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Manu Tenorio

02 / 09 / 2015 Karmentxu Marín
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¡Gracias!

Salió de Operación Triunfo y lleva casi tres lustros cantando. Está de gira con su último disco y prepara un libro sobre su carrera.

Con el alma encendida. Después de 15 años en la música, ¿qué le enciende el pelo?

Me siguen emocionando los mismos motivos que lo hicieron para dedicarme a esto, las emociones que siente la gente cuando escucha mi música.

Primer single del último disco: “Se me eriza la piel”. Entre que tiene el alma encendida y que se le eriza la piel está usted en plena ebullición, ardiendo por dentro y por fuera.

Bueno [ríe], también es un poco reflejo de mi situación personal y mi estado anímico. Estoy disfrutando mucho de mi profesión y de mi reciente paternidad, y es lo que me ha propiciado el sentirme con las emociones a flor de piel.

¿Qué queda del triunfito?

Yo procuro seguir siendo el mismo, y creo que no he cambiado demasiado. Obviamente, todos vamos evolucionando, y tenemos otra edad. Pero los mimbres siguen siendo exactamente los mismos.

De su primer álbum, en 2002, vendió 500.000 copias. Tuvo cinco discos de platino. Supongo que a estas alturas lo que pretenderá es romper el mercado.

Bueno, desde aquella época a la que vivimos ahora, la industria musical ha sufrido un cambio radical, está experimentando una transformación aún en curso.

No sé si le siguen diciendo esa desmesura de que se parece a Paul Newman.

Efectivamente, es una desmesura. Pero siempre es mejor que te comparen con Paul Newman que con Torrebruno, por ejemplo. Pero se agradece mucho.

Siempre ha lamentado la falta de compañerismo entre autores, compositores y músicos. ¿Están todos a la gresca?

El problema es que hay muchas cosas que cambiar y mucho trabajo que hacer a nivel legislativo y jurídico, de protección de derechos, y actualizar la industria en función de las nuevas tecnologías. Se ofrecen nuevas maneras de consumir la música, y habrá que regularlas de alguna manera para que el público tenga lo que busca, pero que también los autores, los compositores, los intérpretes, los generadores de cultura tengan una compensación. En esa dirección creo que, efectivamente, hace falta un poquito más de hermandad. Bueno, un poquito, no, un bastantito.

Contó que alguien se tatuó su cara en el “lomo alto” de la espalda. ¿Qué hizo? ¿Llamó al SAMUR o a los bomberos?

Pues no salía de mi asombro, la verdad. Di las gracias, por supuesto, pero es una situación en la que para uno no es muy común verse. La verdad es que me sorprendió muchísimo.

Su mujer es periodista. ¿Tan mal estaba el patio para que tuviera que elegirla de esta profesión?

Era necesario que no fuera música o cantante, porque nos podíamos volver locos, todo el día con la misma traca. Pero obviamente no la elegí por la profesión, sino por una serie de factores que me enamoraron de ella. El hecho de que fuera periodista fue una ventaja tremenda.

 “Me gustaría forrarme”. ¿Más?

Bueno, yo no estoy forrado, ni muchísimo menos. Yo vivo bien de mi profesión, pero vivo bien porque trabajo mucho, invierto muchísimas horas, y tengo un talento que se me supone, como el valor a los soldados. La mayoría de los músicos no están forrados.

Dígame tres calificativos de la España que ve.

Veo una España inconformista, lo cual me gusta; con futuro, porque creo que las cosas están cambiando para bien, y una España ilusionante.

Desborda tanto optimismo que cabría dudar si sale de casa.

Yo veo a España ahora mismo así. Pero hace un par de años o año y medio era distinta.

Rajoy nos lleva por el buen camino.

No. No estoy hablando de Rajoy. Estoy hablando de la gente, del pueblo. No estoy hablando de los políticos. n

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