Julián Casanova
Especializado en el franquismo y la Guerra Civil, Casanova es uno de los mayores expertos en la represión que acompañó al régimen y partió España en dos mitades. En su opinión, solo con educación será posible superar esa ruptura
Sigue algo del franquismo presente en España?
Han pasado cuatro décadas y esa dictadura forma parte de la historia. Pero es también objeto de debate. Con memorias divididas, esos trágicos sucesos del pasado han proyectado una larga sombra sobre el presente. El Valle de los Caídos fue de Franco en vida y continúa siéndolo tras su muerte, incapaces los Gobiernos de gestionar esa historia. Las miradas libres a ese pasado traumático y la reparación de las víctimas generan el rechazo y el bloqueo de poderosos grupos bien afincados en la judicatura, en la política y en los medios de comunicación. Debemos recordar el pasado para aprender.
Ahora se critica la Transición. ¿Fue necesaria para superar el régimen?
La evolución del último cuarto del siglo XX constituye el mayor periodo de estabilidad y libertad de la historia contemporánea española. El balance debe ser claramente positivo. Gracias a la voluntad de consenso, el compromiso de superar intereses partidistas y la capacidad para llegar a pactos, España se convirtió en un país claramente europeo con una economía abierta y renovada, sin la amenaza del poder militar, con instituciones democráticas asentadas que permitieron la alternancia política y aseguran un amplio conjunto de derechos y libertades ciudadanas comparable con los países más avanzados.
Tras el golpe 23-F, ¿qué queda en el Ejército del franquismo?
El golpismo, un fenómeno de larga duración en la historia contemporánea de España, ya no es un problema, comparado con el paro, la corrupción o la crisis del sistema político causada por la excesiva concentración del poder en los líderes y aparatos de los dos partidos mayoritarios durante estos cuarenta años de transición y democracia. Si hay en estos momentos alguna sombra del franquismo, no es el Ejército.
¿En qué sectores hay esa sombra?
En los primeros años, en el Ejército. Durante bastante tiempo, en un sector del Partido Popular que procedía de Alianza Popular. Les molestaba, y les molesta, cualquier debate sobre el pasado. En sectores de la judicatura y en algunos representantes de la jerarquía eclesiástica. Pero hoy son restos y no tanto sectores donde se han mantenido las élites franquistas.
¿Sigue pesando sobre la derecha española la herencia del régimen?
La irrupción de una nueva dimensión social del recuerdo, mal llamado memoria histórica, hizo reaccionar a conocidos periodistas y propagandistas de la derecha, que han retomado los mitos y argumentos de la manipulación franquista. Frente a los historiadores, una parte de la derecha española quiere siempre leer la otra historia, la que han conocido a través de sus familias: que Franco y su dictadura resultaron beneficiosos para España, porque la libraron de algo mucho peor, la tiranía roja. Para los propagandistas y pseudohistoriadores no se trata de explicar la historia, sino de enfrentar la memoria de los unos a la de los otros.
¿Qué papel ha jugado la Iglesia para mantener valores del franquismo?
La jerarquía de la Iglesia católica protege con uñas y dientes sus finanzas y sus derechos adquiridos en la educación y discute cada palmo de territorio que el Estado quiere conquistar en el orden moral. Pero no creo que se trate tanto de mantener valores del franquismo como de consolidar posiciones frente a un Estado aconfesional, pero no laico.
Andalucía va a empezar a enseñar memoria histórica. ¿Es positivo?
Los pasados traumáticos, de guerras y dictaduras, suelen provocar conflictos entre memorias, individuales y de grupos, entre distintas maneras de mirar a la historia. Esa fractura ha ocurrido en todos los países que sufrieron regímenes políticos criminales, como la Alemania nazi, la Rusia estalinista, las dictaduras del Cono Sur o la España de Franco. El olvido oficial, que es lo que sigue presente aquí, no hará desaparecer el recuerdo de las víctimas. El futuro de la memoria pasa por transmitir esas experiencias a los jóvenes, a quienes no formaron parte de esa historia. Y la educación es básica para ese fin.
