Josep Maria Álvarez

22 / 03 / 2016 Luis Calvo
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Secretario general de UGT. 

“Hay pocas diferencias entre el PSOE y Podemos”

Foto: David García-Amaya

Recién llegado al cargo, Álvarez no quiere hablar de partidos, pero sí de políticas. Bajo su mando, UGT seguirá exigiendo la derogación de la reforma laboral. A su juicio el sindicato debe ser de izquierdas y batallador, dos elementos básicos en su defensa de los trabajadores.

Después de 22 años de mandato de Cándido Méndez, resulta extraño ver a otra persona tras la mesa desde la que se dirige el mayor sindicato de España. Contra viento, marea y las zancadillas de la anterior dirección, Josep Maria Álvarez ganó el puesto hace solo unos días en el XLII Congreso de la Unión General de Trabajadores (UGT). Llega, asegura, para recuperar la vitalidad de un sindicato desconectado de la sociedad y conseguir que vuelvan a confiar en él los trabajadores.

¿Qué situación se ha encontrado al desembarcar en Madrid?

La misma que sabíamos. La situación económica la veremos dentro de poco. Cuando acabe la auditoría sabremos mejor en qué parámetro nos encontramos. Desde el punto de vista de la gestión del sindicato, tenemos que poner en marcha las políticas que queremos desarrollar. Hay que poner en marcha un proyecto que pasa por adelgazar las estructuras. Y hacer un plan de viabilidad, que nos permita funcionar de forma correcta y austera: casar lo que tenemos con nuestras necesidades.

También afrontar la reorganización.

Bueno, las uniones de las comunidades autónomas tienen que hacer sus congresos y tenemos el proceso de fusión de las tres nuevas federaciones. Eso también nos va a ayudar a ver qué podemos compartir para eliminar estamentos, ser más ágiles y responder mejor a las necesidades del afiliado.

Habla mucho de su plan de transparencia. ¿En qué se concreta?

Sí, lo vamos a implementar durante el año 2016. Eso nos tiene que situar en un antes y después. En ese plan se incluirá toda relación que tiene el sindicato con las administraciones públicas. Cualquier ciudadano debe poder saber los convenios que firmamos con cualquier comunidad, el Estado o un ministerio, en qué se concreta y con qué dotación. Y acceder a los resultados si es que se trata de un estudio. Eso nos va a ayudar en la percepción de los ciudadanos hacia el sindicato.

¿Cómo sale UGT del congreso? Su victoria ha sido ajustada.

Sale unido. Más allá del resultado, el planteamiento y las resoluciones sobre políticas han contado con un respaldo inmenso. Ha sido un congreso con una presión obvia de la anterior dirección...

¿No fue leal con su candidatura?

Yo creo que esa pregunta se responde sola con mirar la prensa. Todo el mundo vio que había un candidato con respaldo de la dirección. Allá cada uno. Otros candidatos contábamos con el respaldo de las bases. En los próximos meses veremos en todo caso cómo el sindicato cierra filas en torno a las políticas que defendemos.

¿Cómo pretende reconectar con la ciudadanía?

Hay dos perspectivas. Desde el punto de vista de las empresas estamos bien. Podíamos estar mejor, pero estamos bien. 90.000 delegados son muchas personas que cada día se arriesgan a ser despedidos por defender a sus compañeros. La percepción social es otra cosa. Es verdad que ha caído en los últimos años. ¿Qué debemos hacer? Primero, alimentar con propuestas a esos delegado para que se hable de ellas y no de asuntos internos del sindicato. Eso ayudará a girar y que ellos puedan defender al sindicato, algo que en los últimos tiempos a veces tenían difícil.

¿Qué hay que cambiar para que eso suceda?

Pues, por ejemplo, decirle a las cosas por su nombre.

¿Con usted el sindicato será más batallador, más de izquierdas?

El sindicato va a ser de izquierdas. Y batallador, claro. Son dos elementos básicos. La gente que me conoce sabe que eso es lo que he hecho y lo que voy a hacer. Yo creo que hemos estado bastante absorbidos por el sistema.

¿A qué se refiere?

Bueno, si entras en la lógica de discutir cuánto cuesta pagar un plan para que los mayores de 55 años se puedan jubilar con una pensión digna. Si entras a discutir los números de los planes de austeridad en lugar de partir de que hay un 1,2 millones que van a cobrar una porquería y van a estar marcados de por vida... ya define tu planteamiento. Y más cuando se niegan los recursos para ese al mismo tiempo que el Consejo de Ministros acuerda un desembolso a una plataforma de gas mayor que el coste de todo ese plan... Ya está: si no hay recursos, que los pinten. Yo no debo pensar si esas cuentas cuadran o no. Lo que afecta a los poderosos, encaje o no, acaba apareciendo. Nosotros debemos partir de la base de que aumenta la desigualdad y no podemos permitirlo. En eso y en muchas cosas. 

