María Juncal

11 / 07 / 2016 Hernando F.Calleja
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¡Gracias!

Bailaora y coreógrafa.

“El flamenco está arraigado en el sufrimiento humano”

La cartelera madrileña se puebla de baile flamenco. Una de las propuestas más innovadoras y gratamente sorprendente ha sido ‘El encierro de Ana Frank’, una coreografía de María Juncal.

A usted algunos la clasifican con la expresión “flamenco contemporáneo”. ¿Se reconoce en ella?

Si entendemos por contemporáneo un estilo de danza, no. Si entendemos por contemporáneo que pertenezco a esta generación, entonces sí. Soy una bailaora del flamenco presente. Pero el flamenco es uno solo. No hay un flamenco contemporáneo y un flamenco antiguo, lo que hay son intérpretes con distintas personalidades. Nuestra aportación es cómo reinterpretamos todo eso, que nos llega de una manera muy hecha.

El flamenco tiene una enorme carga de tradición. ¿Eso supone una limitación para los intérpretes actuales?

Yo creo que no, que las limitaciones están en las ideas. Nuestras propuesta serán tan limitadas como lo sean nuestras ideas. No se trata de inventar un nuevo flamenco, sino de expresar su carga emocional de distinta manera cada artista. Las limitaciones las impone la manera en la que hoy se gestiona el arte.

Unos hablan de usted como bailaora heterodoxa y otros como innovadora. ¿De qué cree que tiene más, de lo uno o de lo otro?

Depende de la propuesta. Mi última creación, El encierro de Ana Frank, abreva de las fuentes más tradicionales, pero es innovadora porque se trata de una historia que no se ha contado antes. El lenguaje ha de ser innovador, pero no he pretendido inventar un nuevo flamenco. ¿Heterodoxa? Para mí, la estampa tradicional de una bailaora, la guitarra y el cantaor no es una carga.

Sorprende que narre una historia tan alejada culturalmente como Ana Frank, en clave flamenca. ¿Como ha digerido esa distancia?

Narra una historia que vivieron miles de inocentes por ser judíos, por ser polacos, por ser comunistas, por ser gitanos… Todos tenían algo en común, les privaron de su libertad y de su vida. El flamenco tiene hondura y profundidad para contar una historia como esta, porque está muy arraigado en el sufrimiento humano. Y también es un mensaje de libertad, inherente al alma flamenca.

¿Ha contrastado la receptividad de públicos de otros países a su manera de contar una historia tan universal?

De hecho, el estreno se hizo en Holanda. Era la prueba de fuego y fue muy emocionante. La gira por Europa causó un impacto contundente. Fue una experiencia hermosa desde el dolor, porque, al fin y al cabo, despertamos un recuerdo en todas las personas que fueron testigos de aquello.

Tengo la impresión de que en el flamenco avanza más el baile que la música y el cante. ¿Es así?

El avance más decisivo ha sido el de la guitarra, que ha invitado a otros instrumentos, distintas percusiones, cuerdas, instrumentos de viento. El baile se ve provocado por estas nuevas propuestas rítmicas y a sumarse a ellas. Y se fusiona también con la danza contemporánea. Lo que menos ha caminado en ese sentido es el cante, que ha aflorado voces diferentes, pero ha progresado menos

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