Juan Fernando López Aguilar
A solo seis meses de las elecciones europeas, el exministro de Justicia no oculta sus deseos de volver a encabezar la candidatura del PSOE a la Eurocámara. Los resultados que arrojen las urnas, asegura, serán determinantes para el futuro del PSOE, de España y de Europa.
“Si las europeas no salen bien, será casi imposible ganar en 2015”
¿Qué balance hace de estos cuatro años y medio?
En 2009 llegué al Parlamento Europeo consciente de que era la cámara más fuerte que había tenido Europa. Pero también de que Europa entraba en la peor crisis de su historia. Desde entonces he ido combatiendo el diagnóstico mentiroso de que su origen era el despilfarro de Gobiernos manirrotos. No es verdad. Fue la especulación y una estrategia disparatada de austeridad. Ha sido un trabajo duro, pero necesario.
La Unión tiene menos apoyo ciudadano que nunca. ¿Le preocupa?
No solo me preocupa, combatir ese estado de ánimo es mi primer objetivo. La respuesta ante la pésima gestión de esta crisis no puede ser la negación de Europa ni la antieuropa. El adversario ya no solo es una mayoría conservadora que ha impuesto este guion. El adversario es también el populismo rampante, el extremismo y la eurofobia. Contra ellos hace falta una épica combativa, europeísta y altereuropeísta, es decir, que apueste por una Europa distinta a la que padecemos.
¿Teme el ascenso de los populismos?
Llevo años advirtiendo del riesgo de que Europa emprenda una deriva fascistizante y repita en el siglo XXI lo que ocurrió en los años 30 del pasado siglo. Europa corre el riesgo de involucionar hacia el nacionalismo furioso, la desconfianza de todos contra todos. Y la consecuencia más visible son esos populismos de extrema derecha que buscan exasperar el miedo de las clases medias al futuro mediante chivos expiatorios. Pueden ser los judíos como en Hungría, los gitanos como en Bulgaria o Rumanía, los musulmanes o los europeos del Sur. Es una respuesta que debe ser combatida.
¿Deben modificarse las estructuras de poder de la Unión?
Sin duda. Los socialistas apostamos por reformas profundas del Tratado Constitucional de la UE, lo que conocemos como Tratado de Lisboa. No solo para corregir los defectos congénitos con los que nació el euro, sino para darle un impulso definitivo a la democratización de la UE, para reforzar la capacidad de iniciativa legislativa del Parlamento y de su representatividad de la pluralidad. Y, sobre todo, para recuperar la agenda social europea, que ha sido tomada al asalto por la mayoría de derechas.
¿Qué peso ha tenido Alemania en esas políticas que denuncia?
Peso pesado. Alemania no solo es el país más poblado de la UE y el de mayor PIB. Es el país más representado en el Parlamento. Además, ese incremento de su peso específico ha coincidido con una hegemonía de la derecha en Alemania, una derecha que tiene poco que ver con la derecha cristiana que identificamos con Adenauer y muere con Helmut Kohl. Es una nueva derecha que acusa a los países con dificultades de ser los culpables de la crisis y piensa que merecen un ajuste de cuentas. El problema no está en una Alemania europea, sino en la germanización de Europa bajo el Gobierno de la derecha.
¿Torcerá el SPD esas políticas?
Desde luego, lo espero. Valoro, además, que haya tenido el coraje de trasladar a sus militantes la última palabra sobre la negociación y haya introducido apuestas claramente sociales en la agenda de Gobierno. Dicho esto, no creo que Alemania sea la solución sobre Europa. Los socialdemócratas han negociado un Gobierno para Alemania. Ahora nos toca al resto de europeos decidir qué Europa queremos. Junto con los alemanes, pero no detrás de ellos.
Muchos votantes se sienten decepcionados por la socialdemocracia.
El reto para la socialdemocracia en la crisis es inmenso y no podemos ignorarlo. La hegemonía de poderes fácticos que no se presentan a las elecciones, con los financieros al frente, ha supuesto la demolición de la política. Eso ha desmovilizado a los electores progresistas y los ha instigado a la desmovilización, la fragmentación o a la antipolítica. Es un hecho que el populismo pesca en caladeros de voto tradicionalmente socialdemócratas. ¿O alguien ignora que los obreros griegos empobrecidos buscan respuestas en Amanecer Dorado o que muchos votantes de izquierdas se han pasado al nacionalismo ramplón y eurófobo de Marine Le Pen? Es una batalla que tenemos que librar a vida o muerte.
Y, sin embargo, hay países como Ucrania que pelean por entrar en la UE.
