José Sacristán
A sus 75 años recién estrenados, dice que su oficio es un juego, que nunca pierde de vista al crío que fue y que tiene los pies en la tierra, “entre patatas, garbanzos, melones y ajos”. Hay que oírle cantar el himno de Domingo el Sabio, de los salesianos, para entender la magnitud de su experiencia sobrenatural, aunque, a primera vista, parece que no tuvo consecuencias fatales. Su entretenimiento favorito es pasar la fregona. Confiesa tener adicción a las señoras.
“Antes monja de clausura que juez”
Hoy se estrena El muerto y ser feliz. A quién se le ocurre irse en pijama a hacer 5.000 kilómetros por el norte de Argentina.
Mire, tratándose de Argentina, yo lo hago en pijama y en pelotas, porque soy un fan de ese país.
Le veo algo menos decrépito que en la peli.
Hombre, afortunadamente, porque el pobre Santos [el protagonista] está a punto de palmar. Aunque la película tiene un final abierto.
Enfermo terminal, pero con una enfermera consentidora, que le alivia todo tipo de tensiones. ¿Así, cualquiera?
Todo tipo de tensiones no, porque no quiere enseñarme las tetas. Me hace ejercicios manuales de cierta eficacia. Pero lo de las tetas, fijación que tenemos los españoles de cuando el cine de destape, y que no hemos superado, esto de las glándulas no hay manera.
Su personaje es un poco cutre, nada glamuroso. ¿Ustedes los de Chinchón no tenían un puntito?
Yo creo que sí lo tiene, porque hay una voz en off que dice que, en pijama y con la gabardina, tengo más elegancia que otros con frac. Chinchón está siempre presente en todos mis personajes. El Willy Loman que yo hacía en Muerte de un viajante, si no de Chinchón era de Colmenar de Oreja. El niño que yo era en Chinchón, ese niño que se ponía en la cabeza las plumas de la gallina, está presente en todos mis trabajos.
La pluma le ayuda a interpretar.
Pero no le quepa ninguna duda. La pluma del sioux. No la pluma de la pluma.
¿Cree que da el pego de asesino a sueldo? ¿Qué fiambres tiene en la vida civil?
Ni a sueldo ni gratis. ¿Fiambres? No soy capaz. Padezco una cosa que se llama labilidad emocional, y tengo serias dificultades para soportar situaciones de violencia. Vamos, que yo de matón no me comía una rosca.
En Argentina, sus fans llegaron a proponerle como presidente del país. ¿Les tarareó Evita y no pudieron resistirse?
No creo. Yo siempre que tarareo son cosas de Quiroga, o de Solano. He dicho muchas veces que soy una tonadillera frustrada. Y como no pude ser Juana Reina o Concha Piquer, pues aquí estoy, perdiendo el tiempo.
Intervino en el programa sobre los 75 años del Rey. ¿Usted es más de elefante o de caza menor?
Dios mío, elefantes, pero qué dice. Yo sería incapaz. Fíjese que a veces hablaba con mi amigo Miguel Delibes de mi dificultad para entender lo de la caza. Para pegarle un tiro a un ciervo o a un conejo hay que tener huevos. Y lo de matar un elefante me parece una torpeza de un calibre... que el Rey fue el primero en reconocer.
Cuando Zapatero, dijo: “Los socialistas se quedan cortos con sifón”. ¿Rajoy qué es, un tinto de verano?
Rajoy es el sargento que está obedeciendo las órdenes del capitán o del coronel. Ahora los sargentos son el de Portugal, el de Italia, el de Irlanda, el de Grecia.
¿Sigue pensando que sería antes monja que juez? ¿Mejor hábito que toga?
Por supuesto. Aunque ninguno de los dos oficios me llama mucho la atención. Pero antes monja de clausura que juez. Sería incapaz de decirle a nadie: “Conforme al artículo 32…”. Igual que pegarle un tiro
a un conejo.
De tonadillera frustrada, ¿como qué copla ve a España?
Ay pena, penita, pena. Una pena enorme.



