Julia Navarro
Su novela Historia de un canalla va camino de convertirse en otro éxito editorial. Es un relato descarnado sobre la maldad llevada hasta las últimas consecuencias, en un ambiente cosmopolita.
No es frecuente que un escritor deje tanto margen de libertad a sus personajes como usted permite a su protagonista.
Es cierto que a muchos lectores las andanzas del personaje les han producido un shock. Si la historia estuviera contada en tercera persona, las mismas canalladas le llegarían al lector con mayor distanciamiento. Al utilizar el relato en primera persona, que no fue una decisión fácil de tomar, la actuación del personaje le entra directamente al lector como una confesión, como un testimonio.
Hace que su protagonista decida libremente ser un canalla y que barrene en esa condición sin determinismo. No es víctima del hado, del destino.
Yo creo que el mal no tiene justificación, aunque yo me empeño, en todos los órdenes de la vida, en buscar explicaciones. En este protagonista, el trauma infantil le va a marcar toda su vida. Lo que ocurre es que hay gente que con los mismos traumas, es estupenda. Sin embargo él tiene una maldad demoledora. Esta novela es un viaje a la parte más oscura del ser humano.
El personaje, en su abyección, cuenta sus maldades y luego reconoce que se podría haber conducido de otra manera, pero desprecia esa alternativa. Es un canalla redomado.
Él es consciente de que podía haber hecho las cosas de otra manera y solo cuando intuye el final de su vida hace un recuento de lo que podía haber sido, pero no desde el arrepentimiento. Ese doble relato entre lo hecho y lo que podía haber hecho, son como dos novelas juntas.
No es frecuente que un autor sea tan inclemente con su criatura.
Algunos lectores me preguntan si creo que hay alguien tan canalla. Yo les respondo que estamos rodeados. Cuánta gente que hemos tenido como paradigmas sociales, caída la máscara, vemos que han sido unos sinvergüenzas. Mi protagonista, con todo, no es más canalla que muchos personajes reales que nos hemos cruzado.
El canalla dice en un momento “no quiero permitirles que sean felices”, en relación con sus allegados. Es de una perversión inaudita.
Cuánta gente ha dicho ante las cámaras y los micrófonos no me arrepiento de nada y volvería a cometer los mismos errores. Son incapaces de conciliarse consigo mismos y llegan a convencerse de que han elegido el camino que han querido.
Todas sus novelas son voluminosas. ¿Es una venganza contra los redactores jefes de su época de periodista?
Puede ser una venganza contra la concreción y la síntesis forzosa del periodismo. No obstante, en mi técnica de trabajo no voy paginando lo que escribo, y eso te deja una gran libertad para exprimir el relato hasta donde soy capaz, sin pensar en su extensión.