Es interesante que incluso en un momento de desfondamiento de la construcción europea se mantenga una nutrida lista de candidatos. Y que haya países enormes, como Ucrania, cuya ciudadanía se revuelve en la calle contra el giro prorruso de su Gobierno. Pero lo relevante es que la UE debe reinventar su narrativa: el discurso de paz tras las guerras mundiales debe evolucionar hacia otro que asegure el modelo social europeo con un crecimiento inteligente, ecológico y solidario.
¿Qué se juega el PSOE en mayo?
En el ADN del PSOE está ir a todos los procesos electorales con ganas de ganar y de ser la primera fuerza, pero nunca había visto una ocasión tan imperiosa para el PSOE como en esta cita. Es imprescindible cambiar el rumbo a la Unión Europea. Sin actuar en el salón europeo, ninguno de los males que nos han afligido en los últimos años tiene remedio. Si no lo hacemos en 2014, la UE de 2019 ya no será reconocible. No tendrá nada que ver con la Europa que nos encandiló. Además, es la primera ocasión de contrastar con las urnas el trabajo que hemos desarrollado en la Conferencia Política.
¿Le gustaría volver a encabezar la lista?
No me corresponde a mí tomar esa decisión, que aún no está escrita, pero mi disponibilidad, mi empeño y mi coraje personal para desarrollar ese trabajo están a disposición de todos mis compañeros.
¿Deberían haber sido las primarias antes de las europeas?
El Partido Socialista se ha fijado una hoja de ruta inteligente. Se emplazó a una prolongada conversación para relanzar su proyecto estratégico, su identidad profundamente democrática, con voluntad de mayoría, progresista y europeísta, no nacionalista. Y ha asumido el compromiso de renovar su liderazgo a través de un proceso democrático y abierto que espera convocar a millones de ciudadanos. Espero que esas primarias sean una ocasión de movilización de todos los españoles progresistas para empujar al candidato o candidata a que recupere el Gobierno en 2015. Pero que nadie reste importancia a las elecciones europeas. Yo advierto siempre, también a gente dentro del PSOE, de que si las elecciones europeas no salen bien para el PSOE, será casi imposible que puedan salir bien las generales de un año después.
¿Debería Rubalcaba presentarse?
No me corresponde a mí anticiparlo. Como actual secretario general tiene la legitimidad para hacerlo. Creo que las primarias se legitimarán, por un lado, en la pluralidad de candidatos y, por otro, en la movilización que debe suscitar en la sociedad española. Cuantas más personas con coraje y un proyecto salgan a la palestra, mejor para todos y mejor para el PSOE. No uno ni dos, una verdadera pluralidad de candidatos.
¿Volvería a apoyar a Carme Chacón?
Cada circunstancia tiene su respuesta. Yo quiero al PSOE. Lo amo profundamente y considero un deber ser parte activa cada vez que el partido se juega su futuro. Lo he hecho siempre que ha sido necesario con respeto y con afecto por todos los aspirantes. Espero que, en todo caso, cuando termine el proceso se integren en un mismo proyecto las mejores capacidades del PSOE. Debemos dirigirnos a la sociedad española, no los unos contra los otros.
Usted fue ministro de Justicia. ¿Qué opina de la renovación del CGPJ?
El Consejo General del Poder Judicial es un órgano profundamente deteriorado. Dicho esto, con las reglas del juego actuales alabo y apoyo el esfuerzo negociador de mis compañeros para componer un Consejo capaz de cumplir con su labor de gobierno y control de la magistratura. Espero que sus miembros sean conscientes de que pisan el terreno de un órgano profundamente cuestionado y de que dependerá de su ejemplaridad y rectitud que la negociación haya servido para algo.
¿La elección parlamentaria no vulnera la separación de poderes?
Yo estoy abierto a una revisión profunda de las reglas de juego, pero no comparto que la elección parlamentaria condene al consejo a una confrontación partidaria. No es verdad que la elección sea determinante, sino el carácter y la actitud de sus miembros.
¿Le parece adecuado que el PSOE apoye a un magistrado recusado por el Partido Socialista de Madrid (PSM)?
No es verdad que apoye a un magistrado recusado por el PSM. Se trata sencillamente de no poner condiciones de imposible cumplimiento a la negociación. Comprendo que toda negociación comporta tensiones y respeto la decisión de Tomás Gómez [secretario general del PSM] de renunciar al escaño de senador, pero entiendo también a mis compañeros que en la negociación se ven obligados a aceptar términos que nunca habrían sido los suyos.



