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Juan María Aburto

24 / 07 / 2015 Luis Calvo
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Alcalde de Bilbao. Frente al cambio que supusieron las municipales en la mayoría de ayuntamientos, en Bilbao el PNV consolidó su mayoría. 

Juan María Aburto recibe en el despacho que acaba de heredar del anterior alcalde, Ibón Areso. Ni él ni su antecesor, Iñaki Azkuna, lo utilizaban demasiado. Preferían trabajar en otros espacios del ayuntamiento. “Es más bonito que funcional”, reconoce el alcalde. Aburto es el octavo alcalde democrático que tiene la capital vasca, todos del PNV. No es la única herencia que ha recibido el primer edil. Azkuna fue nombrado en 2013 el mejor alcalde del mundo. Un año después murió dejando casi una leyenda para Bilbao. Su reto es continuar con esa labor.

¿Qué opina de la ola de cambio que ha llegado a muchos ayuntamientos?

Bilbao no necesitaba cambio, sino seguir avanzando. Dicho esto, tengo el máximo respeto por las nuevas mayorías. Ha sido la ciudadanía quien lo ha decidido. Esos movimientos han tenido una gran virtud: han sido capaces de aunar el descontento. Pero ahora van a necesitar contentar. Y eso es más complicado. La toma de decisiones no es fácil. Así que respeto y también expectación. Todos tenemos retos por delante. El suyo es poner en marcha cuestiones que han prometido y que a mí me parecen cuando menos complicadas de llevar a la práctica.

¿Por qué cree que los bilbaínos han votado continuidad y no cambio?

Bilbao ofrece una imagen de estabilidad. Yo siempre digo que recibo una gran ciudad. La herencia de Azkuna y Areso es extraordinaria...

¿No pesa sustituir al mejor alcalde del mundo?

No, no pesa. ¿Qué es mejor, recibir una buena herencia o una mala? Una buena, claro. Y yo la recibo con orgullo. Es un Bilbao que es referente mundial en cuanto a regeneración urbana, un Bilbao que también es referencia cultural y como destino turístico. Si me dices hace 30 años que el sector turístico de Bilbao iba a ser el 7% de su economía yo hubiera apostado a que no era posible. Después de Azkuna es difícil que se vuelva a nombrar al alcalde de Bilbao mejor alcalde del mundo. Yo a lo que aspiro es a ser el alcalde de la mejor ciudad del mundo. Y de los ciudadanos más felices. Por todo eso no ha sido necesario el cambio y pretendemos seguir mirando al futuro.

¿Qué le parece que Ada Colau haya decidido limitar el turismo?

Barcelona tiene una dimensión distinta a Bilbao. A mí me encanta. Excepto si vamos a jugar una final contra el Barça [ríe]. No conozco la realidad de esa saturación turística. Pero sea como sea, hay que adoptar medidas negociadas con los agentes. Esa es una forma de hacer política en la que yo creo. La participación es algo fundamental.

Dice que quiere una ciudad solidaria. ¿Eso qué significa?

Bilbao tiene una realidad plural. No todo el mundo vive en buena situación y la crisis ha pasado factura. La semana pasada hubo una concentración de movimientos sociales porque a principios de mes murió una persona que dormía en la calle. Para mí eso es un fracaso de la sociedad. El ayuntamiento ha estado presente en esa concentración, la primera vez que pasa. Hay que tener en cuenta todas esas realidades. La gente más débil va a ser importante para el ayuntamiento.

¿Se puede hacer algo desde el consistorio contra los desahucios?

Se puede y se hace. Aquí tenemos firmado un protocolo de actuación entre la Asociación de Municipios (en la que está Bilbao), el Poder Judicial y el Gobierno vasco para articular alertas al respecto. Esas personas pueden ser dirigidas hacia viviendas públicas. Yo como consejero firmé en persona ese convenio. Pero hay que diferenciar dos realidades. No podemos generalizar la opinión de que tú puedes estar en una vivienda pública sin pagar y no pasa nada...

¿Se abusa de los servicios públicos?

No, no digo abuso, no tengo datos, pero hay que tener cuidado para que no se generalice. Una parte importante de los servicios públicos es cómo se pagan. Y luego hay otra realidad, de verdadera necesidad, de gente que no puede pagar por una situación delicada con riesgo de exclusión. Ante eso hay que articular procedimientos. Y movilizar a los entornos. Los amigos, la familia, tienen mucho que decir. Debemos potenciar redes de solidaridad más allá de la propia Administración. Suelo decir que la Administración no puede ser sustituto de la familia, sino un complemento.

EL PNV no tenía tan buenos resultados desde 2008. ¿Fue la etapa de Ibarretxe mala para el partido?