¿Por qué en Alemania o Italia se persiguen los fascismos y en España no?
Los regímenes fascistas de Alemania e Italia fueron derrotados en 1945 y Franco siguió tres décadas más. Y además murió en la cama, no fue derrotado. En Italia, y sobre todo en Alemania, han tenido muchos problemas –acompañados de agrios debates– para gestionar ese pasado. Pero la ruptura simbólica –lugares de memoria– y cultural/educativa con ese pasado es radical. En España, como Franco no fue Hitler, y el trauma fue exclusivamente nuestro –no invadimos a nadie–, se relativiza el impacto de la dictadura. Una de las razones por las que muchos quieren difundir que el franquismo no fue fascismo es para liberarle de ese estigma. Pero eso no cambia su historia de crímenes, falta de libertades y de control social hasta el final.
¿Por qué no es posible el consenso respecto a la memoria histórica?
La sociedad que salió del franquismo y la que creció en las dos primeras décadas de la democracia mostraron índices elevados de indiferencia hacia la causa de las víctimas de la Guerra Civil y de la dictadura. Por diversas razones la lucha por desenterrar el pasado oculto, el conocimiento de la verdad y la petición de justicia nunca fueron señas de identidad de la transición a la democracia en España. España estaba llena de lugares de la memoria de los vencedores de la Guerra Civil, con el Valle de los Caídos en primer plano, lugares para desafiar “al tiempo y al olvido”, como decían los franquistas, homenaje al sacrificio de los “héroes y mártires de la Cruzada”. Los otros muertos, las decenas de miles de rojos e infieles asesinados durante la guerra y la posguerra, no existían. Las memorias, que no solo hay dos, pueden y deben coexistir. Pero va a ser difícil un consenso mientras no haya una condena clara del golpe de Estado de julio de 1936, como causa inmediata de la Guerra Civil y de cuarenta años de dictadura.
¿Qué debemos hacer con lugares como el Valle de los Caídos?
Respetarlos, explicarlos, dejarlos para educación de las generaciones futuras. No hay mejor forma de examinar la simbiosis entre religión y política que ir al Valle de los Caídos y explicar su historia. En 40 años de Transición y democracia nadie ha querido abordar con ideas claras la gestión pública del pasado, incluidos los lugares de memoria y archivos.
¿Qué se perdió España durante esos 40 años de franquismo?
Muertos Hitler y Mussolini, Franco siguió treinta años más. Vista desde esta perspectiva comparada, el rasgo distintivo de la historia de España en el siglo XX fue la larga duración de la dictadura de Franco después de la Segunda Guerra Mundial. No fue un paréntesis, sino el elemento central que dominó el escenario durante esas tres décadas, desde 1945 a 1975. En 1945, Europa occidental dejó atrás treinta años de guerras, revoluciones, fascismos y violencia. Pero España se perdió durante otras tres décadas ese tren de la ciudadanía, de los derechos civiles y sociales y del Estado de bienestar. El principal responsable de que eso fuera así, Francisco Franco, se empeñó en tomar un camino diferente al de las democracias occidentales. Y durante años y años, muchos españoles defendieron y aceptaron que se les organizara bajo estrictas reglas autoritarias y que se obligase a ello a quienes no lo quisieran.
¿Se enriqueció Franco durante la dictadura? ¿Había corrupción en el régimen?
Franco siempre pensó que España era su cortijo particular. El último libro de Ángel Viñas saca a la luz nueva información y datos sobre todo ese tema. La dictadura consolidó ese viejo caciquismo, ese amiguismo, que procedía de la Restauración y añadió a los viejos amigos políticos toda la savia nueva de Falange y de los ganadores de la guerra. Sin enchufes, en la España de Francisco Franco no se podía dar un paso. Y esa cultura política ha pesado como una losa durante la Transición, en la política, pero también en las universidades y en el reclutamiento de muchos funcionarios.



