Maite Pagazaurtundúa

31 / 05 / 2016 Chelo Aparicio
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Número dos de UPD por Madrid. 

“La mitad no puede pensar que la otra mitad sea menos decente, hay que vencer los vetos”

Una serena determinación sostiene su proyecto. Consiste en no olvidar los crímenes y el miedo que impregnó el País Vasco durante décadas. En afrontar las contradicciones morales ante la afluencia de inmigrantes y en aceptar el derrumbe del partido que le llevó al Parlamento Europeo.

Sigue representando a UPD en el Parlamento Europeo, pese a que se quedó sola.

No dedico mucha energía para los conflictos, salvo lo inevitable. No soy muy versátil en eso. Por suerte, entre mis méritos no está la eficacia en la organización partidaria, lo que verdaderamente me gusta es mi trabajo, me ocupa y me llena; no pierdo un minuto en algo que no sean las labores parlamentarias, los problemas de Europa, los retos actuales.

¿Cómo ve ahora su partido?.

El partido está muy débil. Ahora bien, yo soy diputada y tengo que seguir defendiendo todo aquello en lo que me comprometí, pero es que, además, hay que ser tremendamente humilde y discreta. Creo que los afiliados son mucho más importantes que el puñado de cargos públicos. Ellos son los verdaderos dueños y jefes de una representación política [UPD logró cuatro escaños en el Parlamento Europeo en 2014, y más de un millón de votos].

Supongo que le han preguntado muchas veces sobre las causas. Ya ha pasado un tiempo. ¿Puede definirlas?

Como en las películas, hay una frase: “Dime que me quieres, aunque sea mentira”, que desde luego UPD no decía. Así que resultaba muy incómoda, porque no endulzaba los problemas del país. Los contaba de una forma descarnada. Pero lo que decía UPD desde su nacimiento, ese análisis de los grandes problemas del país, eso sí, de forma muy descarnada, sigue estando vigente. Destapó la corrupción cuando todavía no se conocían la mayoría de casos y sin embargo el sistema estaba ya tóxico. Pero es verdad: no acertamos en otras cosas.

Otros tomaron sus propuestas presentándose como “nueva política”.

Sí, sí. Y hay que estar contentos por ello. Nosotros hablamos de limpiar el sistema, de que el mérito y la capacidad fueran relevantes ante un funcionamiento clientelista. UPD apuntó estas y otras ideas. Ahora otros tienen más responsabilidad y capacidad de influencia. Ojalá no hagan manierismo y actúen.
 A nosotros nos han puesto en la segunda división.

¿Cuál es su valoración sobre el debate político de estos meses en España?

Creo que en estos cuatro meses... los cuatro partidos que han jugado la liga han estado más en la impostura que en otra cosa. Lo que necesitamos los españoles es que en los próximos cuatro años esto no sea así. Que al menos algunos partidos no entren en ese juego de la nada, en ese reality show. Lo que hemos hecho es perder el tiempo, meses que podrían haber sido de más crecimiento económico y hemos perdido esas posibilidades.

¿Qué ha pasado?

Por una parte, he visto una parálisis del PP, y por otra, el veto que ha tenido el PSOE hacia el PP. Los dos partidos, que podían haber generado una gobernabilidad sólida, no han explorado la posibilidad de ver las cosas que tienen en común, que son muchísimas, y también sus electores. Eso me parece lo más serio.

¿Son igual de responsables el PSOE y el PP?

No. Yo creo que tienen matices distintos. El veto del PSOE es por prejuicios, un poco atávicos, frente al PP, y luego hay algunos prejuicios muy estructurados también a partir del Gobierno de Rodríguez Zapatero. Y eso hay que vencerlo, porque nuestro país, la mitad o una parte importante del electorado, no puede pensar que la otra mitad es menos decente. Y lo digo al margen de todo lo que ha pasado.

Se refiere a los casos de corrupción, supongo.

Por supuesto. Cuando la corrupción ha aflorado, también es un momento en el que los ciudadanos pueden decir: bueno, si tienen que tener ustedes la gobernabilidad, háganlo, pero ahora lo tienen que hacer de otra manera. Ahora, esa confianza hay que ganársela día a día.

¿Cómo palpa el momento actual de Europa?

Cada país se busca sus problemas. En España tenemos esto: se está generalizando el populismo y esto es muy peligroso. Y en Francia. En Gran Bretaña juegan con fuego con el llamado referéndum... En Alemania vemos el crecimiento del populismo xenófobo, o en Holanda, en Austria; y también hay que observar lo que está ocurriendo en Hungría o en Polonia. En cada zona, en cada región de Europa, la estupidez de una forma de política se manifiesta con maneras distintas.

¿Se refiere al problema de Europa para el acogimiento de refugiados?

Es el más serio. Lo que está pasando con la crisis de refugiados puede llevarse a Europa por delante, porque alimenta los populismos, el miedo histérico y la xenofobia y lleva a la desconfianza entre los que tienen que apoyarse. Así que, sea por solidaridad o por egoísmo, es necesario actuar de otro modo. Hace más de un año, la CEAR [Comisión Española de Ayuda al Refugiado], Cáritas y Cruz Roja estaban ya preparadas para acoger a los huidos de la guerra, pero no hubo mecanismos de reubicación. Y eso sí que es indecente, que les hagamos jugarse la vida.

Y en esto publica en estos días Lluvia de fango, su nuevo libro.

Es una disección a uña de caballo de la violencia moral que sufrimos quienes decíamos no a ETA y no al nacionalismo obligatorio. Está contado desde la vida cotidiana, desde mi propia vida, la de mi familia, mis hijas, mis amigos. Hablo de lo que sucedía en mi entorno: la banalidad ambiental, la manipulación del lenguaje, de cómo actuaban la filial de ETA, el nacionalismo gobernante –negligente hacia los amenazados por ETA– y los claroscuros del socialismo vasco, que sufrieron tanto, que pelearon tanto, pero que luego jugaron con cosas muy peligrosas.

Hay una especie de manto sobre lo que pasó, tras el cese de los atentados.

Pienso que el libro puede servir para que no nos engañen en la jugada. Para ver las trampas, los trucos de los prestidigitadores, de los lobistas de ETA, que pretenden la impunidad, quitarse de responsabilidades y reescribir la historia. El problema es que en eso también está el nacionalismo gobernante, para neutralizar la memoria del pasado y que ello les resulte cómodo, porque ellos fueron muy negligentes. No les importó lo que pasaba. La gente perseguida no suponía para ellos una prioridad.

Hubo muchos héroes en esa lucha por la democracia, como su hermano Joxeba (asesinado por ETA).

Muchísimos. En el País Vasco y en toda España. Nuestros militares, policías, servicios de inteligencia, que han sido héroes. Se han jugado la vida sabiéndolo. Y luego, muchos ciudadanos, gente que se atrevió a escribir en los medios de comunicación vascos, a decir lo que pasaba. Y los fundadores del Foro Ermua, de Basta ya, intelectuales, ciudadanos de toda condición y gentes que vinieron de ETA y dieron un paso atrás para denunciar el horror y apoyarnos en la difícil lucha. Todos ellos fueron justos y valientes. Tuvieron sentido del deber. Son un ejemplo para pensar cómo hay que hacer la política también ahora.

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