consideraba que esto de la donación era una cosa bastante espontánea, que obedecía a la generosidad de la población y ya está. Nosotros pusimos de manifiesto que sí, que obedece a la generosidad de la población, pero que como no lo organices, no funciona.

¿Qué se hizo entonces?

Profesionalizarlo. En España se estaban haciendo muy bien las donaciones en varias comunidades como Madrid, el País Vasco, Cataluña, Galicia. Había experiencias muy valiosas, pero descoordinadas por completo.

 

Una vez en la cúspide, ¿qué se hace?

Mejorar el sistema. Hemos ido variando continuamente. Si hubiéramos hecho lo mismo que hace 25 años, nos habríamos venido abajo hace mucho tiempo. Esto es un sistema de I+D+i en el que estamos innovando sin parar.

¿Cómo fue su destitución en 2000 a cargo de la ministra Villalobos?

Llevaba cuatro años perfectamente con el PP, con el ministro Romay Beccaria, un caballero. Llegó Villalobos y arrasó con todo lo que había [risas], entre otros, conmigo. Ni siquiera fue una cuestión personal, me metió en el lote.

¿Quién le repesca y por qué?

Su sucesora, Ana Pastor. Ya había trabajado con ella y me conocía. Ella quiso unir el tema de los trasplantes con el de las células madre, que estaba muy de moda. Quiso aglutinarlo todo en el Centro Nacional de Trasplantes y de Medicina Regenerativa, contactó conmigo en Italia y el proyecto era muy atractivo, aunque no salió adelante.

Luego vino su encontronazo con el socialista Bernat Soria. ¿Qué pasó?

Fueron discrepancias en la visión sobre lo que tenía que ser la ONT. En ese momento, en vez de proceder a una destitución por la vía Villalobos, Soria optó por presiones y llegué a la conclusión de que no hay mal que cien años dure.

¿Qué quiso hacer Soria?

Era al revés de lo de Ana Pastor, que quiso ampliar desde la ONT. Soria quería desgajar la terapia celular, pero duró cinco o seis meses. No le dio tiempo a hacer el daño que podía haber hecho. Si a la ONT le quitas una parte relevante, se queda sin medios.

¿Qué va a pasar cuando se vaya?

Nada, porque las líneas están marcadas, aunque si aquí se hacen mal las cosas, se notará a medio y largo plazo.

 
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