En política es importante la existencia de puentes y diálogo. Probablemente en aquel momento fue difícil mantener esos puentes. De hecho, Ibarretxe ganó las elecciones y no fue capaz de tejer complicidades para gobernar. Hay que poner en valor la actitud del lendakari Urkullu y del presidente del PNV, Andoni Ortuzar, creando complicidades. Es indudable que el PNV tiene un liderazgo amplio. Pero el liderazgo en una sociedad plural cada vez tiene que ser más compartido. En Bilbao, con 13 concejales del PNV, el siguiente, el PSE, tiene 4. Y luego 4 (PP), 4 (Bildu), 2 (Udalberri) y 2 (Ganemos). Existe pluralidad. Por eso pactamos [con el PSE]. Tenemos un Gobierno plural, pero también fuerte y estable.

¿Pactar con el PSE no supone aparcar las aspiraciones nacionales?

Yo soy militante del PNV y creo en que mi bandera es la ikurriña y mi país, Euskadi. Pero esto hoy en día se enmarca en la construcción de una Europa unida. Hay que amar lo propio sin odiar lo otro. Hay planteamientos ideológicos, aspiraciones, pero también una realidad práctica que sirve para construir Euskadi cada día. Y en ese sentido yo creo en el poder de la convicción. Vencer siempre deja vencidos. Convencer es más difícil, más costoso, pero deja convencidos. Yo no quiero una sociedad fracturada. Sin cohesión social no hay barrio, ni ciudad, ni país. Sin construcción social no hay construcción nacional.

Amaiur les acusa de boicotear la convergencia soberanista.

Amaiur tiene un problema. Amaiur, Sortu, Bildu, EH, HB, llámalo como quieras... tiene el problema de que en un momento histórico, con la desaparición de la violencia de ETA, ellos piensan que la historia empieza ahora, con ellos. Este país tiene una historia en la que lleva toda la vida el PNV. Bienvenidos el resto, pero deberían preguntarse qué han obtenido en estos 40 años de muertes, víctimas, secuestros, odio, violencia y falta de convivencia. ¿Qué han conseguido para al final del camino volver de nuevo al principio, a donde el resto hemos estado siempre? Bienvenidos sean al sistema democrático y la construcción del país, pero lecciones, las justas. La convergencia se dará entre quien se tenga que dar.

¿Qué falta para que ETA se disuelva?

Sólo que ETA tome la decisión de una santa vez y desaparezca para siempre. Pero sí creo que sería necesaria altura de miras desde el Gobierno. Hay que mirar al futuro más que al pasado.

¿Habla de presos?

Sí. Hay que hacer otra política penitenciaria. Para que no se malinterprete, no estoy ligando ambas cosas. Que ETA debe desaparecer no hay ninguna duda, pase lo que pase. Pero una política penitenciaria más humanitaria es posible y cada día sin ella es un día perdido.

¿Qué opina del proceso de Cataluña?

Es difícil saber qué va a ocurrir. Nosotros tuvimos una experiencia [el plan Ibarretxe] que nos llevó a chocar contra un muro y tener que volver a empezar. Los catalanes han tomado un camino legítimo, pero lleno de incertidumbres. En política, en economía y lo social la incertidumbre es mala compañía. En nuestro caso hemos diseñado un espacio diferente. Yo comparto con el lendakari que exista una ponencia de autogobierno y comparto con él los cuatro pasos: diálogo, negociación, acuerdo y ratificación. Ese es nuestro escenario.

Se vuelve a hablar de cambio constitucional. ¿Qué cambiaría?

Bueno, sorprende que cuando desde Euskadi hemos reclamado un cambio constitucional, se nos ha criticado. Y ahora de repente es posible. Bienvenidos sean. Yo espero, entre otras cosas, un encaje adecuado de la relación de Euskadi y España. Y espero que para ello se cuente con la realidad del país. Espero que se recoja la bilateralidad que supone el concierto económico. Y un encaje de los derechos sociales.

Hay partidos que quieren excluir a los nacionalistas del debate.

Es curioso también. Hablamos de que en política, cuanta más participación mejor y al mismo tiempo hay quien habla de excluir sensibilidades que somos mayoritarias o, cuanto menos, referentes en nuestro entorno. Sería un gran error. Es importante contemplar la realidad nacional y buscar un encaje en que todos estemos cómodos y se contemplen todas las aspiraciones.

¿Poner el concierto vasco sobre la mesa sería una ofensa?

Sí, sería algo inadmisible. Hablamos de derechos históricos contemplados en la Constitución, avalados por sentencias europeas. Sería una afrenta que Euskadi no aceptará jamás.

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