José María Luna Aguilar
La ciudad de Málaga ha roto muchos esquemas en la gestión de la actividad cultural. El Centro Pompidou y la colección del Museo Ruso de San Petersburgo son sus últimos y pujantes logros.
Málaga se ha convertido en un centro artístico de primer orden por la calidad de su oferta y, por qué no, por la originalidad de la gestión de algunas de sus instituciones.
En Málaga hay 36 centros que se llaman museos. Una docena de ellos cuelgan del presupuesto del ayuntamiento de la ciudad. Algunos tan importantes como el de Arte Contemporáneo, el del Patrimonio, el Thyssen. Hay distintas fórmulas de gestión, fundaciones privadas, adjudicación por concurso, dependencia directa del área de Cultura, etcétera. La Casa Natal de Picasso, el Centro Pompidou y la Colección del Museo Ruso de San Petersburgo están gestionados por una agencia pública, la misma para los tres.
¿Y cuál es el sentido de ese modelo de gestión?
Los dos nuevos centros desarrollan una serie de actividades que nos vienen más o menos hechas de las instituciones de origen. Pero hay otra serie de trabajos directos que se realizan desde aquí y que, en una situación como la actual, carecería de sentido que contratásemos por triplicado. Es una gestión con economías de escala muy beneficiosas, por ejemplo en seguridad, en limpieza y otros servicios. Y también, esa gestión unificada, nos permite llegar a una masa crítica de público, no solo con las exposiciones, sino con las actividades culturales y las ediciones.
Hay quienes critican que la gestión es demasiado economicista.
No me molesta ese término. Nos consideramos una fábrica de hacer cultura y como tal industria cultural somos
realmente contaminantes, ya que además de las exposiciones, hemos mantenido más de 150 actividades en el Museo Ruso y unas cincuenta en el Centro Pompidou y la Casa Natal. La agencia obtiene el 40% de su presupuesto de los recursos que genera. Pero es que, además, su función en una ciudad como Málaga es contribuir al turismo, ampliando la oferta y haciendo que las estancias se prolonguen. Esto no está reñido en absoluto con su primordial función cultural.
También se critica que el Centro Pompidou y el Museo Ruso, en su condición de franquicias, no crean fondos artísticos propios en la ciudad.
No son franquicias, prefiero el término filiales. En España hay muchos museos que han creado colecciones, algunas muy discutibles y muy costosas y generan déficit. Por otro lado, el Ayuntamiento de Málaga ya está haciendo colección en el Centro de Arte Contemporáneo y en el Museo del Patrimonio Municipal. Aquí se trata de hacer cultura viva y de obtener una proyección internacional de Málaga.



