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ESCRITORA.

Pilar Ruiz

23 / 09 / 2014 Óscar Sainz de la Maza
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¡Gracias!

Periodista de radio, directora de cine y escritora, es la responsable de uno de los libros más sugerentes de este otoño: El corazón del caimán (B).

 “Hay una relación directa entre este momento y el siglo XIX español”

Es la protagonista de una carrera más bien polifacética: periodista en RNE durante los convulsos 90, guionista y directora de cine. Ahora, como escritora, explora la odisea personal de una mujer curtida y tenaz que busca a su amado en la Cuba de 1897, una ciénaga moral devastada por oscuras tropillas de desertores. Pilar se niega a calificar de “novela romántica” su obra (las editoriales no han tenido compasión, y la exponen junto a los folletines de Danielle Steel) y durante toda la entrevista muestra una vitalidad que no deja sitio al aburrimiento, ni a los consabidos clichés de periodista.

¿De dónde viene su afición por la escritura?

Desde que tengo uso de razón; empecé a leer y escribir con 3 años. Mi mundo es ese, como oficio y también como lectora... ¡no sé hacer otra cosa!

¿Y por el cine?

Mi padre me llevaba a ver lo que echaran, también desde los 3 años. Todos en mi familia somos cinéfilos: el cine y la literatura nos forman como personas.

En las historias de amor reales, ¿es verdad eso de que “no importa el tiempo y la separación”?

Yo tengo un problema con la realidad [ríe]. Creo que no existe. Ya apuntó Protágoras que “el hombre es el ser delirante por excelencia, preso de la creencia de que alguna realidad existe”. El amor no deja de ser otro delirio. Posiblemente exista más en una novela de Victor Hugo que en la realidad.

¿Y en la literatura no es más jugoso el desencuentro y la tragedia?

Lo que da juego no es el argumento, más bien la mirada del autor.

¿Por qué ambientar el libro en Cuba?

Cuba en mi familia es el paraíso perdido, por las dos partes. Un antiguo tatarabuelo fue capitán general de La Habana. Como suele ocurrir en el Norte, adoro ese país; soy un 25% cubana.

¿Notó los fantasmas del noventayochismo al escribir sobre la guerra carlista (ejemplo: Zalacaín el aventurero, de Pío Baroja)?

Desde luego, a la gente del 98 le debo mucho. También a Galdós y a Clarín. Son mis autores favoritos. Si Cervantes es Dios, estos serían los arcángeles.

Para el lector culto, resuenan en cualquier novela histórica española los Episodios Nacionales de Galdós. Almudena Grandes se ha inspirado en ellos para sus novelas de la Guerra Civil. ¿Y en su caso?

Sí, realmente todo Galdós. De hecho, él sale en la novela, degustando una comida riquísima; a modo de agradecimiento.

Escribiendo novela histórica y guiones de televisión, ¿cuál es su opinión sobre las series históricas estilo Amar en tiempos revueltos y El tiempo entre costuras?

¡Me parece genial que se hagan! La cinematografía española es apasionante, pero mucho más respetada fuera de España que dentro, donde tiene que luchar –como Felipe II– contra los elementos, y siempre bajo adjetivos como “pesebreros” o “caraduras”.

¿Se siente usted identificada con alguno de los personajes? No sería la primera... Vázquez Montalbán era glotón como Carvalho, y Laura Gallego comparte con ellos ideología, ¡incluso amoríos!

No soy muy dada a identificarme con nada ni con nadie, en eso sigo a Nabokov. Ni como escritora ni como autora.

¿Se atreve a hablar de política? ¿Cree que las tan ensalzadas guerras coloniales influyeron en la cultura política española actual?

De política, lo que quieras. Toda mi novela es política. Hay una relación directa del momento actual con la historia del XIX y del XX español; como en el resto del mundo. Cuba solo sigue viva en la generación de nuestros abuelos. Marruecos fue una carnicería desde el minuto uno, y ni siquiera existía un vínculo cultural. El abandono de la colonia –y los saharauis– será siempre una mancha para nuestro país. En mi novela, Andara (líder de una cruel partida de desertores) está inspirado en Fernando Primo de Rivera, hermano pequeño del dictador. Fue enviado en el XIX a la llamada “guerra de Margallo”. Margallo, pariente del ministro, era gobernador militar de Melilla: aún se estudian sus decisiones en las academias militares como ejemplo de lo que no hay que hacer. Se llegó a decir que Fernando Primo de Rivera, como Andara, le pegó un tiro en la nuca al propio Margallo (muerto en combate) para detener aquella matanza.

En su novela, las mujeres logran dominar el entorno, aunque sea pistola en mano. ¿Cree que habría cambiado España de haber gobernado una miss Sagasta, o una Alfonsina XII?

[Ríe]. No, no creo que las mujeres seamos mejores que los hombres. Es cierto que hemos estado siempre sometidas, no hemos podido demostrar lo contrario. Pero la prueba son personas como Condoleezza Rice, Margaret Thatcher, alguna que hay por Madrid...

¿Qué busca en su futuro inmediato? Modo utopía.

Algo que queremos todos los autores, cineastas, técnicos, actores; gente que muchas veces trabaja sin cobrar. Ni premios ni fama: poder vivir dignamente de nuestro trabajo.

¿Y qué ve para el futuro de este país?

¡Ese está aún peor! Reconozco mi pesimismo, aunque deseo que las cosas cambien. No creo que la gente sea muy ambiciosa; pedimos muy pocas cosas, en realidad. Pero no nos las dan.

¿Y para el de su isla-caimán, Cuba?

Seguirá siendo lo que fue antes del interregno de Fidel. Una colonia de la Unión. Con todo el dolor de mi corazón, volverán los Vito Corleones del Padrino II a montar ruletas y hoteles.

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