Paul Preston
El 24 de junio de 2016 es mal día para el historiador Paul Preston. Se adivina al cruzar el umbral de su casa, un adosado típicamente Brit de porche y chimenea, situado en la boscosa periferia de Londres. Preston tiene el gesto contrariado y no se relajará hasta pasado un rato de amena conversación. Su país, el Reino Unido, que tradicionalmente ha sabido tomar decisiones cautas y sensatas, votó el día antes –en un reñido 51,9%– por abandonar la Unión Europea. Dado el prestigio social del que gozan los historiadores británicos, la de Preston es una voz a tener en cuenta, y eso ha hecho que hordas de periodistas bombardeen su teléfono desde todas las redacciones del mundo durante toda la mañana. Así que el tema Brexit resulta fatigoso y se trata de manera indirecta, mientras la charla discurre plácidamente sobre los grandes bancos de madera de una cocina familiar, entre varias tazas de las Brigadas Internacionales rebosantes de té. Sobre la estantería, otra taza, esta vez vacía, advierte: “Still hate Thatcher” (“Todavía sigo odiando a Thatcher”).
¿Esto de celebrar referendos entronca con la tradición centenaria de democracia británica?
No sé cuántos hemos tenido, creo que muy pocos. El del año 1975, por ejemplo. En serio, me parece que los referendos son instrumentos de dictaduras. En democracia, uno elige sus representantes y ellos son luego los especialistas en tomar decisiones respecto de cada tema. Si se tratara de estar simplemente a favor o en contra de algo, como la pena capital, sí se podría decidir de esta forma, pero salir de la UE no es decir sí o no: hay tal cantidad de factores... No lo veo como un tema apropiado para un referéndum. Aparte, referendos también celebraban Hitler o Franco.
En España, se invierte esa perspectiva: la derecha considera que celebrar un referéndum es inadmisible mientras que parte de la izquierda lo ve como un instrumento democrático a recuperar.
Pero ya ha habido referendos en España, como el de la OTAN. Y todos los que celebraba Franco.
Pero en los de Franco te daban obligatoriamente la papeleta del “SÍ” en el trabajo.
Eran referendos cojonudos, de los que se ganan con un 110% de votos.
El público español sufre hoy un choque entre distintas memorias históricas. ¿El Reino Unido disfruta de una memoria única de toda su historia?
El ciudadano tiene una idea distorsionada sobre la historia británica, cree que el Reino Unido sí fue grande, importante, que ganamos la Segunda Guerra Mundial, olvidándose de los americanos (aunque, como siempre, llegaron muy tarde). También existe una visión deformada de nuestra historia colonial. Tenéis razón en señalar que aquí no hay conflicto de memorias, pero esta es una memoria unificada, uniforme... y un poco falsa.
¿Y qué memoria tienen los británicos de la integración en la UE?
De la misma manera que España, por rechazo a su pasado franquista, ha visto siempre con muy buenos ojos el periodo de su historia en el que ingresó en la UE, en el Reino Unido ha ocurrido al revés, el pasado previo a la UE genera nostalgia. Y eso que la idea de una Unión Europea en parte salió de Churchill. Cuando llegó el momento de implementarla, él ya no estaba en el poder, le había ganado y sustituido el laborista Attlee. Este no estaba muy dispuesto a unir a su país a naciones que, hasta hacía menos de un año, eran dictaduras, y a las que habían tenido que rescatar.
En España, perviven aún los mitos históricos. ¿Tiene una responsabilidad en todo ello el historiador, por saber divulgar?
Se podría plantear el mismo problema con el referéndum de ayer. La gente tiene otras preocupaciones; llegar a fin de mes, que su hijo no caiga en las drogas... Todos tienen asuntos que atender y, lógicamente, no se puede esperar que lean historia. En España, si un libro de historia vende 3.000 ejemplares, ya es considerado un éxito. Sin embargo, ¿por qué se venden tanto los libros de Pío Moa? Porque confirman precisamente los prejuicios del lector. El problema, también, es que muchos historiadores españoles –aunque eso empieza a cambiar– no son amenos. Es como si tuvieran la idea de que ser ameno es no ser “serio”.
Como hispanista a caballo entre los mundos español y británico ¿nota diferencias entre la universidad de aquí y la de allí?
Mucho menos que al principio de mi carrera. No puedo decir demasiado porque, por razones de salud, voy cada vez menos a España. Y cuando voy, no voy a la universidad, salvo que me den doctorados honoríficos y cosas así. Evidentemente, tengo una red de colegas que sí pertenece al mundo académico, y la verdad que se quejan de las mismas cosas que escucho aquí, de la burocracia, etcétera. Quizás... quizás haya más mala leche en la universidad española. Porque aquí pueden darse disputas académicas, pero siempre mantendrán un tono más o menos civilizado. En España no te dicen “te has equivocado”; directamente te acusan de “cerdo mentiroso” o cumplidos similares.
Como proceso histórico, ¿El Reino Unido ha dado un paso atrás saliendo de la Unión Europea o evoluciona hacia un futuro distinto y una UE reconfigurada?
Es difícil saberlo. Bastante problema tengo con interpretar el pasado como para ponerme a predecir el futuro. Mi reacción inmediata es considerarlo un terrible paso hacia atrás. Ojalá esté equivocado.
¿Recuerda un proceso de enfrentamiento y división similar al que han vivido con el Brexit?
No sé con qué otro se podría comparar... Desde luego, en la época de Thatcher, había un odio de clase tremendo. ¡Aquella huelga de los mineros, a los que mandaron a la caballería! Thatcher era nuestra experiencia “fascista”. Pero creo que este enfrentamiento es peor. La votación de ayer ha sido un desastre; se ha logrado la victoria del Brexit a base de mentiras, manipulación, hipocresía, etcétera. Conozco a gente que tiene parientes que han votado la salida de la UE, y ahora les cuesta dirigirles la palabra porque terminarían a gritos. ¡Lo que han hecho es tan nocivo!