¿Qué le parece el acuerdo entre Ciudadanos y PSOE?

Uno de los principios que voy a seguir es hablar de políticas, no de partidos.
 A mí me interesa lo que hagan.

El PSOE renuncia en él a derogar las dos últimas reformas laborales.

Yo quiero que se deroguen. Y si eso no está en el programa o en el pacto, ya sabe qué opino de ello. Para nosotros esa derogación es fundamental para reequilibrar el sistema. No es un capricho. Nuestra candidatura en eso fue tajante. Derogar para nosotros significa derogar y restaurar. La reforma no solo daña los convenios o a los trabajadores precarios. Define el país en su conjunto. Determina si puedes tener un buen sistema de salud, o un sistema educativo justo en que el hijo de un trabajador pueda ir a la universidad... ese es el sentido de la derogación de la reforma laboral. Significa cambiar el rumbo.

¿Y qué le parece que el PSOE haya dejado de defenderlo?

Yo es que no puedo decir que no la defienda. Quiero apelar a una mayoría de izquierdas.

No suma para formar Gobierno sin nacionalistas como DiL o PNV.

Bueno, DiL se han comprometido a algunas de esas políticas. Hay una mayoría de izquierdas que casi llega a la mayoría absoluta. Si esos partidos, que no son de izquierdas, cumplen con su programa se podrían aprobar muchas de las cosas que estamos hablando. Yo a lo que apelo es a hacer cambios aprovechando esa mayoría. Y si te entiendes con políticas, te puedes empezar a entender también con los asientos del Gobierno.

¿Es legítimo discutir de carteras antes que de políticas?

Es que en esto nuestra opinión solo va a servir para desequilibrar la negociación. No nos vamos a meter en un tema que no tenemos por qué entrar. Yo digo lo que opino de nuestros planteamientos, no del resto.

¿Sus planteamientos están más cerca del PSOE o de Podemos?

Yo me he leído los dos programas y no hay tantas diferencias entre Podemos y el PSOE. Ambos programas se han ido juntando. Los ciudadanos muchas veces votan por cómo se explican las medidas o los antecedentes de cada uno, más que por la propia política. Si tuvieran mayoría absoluta juntos tendrían muy difícil explicar esta batalla que están sosteniendo.

Usted viene de Cataluña. ¿Cree que hay salida al actual proceso?

Es imprescindible que la haya. En el momento en que Cataluña deje de ser un instrumento electoral para algunos partidos será mucho más fácil. Desde España y Cataluña debemos ser conscientes de que hemos llegado a un punto en que lo único que hacemos es gastar energía. No hay solución sin diálogo.

Defendía el derecho a decidir. ¿La solución pasa por ahí?

Se puede consultar a los ciudadanos de muchas formas. En Cataluña hay una mayoría que está a favor del derecho a decidir, lo cual no quiere decir que lo esté de la independencia. Si se hablara más, empezando con discreción para que nadie tenga que bajarse públicamente de la burra, quizá se avanzaría. Hay que hablar. Yo he oído criticar mucho la reunión de Puigdemont con Sánchez. Cualquiera que esté a favor de la unidad de España debería considerar esa reunión muy positiva. Si no es con diálogo y acuerdo, ¿cómo se va a solventar el problema del encaje de Cataluña?

¿Sería mala para los trabajadores una independencia?

Es que partir de la hipótesis de una independencia real... Mi sensación es que es hay un tema pendiente, no el proceso, sino el diálogo. Decir que con el proceso en marcha ya no se habla, solo hace que esto vaya a más.

La respuesta hasta ahora es judicial.

Es que hay señores que creen que por sentarse en un tribunal pueden enmendar la plana a un pueblo y no pasa nada. Pues, oiga, sí que pasa. Los sentimientos hay que tenerlos en cuenta. Mi nombramiento se recibió con mucha alegría en la sociedad catalana. Eso es una prueba de que mucha gente quiere puentes con España. Si yo fuera independentista o mi objetivo fuera la secesión no habría optado a la secretaría general de UGT. Eso en Cataluña la gente lo sabe. La gente quiere debate. Y habrá quien quiera la independencia, pues sí, pero tampoco pasa nada.

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