Miguel Zugaza
Vasco, 43 años, casado y con dos hijos. Lleva al frente del Museo del Prado desde 2002, cuando se convirtió en el director más joven de las pinacotecas españolas. Antes se encargó de la subdirección del Museo Nacional Reina Sofía y del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Le apasiona el arte, sobre todo Velázquez.
¿El mito del Prado oculto se ha desvanecido tras la ampliación?
Hemos inaugurado la exposición del siglo XIX, que estaba oculta desde hace más de una década. Desde su inauguración el museo está dando visibilidad a aquellos aspectos de la colección que hasta ahora no la han tenido. Eso es hacer menos oculto el Prado. En el edificio Villanueva a lo largo de los próximos dos años, vamos a ir recuperando salas para exponer, presentar de una forma más extensa y más generosa la colección del museo. Vamos a ir abriendo un poco más ese Prado oculto.
Usted prefiere lo intensivo a lo extensivo. ¿Qué es el Prado?
El Prado no es un museo enciclopédico, como la National Gallery de Londres, donde toda la colección tiene un criterio de historia de arte. El Prado es el fruto del coleccionismo real, pero es muy abundante. Conserva la mejor colección de pintura veneciana y dentro de ésta, la mejor colección del mundo de Tiziano. Si lo ves de una forma extensa te pueden sobrar algunos tizianos, si lo ves de una forma intensa todos los que tiene son fundamentales. El Prado es irrepetible.
Si el Prado se masifica, ¿elimina su esencia?
El Prado vivió traumáticamente su cambio en la década de los 70, cuando pasó a ser un museo masivamente frecuentado. Se produce una quiebra muy importante con la exposición de Velázquez, que fue mítica porque cambió la relación del público con el museo. El museo no había cambiado, quien cambió era la sociedad relacionándose con el museo. Con la ampliación, lo visita más gente y mejor. El público se distribuye mejor a lo largo del edificio antiguo y de la ampliación, te permite recibir a más gente pero también recibirlas mejor. Si esto va creciendo requerirá tomar decisiones de cara al futuro.
“Quiero evitar que la visita sea un sprint”. ¿Cómo?
Informando al público y dando a cada visitante los recursos para hacer su visita de la forma más razonable posible. La ampliación de Moneo saca al museo de dentro de la ciudad, se convierte en ese paseo placentero, sales de la vida moderna y entras en un lugar donde preside otro tiempo. Hay que tratar de explicar a la gente que lo más razonable es dedicar un poquito de tiempo a verlo.
Pero, ¿qué hacen?
Por ejemplo, proponer itinerarios. En la web del museo hemos propuesto tres formas de visitarlo en una hora, con una selección de obras imprescindibles. Las audioguías son un sistema maravilloso para cultivar al visitante. Ahora, tras la ampliación, cuando entras en el museo hay puestos de información, alguien te ayuda a orientarte en la visita y puedes iniciar el recorrido con más armas de las que los visitantes tenían hasta ahora.
¿A quién le corresponde la medalla de la ampliación?
Hay que hacer un juego muy amplio de medallas porque de la ampliación se empieza a hablar a finales de la década de los 60. Debemos estar profundamente agradecidos a Rafael Moneo, que ha entendido muy bien cuáles eran las necesidades y lo ha ejecutado asumiendo un proceso muy polémico.
El Prado recibe dos millones de visitantes al año frente a los diez del Museo del Louvre. ¿Es un fracaso?
El éxito no se mide por el número de visitantes. Si nos interesan las cifras, debemos establecer las comparaciones justas. El Louvre tiene la capacidad de recibir 10 millones de visitantes al año, el Prado no. Hay que establecer la calidad como elemento de valoración.
¿Cómo se mide la calidad?
Hay que ver cuál es la satisfacción o el rendimiento cultural y eso sin duda es más fácil hacerlo en Madrid que en el Louvre, donde la masiva asistencia se convierte en un hacinamiento. No se trata de buscar el éxito, un museo busca la educación, la correlación de la sociedad, busca conservar una colección y la abre al público. Eso influye de alguna forma en la educación de la sociedad.
El 70% de los visitantes son extranjeros. ¿Por qué no gusta el Prado en casa?
Me parecería mejor que vinieran más extranjeros y muchísimos más ciudadanos españoles. Tienen el privilegio de tener una colección excelente con la que deberían relacionarse con una mayor asiduidad. La responsabilidad será de la propia sociedad y parte la tendrá el propio museo, que no ha sido capaz de transmitir que es un museo abierto, que le gusta que le visiten asiduamente. Con la ampliación cambiamos de alguna forma ese mensaje.
¿A usted le gustaría que el Prado fuese gratuito?
Me parece que sería un signo de madurez extraordinario. La relación entre la sociedad y el museo sería más natural si el acceso fuese gratuito.
¿Por qué no lo hace?
No estamos preparados.
No se lo permitirían.
Para financiar el museo tenemos que solicitar al usuario una parte de ese esfuerzo, aunque es muy pequeña.
El Prado tiene muchos benefactores. ¿Qué le han pedido a cambio?
El museo eligió un modelo de desarrollo de un programa de benefactores. Estamos instituyendo un modelo de financiación de patrocinio muy singular. En ningún momento me he encontrado con ninguna dificultad.
Prepara una exposición con autores contemporáneos, como Francis Bacon. ¿Ese es el futuro del Prado?
Era una gran oportunidad. Uno, por el vínculo que había tenido Bacon con el Prado, y con Velázquez, y lo segundo, murió en Madrid. Era un vínculo muy personal, autobiográfico. Gracias a eso vamos a contribuir a abrir esa mirada más contemporánea que al Prado le conviene. Es un museo que desde que abrió sus puertas en el siglo XIX empieza a ejercer una enorme influencia en la contemporaneidad.
Si el Prado expone arte contemporáneo, ¿qué espacio le queda al Reina Sofía?
Son compatibles. No existe competencia, y si existe es positiva. El Prado en ningún momento se va a convertir en un museo de arte contemporáneo, le interesa tener puntos de fuga, mirar y ayudar al público a mirar al museo como uno que sigue progresando y mirando casi a la actualidad.
¿Está de acuerdo en que sea el mundo de la cultura el que elija a los directores de los museos?
Todo lo que sea profesionalizar las direcciones de los museos es bueno.
Fue nombrado a dedo.
Posiblemente sea el proceso de selección más complicado que se puede tener. Si quieren que me vaya, me voy inmediatamente para que hagan un concurso.
Un vasco al frente del museo que representa como nada lo español. ¿Le crea problemas de conciencia?
Lo llevo muy bien. El museo representa el mejor retrato de la historia de España y la mejor de las aspiraciones contemporáneas de este país.
¿Cuál es el día a día de un director?
Tiene que dedicarse a muchas cosas diferentes. Desde que venga un fontanero a arreglar el grifo del lavabo hasta hablar con el patronato sobre su gestión. Lo que hace un director es tratar de animar, ilusionar y promocionar el buen trabajo y la calidad que existe en la propia institución.
¿Hasta cuándo seguirá al frente del museo?
Mientras dependa de mí hasta que realmente sienta que tenga algo con lo que contribuir. Todo el mundo desea irse antes de que te digan que te vayas. No es cuestión de coquetería, es una cuestión moral.
¿Nuestros políticos aprecian el arte?
Conozco a muchos políticos que aprecian y que son muy buenos conocedores del arte. También conozco a muchos políticos que no tienen ni idea. Pero no voy a decir quién.



